Los valores del deporte

LA palabra "deporte", de origen medieval, nace de un argot gremial de los marineros provenzales cuando al llegar a puerto descansaban de los arriesgados y duros trabajos de la mar. Estar de "portu" o estar "de puerto" significaba entregarse a toda una serie de distracciones lúdicas de gratuito esparcimiento. A tal quehacer compensador y gratificante se le acabaría llamando deporte. Si se reflexiona sobre la actividad que generó el nombre, se podría concluir que muchas manifestaciones de lo que hoy llamamos deporte no lo serían en razón a la tensión, angustia y agresividad con que son llevadas. Varias precisiones se pueden destacar sobre lo que es la verdadera práctica deportiva.

El deporte como elemento formativo es el medio más cómodo, barato y eficaz puesto a disposición del individuo para su superación y mejora psico-física. La brega deportiva en los entrenamientos y en competición educa y fortalece la persona preparándolo para los avatares de la vida.

El deporte proporciona al deportista el control del cuerpo y de la mente, habituándolo a ser siempre dueño de sí mismo. Ese autocontrol se refleja en el dicho popular de "tomar las cosas deportivamente" ante el acaecimiento de un hecho adverso.

El contrario no es un enemigo, sino simplemente un adversario u oponente, el que con victoria o derrota de por medio, merece todo respecto y consideración. La victoria es valiosa en cuanto que sólo sea conseguida con esfuerzo.

Las normas de la competición han de ser disciplinadamente acatadas, lo que habitúa a la escrupulosa observancia de las leyes que rigen la sociedad.

En el deporte de equipo, el deportista ha de integrarse en el grupo obrando en bien del conjunto, desechando protagonismo personalista o lucimiento que no beneficie al resto. El juego es el alma del deporte.

La pugna deportiva puede y ha de ser intensa y extrema, pero dentro de los cauces y de los límites de la nobleza y el respeto que los contrarios merecen. La derrota o el fracaso deportivo, pueden ser un importante acicate de regeneración y estímulo para esforzarse en conseguir el triunfo. No hay actos más escandalosos y reprobables que la falta que intencionadamente se comete en un lance deportivo.

La educación de la persona y de los grupos sociales, se patentiza de forma automática en los campos del deporte. La limpieza del trance deportivo es incompatible con la trampa; no hay trampa más ruin que la del uso de drogas o sustancias prohibidas para mejorar el resultado que, además, de fraudulentar el desenlace competitivo, arruina la salud del atleta, el don más preciado de la vida.

Es por lo que estos valores deben distinguir al verdadero deportista de aquel otro practicante deportivo que transgrede con su conducta antideportiva cualquiera de estos principios fundamentales que el Movimiento Olímpico necesita transmitir como razón de ser de su filosofía deportiva.

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