Internet de las Cosas, la revolución que cambia los hábitos de consumo

  • La conexión de los objetos a internet ofrece nuevas posibilidades a los productos y servicios tradicionales y es una oportunidad para hacer negocios competitivos.

Internet de las Cosas (IoT), la interconexión de los objetos cotidianos, está cambiando los hábitos de consumo, de tal manera que en vez de comprar un producto y considerarlo como una propiedad, la tendencia es que se adquiera como un servicio de valor añadido. Ésta fue una de las conclusiones del encuentro sobre Internet de las Cosas que se celebró dentro de una nueva edición de los Desayunos de Redacción de Grupo Joly, en colaboración con Telefónica.

En este debate participaron el experto en Marketing y Desarrollo de Negocio de Soluciones Verticales IoT de Telefónica Ladislao Aceituno; el gerente de Ingeniería de Comunicaciones de la Dirección de AAPP y Empresas del Territorio Sur de Telefónica, José Luis Ferrín; el fundador y CEO de Urban Clouds, Daniel Caro; el fundador y CEO de Ad-Lib Pedalboards Darío Márquez; y el director comercial de Smartcities & Solutions en Wellness Telecom, Carlos Velo. La cita estuvo moderada por el responsable de contenidos digitales de Grupo Joly, Jesús Ollero.

Ladislao Aceituno profundizó en esta nueva manera de consumir: los negocios basados en IoT van a vender servicios añadidos a un producto determinado y los usuarios verán cambios en las condiciones de contratación. Desde una máquina de café que detecta cuándo se queda sin cápsulas y avisa al proveedor para su reposición, a pagar sólo por los kilómetros recorridos al hacer uso de un servicio de carsharing, o tener una póliza aseguradora en función del histórico en su vivienda domotizada o en su coche conectado, etc. Daniel Caro añadió que este aspecto fideliza al usuario y Carlos Velo consideró que el IoT es “una gran oportunidad para hacer negocios competitivos. El que sepa aprovechar esta fuente sobrecogedora de datos tendrá una ventaja competitiva sobre el resto”.

José Luis Ferrín expuso que la posibilidad de conectar los objetos en red supone toda una revolución en la manera en que se relacionan las máquinas entre ellas y con las personas “que va acambiarlo todo”. “Es la cuarta revolución industrial y a diferencia de las anteriores ésta la estamos viendo venir y nos podemos subir a la ola”, puntualizó Aceituno.

Como dijo Carlos Velo, Internet de las Cosas se presenta como una oportunidad para desarrollar nuevos negocios que aporten soluciones tecnológicas que cubran las nuevas necesidades que surjan, así como una fuente de nuevas profesiones relacionadas con el Big Data, la interpretación y gestión de datos e información. Caro especificó que “la riqueza de IoT no está tanto en el software desarrollado como en el dato obtenido”. Su empresa, Urban Clouds, es una startup malagueña que desarrolla bicicletas urbanas inteligentes que son capaces de detectar la polución y otros parámetros ambientales, así como de sugerir rutas y controlar el esfuerzo sobre el pedaleo en función de la calidad del aire. Ahora, Urban Clouds está inmersa en el desarrollo de una bicicleta terapéutica que servirá como terapia y mejora de la calidad de vida de personas con problemas cardíacos y de obesidad.

Los objetos conectados están íntimamente relacionados con el desarrollo de las smart cities, un sector con muchas expectativas de crecimiento que aporta eficiencia. Iniciativas de Telefónica como la colocación de sensores para la preservación del patrimonio histórico o la conectividad de unos 50 millones de contadores inteligentes en Reino Unido; las soluciones de Wellness Telecom para la telegestión del alumbrado público, la monitorización energética de edificios, la detección inteligente de plazas libres de aparcamiento, o sensores de llenado de contenedores son algunos ejemplos. “La clave está en buscar aliados y sinergias con otras empresas y organismos”, apuntó Carlos Velo.

Daniel Caro, por su parte, subrayó las dificultades que tienen las startups españolas para lanzar sus productos en el mercado nacional, pero admitió que “se van abriendo puertas”. Darío Márquez añadió que “como los recursos son limitados, hay que empezar creando un producto mínimo viable que solucione el problema del cliente”.

Estas herramientas smart aportan en ocasiones “beneficios imperceptibles”, dijo Velo, pero los participantes acordaron que el usuario adopta estas tecnologías con normalidad. “Se trata de obtener comodidad y capacidad de elección; elegir en cada momento la opción que mejor se adecua a mis necesidades”, concluyó Caro.

Un sistema para el control de pedaleras de guitarras

Ad-Lib Pedalboards ha creado desde San Fernando (Cádiz) La Cosa, un pedal para guitarras eléctricas y bajos con el que el músico puede configurar el instrumento para tocar en directo, usando el smartphone, la tablet o el ordenador. Al pisar La Cosa, el dispositivo cambia automáticamente los sonidos. Este aparato conectado a internet se controla por ocho pedales distintos, lo que ofrece 800 configuraciones posibles con una sola pisada. Darío Márquez explica que el primer objetivo que se plantearon al crearla fue “facilitar el trabajo a los músicos, solucionarles un problema”. Así, la flexibilidad, el ahorro de tiempo de trabajo y de organización que supone contar con un pedal con conexión wifi que se configura desde el móvil es la gran baza de este dispositivo. El joven equipo tiene el objetivo de crear una gama de pedaleras modulares para guitarras eléctricas que den solución a diferentes necesidades del músico. La startup ganó en 2015 el Reto Edison, una iniciativa impulsada por Intel que busca ideas para conseguir nuevos avances relativos a Internet de las Cosas. Ahora, la empresa está participando en El Cubo, el centro de crowdworking de la iniciativa Andalucía Open Future de Telefónica.

Pendientes del intercambio de ideas y la seguridad

Ladislao Aceituno consideró que en el ámbito de Internet de las Cosas “existen muchos jugadores y formas de hacer, pero aún falta intercambio entre las soluciones verticales para que sea más fácil adoptarlas y sacarles partido. Obtener datos de valor es el siguiente paso”.

José Luis Ferrín expuso que las soluciones de IoT y de smart city son proyectos globales que requieren de integración –de protocolos, servicios, conexiones–. “En la empresa privada ya se plantean cambiar las formas de vender y aprender de los gustos de los usuarios, o controlar las piezas que se fabrican en serie. Las pymes aún están verdes pero también llegarán a eso. La gran empresa y la administración van por delante en el desarrollo de la smart city”, explicó.

Otro asunto que se debatió fue el de la seguridad. Y es que, aunque los beneficios de IoT son visibles, aún no se es consciente de los problemas de seguridad que pueden conllevar los objetos conectados. Se trata de garantizar que los servicios no van a entrometerse en la vida privada; una cuestión de buen uso y de sentido común en cuanto a los protocolos de seguridad, acordaron los participantes. Y es que más que incidir en la regulación, Aceituno consideró que hay que “proteger los pequeños dispositivos con medidas de seguridad para evitar accesos inadecuados”. Para Márquez se trata de que los procesos sean transparentes para el usuario, mientras que Caro expuso que el usuario medio acepta ciertas dosis de intromisión en su privacidad cuando usa los aparatos habituales conectados, como puede ser el smartphone.

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