Bush aprueba un 'aguinaldo' de 12.500 millones de euros para salvar GM y Chrysler

  • Los grandes del sector del automóvil aplauden las ayudas porque llegan en un "momento crítico".

A un mes de dejar la Casa Blanca, la Administración Bush ha aprobado un aguinaldo navideño de nada menos que 17.400 millones de dólares (12.500 millones de euros) para la industria del automóvil, con el fin de evitar su colapso, que irá a parar en primera instancia a General Motors y Chrysler. Las ayudas están condicionadas a la presentación de un plan de las empresas que garantice su futuro. El presidente, George W. Bush, anunció que el dinero saldrá del plan de rescate económico aprobado hace dos meses. Por su parte, los tres principales fabricantes de automóviles del país aplaudieron la decisión y agradecieron la puesta del plan en un "momento crítico para la industria" del motor, aunque sólo General Motors y Chrysler acudirán a la ayuda, ya que Ford dice tener liquidez suficiente. Por su parte, el presidente electo, Barack Obama, mostró su apoyo al plan, aunque reconoció no haber participado.

El presidente saliente explicó que las ayudas consisten en préstamos inmediatos por un importe de 9.640 millones de euros, más una línea adicional de 2.900 millones de euros si los fabricantes cumplen con sus compromisos en los próximos dos meses. Bush manifestó que las ayudas procederán del plan de rescate económico de 700.000 millones de dólares (unos 500.000 millones de euros) aprobado hace un par de meses por el Congreso. Bush explicó también que de momento el Ejecutivo desecha por el momento la quiebra de los grandes grupos automovilísticos, porque eso haría la recesión más larga y "dejaría al próximo presidente enfrentándose a la muerte de una industria vital".

"La opción más recomendable es que se organicen fuera de la quiebra", explicó Bush, aunque precisó que los fabricantes tendrán tres meses para presentar sus planes de reorganización y convertirse en "empresas viables". "Si no se puede cumplir, entonces sí se prepararán para acogerse al capítulo 11 de la Ley de quiebras", advirtió. El mandatario apuntó que el Ejecutivo debía intervenir para "evitar el colapso". "El pueblo y yo queremos que los fabricantes salgan adelante. Las automotrices deben demostrar cómo se convertirán en empresas viables, devolver los préstamos y demostrar que pueden ser rentables".

Por otro lado, el presidente electo, Barack Obama, dijo que el plan para rescatar la industria del automóvil era un "paso necesario" para evitar un colapso de la economía que habría tenido consecuencias nefastas para la economía. "Las empresas automovilísticas no deben desperdiciar esta oportunidad para corregir la mala gestión, y para comenzar una reestructuración a largo plazo que es absolutamente necesaria para salvar a los miles de trabajadores que dependen de esta industria", dijo Obama, que añadió que el Gobierno le informó en todo momento del plan, pero que él no es parte del mismo.

Por su parte, los tres principales fabricantes de automóviles de Estados Unidos (General Motors, Ford y Chrysler) agradecieron la ayuda del Gobierno, según informaciones de las propias compañías. General Motors mostró su agradecimiento por la puesta en marcha de "un crédito puente" en un "momento crítico para la industria del automóvil" norteamericano y para la economía del país. "Esta acción ayuda a preservar muchos trabajos", explicaron desde la firma.  Asimismo, resaltó que esta inyección económica permite a GM "acelerar" la puesta en marcha de su plan de reestructuración a largo plazo, centrado en el desarrollo de nuevos productos de calidad, que cuenten con nuevas tecnologías más eficientes y que respondan a las necesidades de los clientes.

El presidente y consejero delegado de Chrysler, Bob Nardelli, agradeció las ayudas, y resaltó que firmaron una declaración de intenciones sobre las líneas básicas que deben ser cumplidas para recibir este apoyo. "Estos requisitos contemplan la consideración por parte de todos nuestros integrantes", dijo Nardelli, al tiempo que señaló que su compañía está en disposición de cumplir con los requerimientos exigidos para recibir estas ayudas. Además, el máximo responsable de la empresa explicó que esta inyección económica servirá para que la empresa siga centrando su estrategia en afrontar los retos derivados de la crisis económica y del sector.

Mientras tanto, el presidente de Ford, Alan Mulally, también se mostró en favor de las ayudas al sector, aunque resaltó que su empresa se encuentra en una situación diferente a las otras compañías, ya que "no se enfrenta a problemas de liquidez a corto plazo", por lo que no necesita las ayudas del Gobierno. No obstante, Mulally indicó que el "prudente paso" de la Administración Bush servirá para eliminar los problemas de liquidez de sus competidoras. "La industria del automóvil es altamente interdependiente, y un fallo en uno de nuestros competidores podría tener un efecto en cadena que pondría en peligro millones de empleos y dañaría aún más la debilitada economía de Estados Unidos", afirmó. Al mismo tiempo, el presidente de Ford recordó que su empresa presentó un plan al Congreso en el que se recoge que logrará volver a ser rentable en 2011, para lo que pondrá en marcha una agresiva estrategia de reducción de costes.

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