Un territorio hostil pese a la buena racha del presente

  • El Córdoba sólo ha perdido en una de sus últimas seis visitas

El Martínez Valero no es un campo amable para el cordobesismo. Más bien todo lo contrario -y no sólo en lo deportivo-, por mucho que las estadísticas recientes puedan invitar al optimismo. El Córdoba ha jugado 19 ocasiones en Elche y apenas ha logrado cuatro victorias y otros tantos empates. Eso sí, sólo ha perdido en una de sus seis últimas visitas -la pasada temporada, ya con José González en el banquillo-, lo que no le sirve para tener un buen recuerdo de un estadio que acogió la mayor peregrinación blanquiverde de la historia, con motivo de la fase de ascenso del ejercicio 1996-97. Es, sin duda, el episodio más recordado de la guerra Elche-Córdoba.

En aquella liguilla, el conjunto blanquiverde arrancó un empate sin goles del Martínez Valero, un resultado que lo dejaba con el ansiado ascenso al alcance de la mano. Fue un partido marcado por el miedo -dentro y fuera del campo- disputado en un ambiente de lujo con cerca de 30.000 espectadores en las gradas, unos 12.000 llegados desde Córdoba. Eran los años en los que Rafael Gómez tiraba de cartera para tratar de hacer grande al equipo de su ciudad. Pero hubo que esperar dos años más para dejar atrás el infierno de la Segunda B. Porque la derrota encajada en la siguiente jornada en casa ante el Deportivo B (1-4) devolvió el favoritismo a un Elche que acabó consiguiendo el ascenso en la última jornada en Barakaldo. El triunfo cordobesista en Riazor quedó en mera anécdota.

La alegría franjiverde duró sólo una temporada, pero eso le sirvió para relanzar su trayectoria. Después de ascender en 1999 -de la mano del Córdoba-, ya no ha sufrido más un descenso. Eso sí, en todo ese tiempo, apenas ha podido sonreír en dos ocasiones cuando se ha medido como local al cuadro cordobesista.

La primera fue en ese primer reencuentro (2-1), lo que dio paso a una serie de cinco visitas blanquiverdes marcadas por el éxito (tres victorias y dos empates). Pero como todo lo bueno tiene su fin, el pasado curso, el Elche volvió a emerger y asestó una puñalada trapera que dejó al bando de José González herido de muerte. Quedaban seis jornadas y el ascenso amenazaba en El Arcángel. Sólo la postrera reacción -y ese penalti fallado por Abraham Paz- evitó el descalabro y posibilitó que mañana se escriba un nuevo episodio de una relación de amor-odio.

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