Las salidas de la crisis: el turismo

  • Al margen de la coyuntura económica, el turismo es una actividad en fuerte crecimiento ya que está en sintonía con la globalización; un fenómeno que modifica las características y demandas de los viajeros

CREO que hoy, día de los Santos Inocentes del año 2008, hablar de expectativas favorables y de sectores con futuro puede parecer una inocentada, pero no lo es. A pesar de lo que ha caído y de lo que queda por caer, alguna vez y por algún sitio habremos de salir y para poner buena cara al mal tiempo, prefiero cerrar el año evitando caer en la depresión derivada de los indicadores económicos y buscar campos de esperanza donde cimentar la nueva era que se nos avecina.

Y digo nueva era porque tengo la impresión de que ya nada será igual y de que los paradigmas que emanaron de la revolución industrial, no serán los mismos sobre los que se edifique la actual revolución de las tecnologías de la información que nos abocan a la globalización.

No me cabe la menos duda de que, en este nuevo mundo globalizado, uno de los sectores de mayor proyección es el turismo. Este ya es uno de los que moviliza más recursos en la actualidad, a pesar de ser una actividad reciente, al menos en su dimensión de fenómeno de masas. En realidad es a partir de la segunda guerra mundial cuando empieza a generalizarse.

Entre las causas que explican su aparición hay que destacar, en primer lugar, la etapa de prosperidad económica en Europa Occidental y Estados Unidos, la cual se inicia en los años cincuenta del siglo XX. No menos importante son los frutos de la implantación del Estado de Bienestar con las vacaciones retribuidas, o el desarrollo del transporte por carretera, particularmente la generalización del coche familiar.

Para la España que salía de la autarquía, el turismo iniciado en los años sesenta acabó siendo el motor del desarrollo tanto económico como social. Hoy, con perspectiva, podemos ver como la inicial apertura de la sociedad española y la posterior integración en nuestro entorno europeo ha sido favorecida por la avalancha de europeos que verano tras verano nos visitaban, dejando tras de sí sus hábitos y sus modas que poco a poco íbamos asimilando. Así, casi sin darnos cuenta, los españoles fuimos dejando de representar el papel típico y tópico que nos asignaron los escritores franceses del XIX, para convertirnos, ya en los años ochenta, en unos ciudadanos más de la UE.

Pero esta importante contribución económica y social ha tenido su contrapartida, la cual se plasma en las profundas cicatrices que roturan nuestro litoral, en forma de agresivos desarrollos urbanísticos poco planificados. Es el permanente conflicto entre desarrollo y sostenibilidad, entre la urgencia del beneficio inmediato y la inversión a largo plazo pensando en generaciones futuras.

Quizás, las consecuencias de este modelo de crecimiento intensivo y masificado es lo que nos esté llevando a pensar en el agotamiento del modelo tradicional de sol y playa y en la necesidad de buscar nuevas formas de turismo más acordes con la cultura ambiental del momento. Pero en todo caso, el turismo desde su inicio ha estado vinculado al nivel de renta de las sociedades emisoras y hoy, con los convulsos tiempos que estamos viviendo, es necesario tanto anticipar cómo y cuánto afectará la crisis económica al sector y cómo quedará tras la tempestad.

En primer lugar llama la atención la poca incidencia que está teniendo sobre el turismo la actual desaceleración de la economía. Al contrario de lo ocurrido en situaciones anteriores, tanto para el conjunto de España como para Andalucía, el número de viajeros que nos han visitado se ha mantenido aumentando ligeramente en pernoctaciones y manteniendo el nivel de gasto medio.

Es posible que los planes de vacaciones para el verano del 2008 estuvieran cerrados antes de que se manifestara con toda su crudeza la situación de desaceleración de la economía y que, por tanto, el efecto de la crisis sobre el turismo se retrase hasta el año próximo. Evidentemente, si la situación de la economía real en los países emisores continúa deteriorándose tendrá un efecto negativo sobre el sector.

Al margen de los efectos derivados de la coyuntura económica, el turismo es una actividad en fuerte crecimiento ya que está en sintonía con el fenómeno de la globalización. Esa realidad se manifiesta tanto desde el punto de vista económico mediante la creación de potentes touroperadores, cadenas hoteleras o compañía aéreas de bajo coste; como desde el punto de vista cultural, donde el rápido desarrollo de los medios audiovisuales, aproximan el conocimiento de las diferentes culturas existentes en el mundo. Por estos motivos podemos calificar, sin temor a equivocarnos, al turismo como una actividad de demanda creciente en el actual contexto económico.

Procede, para terminar, realizar otra observación de carácter estructural sobre los destinos turísticos. Las razones de globalización apuntadas en los párrafos anteriores producen una importante movilidad respecto a los destinos del turismo, donde el tradicional de sol y playa da paso a otro de mayor contenido cultural y de carácter más urbano. Se están modificando los factores determinantes de la demanda turística y a ello tenemos que estar muy atentos. Es evidente que esto supone un factor de riesgo para los destinos tradicionales, pero también deben de servir de estímulo para complementar nuestra oferta turística con atractivos de naturaleza urbana, cultural y paisajística, que en Andalucía los tenemos en abundancia, pero que es necesario poner en valor.

Cerremos el año mirando al futuro y esperando que, contra todos los pronósticos, las cosas vayan a mejor.

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