"Sólo en la forma de cantar veo si un artista es honesto"

-¿De quién aprendió el flamenco?

-Mi padre tocaba la guitarra como aficionado y cantaba con él. De niña era un bicho raro: escuchaba a Antonio Mairena, a Chacón y a Fosforito. Con 14 años gané un concurso en la radio.

-¿Por qué se marcharon de Linares?

-Trasladaron a mi padre, que era ferroviario. Primero a Ávila y luego a Madrid. Llegué a la capital con 16 años y esa fue mi gran suerte como artista. Había mucha afición. ¡Madrid era un hervidero!

-¿Cómo se metió en el mundillo flamenco?

-Íbamos a las peñas. Conocí a Pepe el de la Matrona, Enrique Morente, Juan Barea y Rafael Romero. Había muy buenos cantaores en Madrid, porque era donde estaba el trabajo.

-¿Quién le puso el nombre artístico?

-Juanito Valderrama, cuando ya cantaba para el baile. Estábamos en un bar frente al teatro Calderón y empezaron a decir que mi apellido, Pacheco, no sonaba bien. Fue él quien sugirió usara el nombre de mi pueblo. ¡Era tan listo!

-¿Volvería a cambiar su nombre?

-Puede que no, ahora ya no se estila. Pero entonces a todos nos pareció evidente que debía llamarme Carmen Linares. Luego me he sentido orgullosa de llevar el nombre de mi tierra por todo el mundo.

-¿Ha viajado mucho?

-Cogí la maleta por primera vez con 17 años. Me salió un contrato para cantar para el baile en Francia y me tuvo que hacer mi padre una autorización. ¡Y cuando terminó el contrato no nos pagaron!

-¿Y no reclamaron el dinero?

-Poco pudimos hacer. Yo era aún una niña y no me afectó tanto, pero había gente que tenía que darle de comer a su familia. Aunque no llegamos a pasar hambre, mi padre ganaba una miseria. Mi madre hacía juegos malabares con lo que le daba.

-¿Cómo recuerda el franquismo?

-Faltaba libertad. Los jóvenes de ahora no saben lo que tienen. Mi padre no militaba en nada, porque los partidos estaban prohibidos, pero no estaba contento. Cuando empecé a cobrar daba el dinero en casa, hasta que me casé.

-¿Sufrió el machismo de la época?

-Había mucho machismo, sobre todo en las familias de las cantaoras y bailaoras. Los padres se negaban a que sus hijas fueran artistas. Pero tuve la suerte de que mi padre me apoyaba. Me decía: "Has nacido para cantar, Dios te ha dado el don de la voz para que lo utilices".

-¿Se considera feminista?

-Soy feminista, aunque no reivindicativa. Apoyo con todo mi corazón la lucha por la igualdad de la mujer e intento hacerlo con mi trabajo. Hemos ganado mucho terreno, pero nos queda camino que recorrer.

-¿De ahí su antología de la mujer flamenca?

-Ese fue un disco muy valiente para el momento en que lo grabé, hace más de diez años. Hice una recopilación del trabajo de las mujeres en la historia del flamenco. Antes había hecho las canciones de Lorca, pero ese trabajo fue el que me asentó como artista.

-¿Qué es lo mejor que le han dicho?

-El mayor elogio para mí es poder hacer feliz a alguien y que se sienta mejor con mi música. Recuerdo a una mujer que me dijo: "He pasado por un problema grave y no sabes lo que me ha ayudado escuchar tu disco".

-¿Y lo que más valora en un artista?

-La honestidad. Sólo en la forma de cantar veo si un artista es honesto. Yo siempre he intentado ser coherente y fiel a mi misma. No me he dejado llevar por corrientes, he hecho lo que me ha gustado, vaciándome y dando mi verdad.

-¿Cree que hoy se ignora a los veteranos?

-La veteranía es un privilegio de la edad. Yo siempre he escuchado a los maestros. ¿De quién va a aprender uno? Ahora están jubilando a gente con cincuenta y tantos, cuando están en plena capacidad.

-¿Qué ha ganado con la experiencia?

-Aprendes a valorar las cosas de otra manera. Te das cuenta de que en la vida sólo hay dos o tres cosas importantes: la salud, la familia… Con la edad relativizas. Entiendes que no pasa nada cuando algo no sale bien.

-¿Qué ha sido lo más duro de su carrera?

-Cuando murieron mi padre y mi única hermana en el plazo de dos años y tuve que salir a cantar. Recuerdo esos dos momentos con mucha angustia, porque cuando salía al escenario rememoraba lo que habíamos luchado y temía venirme abajo.

-¿Ante quién le enorgullece haber cantado?

-Ante la Reina, en el Teatro Real de Madrid. También hicimos un homenaje a Plácido Domingo en Washington. Estaba Farah Diva, con su hijo el heredero.

¿La vida es un suspiro?

-Eso dice mi madre, que tiene 86 años y vive con nosotros. Debe ser que te das cuenta en esa etapa final. A mí ahora me parece que he vivido muchas cosas y me quedan otra muchas por vivir.

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