El 'low cost' prepara su revolución

  • Las aerolíneas encendieron a finales de los 90 la mecha de un fenómeno que hoy abarca a numerosos sectores y se dispone a afrontar una nueva explosión · ¿Será posible en medio de la crisis económica?

La mecha la encendieron las líneas aéreas a finales de la década de los 90, cuando la liberalización de este mercado en Europa propició una intensa guerra de precios y el nacimiento de lo que hoy conocemos como compañías de bajo coste. Desde entonces, este concepto de negocio, más conocido por su denominación en inglés (low cost), se ha extendido a innumerables facetas de la actividad económica, espoleado por la globalización y el propio desarrollo de las nuevas tecnologías. En la actualidad, encontrar un precio barato sólo es cuestión de esperar y buscar, ya se trate de un vuelo, un coche, un préstamo o de servicios telefónicos.

Y esto no ha hecho más que empezar, porque los expertos vaticinan una verdadera "explosión" del fenómeno. Al menos así lo intuye Josep Francesc Valls, profesor de la escuela de negocios Esade y autor, junto con varios colegas, del libro Fenómeno low cost. El impacto en el factor precio (Editorial Deusto). En su opinión, la crisis económica no hará más que incentivar esta tendencia, aunque también planteará a las empresas el reto de ajustar precios en un entorno con menores márgenes de beneficios y unos costes en ascenso por la factura del petróleo. A juicio de Valls, la combinación será posible, pero los consumidores asistirán a un aumento generalizado de las tarifas.

En cualquier caso, el low cost seguirá teniendo una importante masa de seguidores. De acuerdo con una encuesta realizada por Esade, para seis de cada 10 españoles el factor que más pesa a la hora de adoptar una decisión de compra es el precio, muy por encima del buen servicio, la fiabilidad, la comodidad o la marca reconocida. Esto no quiere decir, según explica el autor, que se haya puesto fin a una etapa en la que las marcas y la exclusividad han sido las reinas del mundo del consumo. De hecho, más allá de la compra barata, se ha desarrollado una especie de consumo inteligente: hay personas que vuelan en low cost y aprovechan el importante ahorro que consiguen en los pasajes para después alojarse en un hotel de lujo, asistir a un buen espectáculo de ópera o comer en restaurantes de primera.

Las cifras avalan el éxito de este modelo de negocio, pero también el impacto que ha tenido en las estrategias de las compañías tradicionales, muchas de las cuales han externalizado servicios, adelgazado sus estructuras e, incluso, creado filiales de bajo coste. Para aquéllas que no sucumban a esta moda, Josep Francesc Valls cree que el futuro estará, precisamente, en la calidad, los servicios complementarios y la excelencia.

Las aerolíneas baratas gestionan en estos momentos el 30% de los vuelos que se producen en España, un país que ha sido responsable, junto con Finlandia, el Reino Unido, Irlanda, Italia, Alemania, Suecia, Turquía y Polonia, del 58% del crecimiento del sector en toda Europa, donde transporta a 80 millones de viajeros al año. Las previsiones recogidas por Valls en su libro apuntan a que de aquí a 2025 la flota de estas líneas aéreas en el Viejo Continente se duplicará, hasta alcanzar los 7.700 aviones.

La automoción es otra de las industrias que se ha incorporado al low cost, siendo artífice, además, de un nuevo concepto: el ultra low cost. En referente de éste último se ha convertido el fabricante indio Tata, que a principios de 2008 presentó el proyecto Nano, un coche cuyo precio de venta al público será de 1.700 euros. Sin embargo, el primer precedente moderno de este fenómeno se encuentra en el Logan de Renault que, lanzado en 2004, es el modelo más vendido de la compañía (460.000 unidades en 51 países) y debe su bajo precio a una reducción del número de componentes y a la eliminación de sofisticados sistemas electrónicos.

En el ámbito de la telefonía, los principales representantes están siendo los operadores virtuales, entre los que figuran marcas como Yoigo, Pepephone o Simyo, que empiezan a hacerse un hueco en el mercado. La propia fabricación de móviles ha incorporado el concepto: Motorola, por ejemplo, produce terminales para su venta en África y Asia que se limitan a las funciones básicas (voz y SMS) y prescinden de las complementarias, como la cámara de fotos o pantalla a color.

El mismo papel desempeñan las marcas blancas en el sector de la distribución. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, estos productos son entre un 20% y un 40% más baratos que los que incorporan la marca del fabricante. En el caso de la banca, internet es su principal aliada en la implementación del low cost. Muestra de ello es la renovada apuesta que en los últimos meses han hecho muchas entidades por sus filiales on line, con el fin decaptar clientes en los difíciles tiempos que corren (Banesto puso en marcha en mayo la campaña Low cost banking: gastamos menos para darte más). Los principales bancos de internet gestionaban hasta abril 21.450 millones en depósitos en España.

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