Eso que no se pone en la pizarra

Con los fríos navideños llegan las preguntas incómodas. También surgen los primeros balances y las comparaciones, frecuentemente odiosas, con las expectativas generadas en el arranque. La cosa no va ni mal ni bien, por lo que tanto los optimistas patológicos como los adalides del tremendismo encuentran hueco para sus predicciones.

Los dos clubes más emblemáticos de la ciudad, el Córdoba y el Cajasur Córdoba 2016, compartieron sensaciones -básicamente la angustia por una situación delicada- y problemas -lesiones de piezas clave- en una semana especialmente intensa. José González miró hacia la Ciudad Deportiva y reclutó a varios cachorros para apuntalar una formación descuartizada por lesiones y sanciones. Si el gaditano fuera entrenador de baloncesto podría escuchar a toda una grada gritando: "¡Defensa, defensa...!". Pero lo suyo es el fútbol. Le exigen, además, un compromiso estético que no ha firmado en ningún contrato. En el básket, Rafa Gomariz se siente desamparado, incomprendido y perseguido. Para combatir la soledad ha llevado a su equipo a lograr tres triunfos consecutivos; una efectiva y singular forma de hacer amigos.

Fue una semana de tormenta para los entrenadores, cuyo porvenir depende de algo más de lo que diseñan sobre una pizarra.

el azar

El idioma del azar es también el idioma de la fragilidad: hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres. Descubrir el poder del azar es descubrir que somos terriblemente frágiles y vulnerables, que dependemos de la casualidad, que una coincidencia estúpida puede destrozarnos en un segundo.

Lo escribe Justo Navarro a propósito del peculiar universo de Paul Auster, quien se define como un cazador de coincidencias "por obligación moral". Es posible que el genial autor de New Jersey, premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, no sea un apasionado del fútbol, pero seguramente estaría encantado de conocer al Córdoba, un equipo austero y austeriano, que se salva de un descenso en el descuento del campeonato porque un jugador falla un penalti inventado en un campo a cientos de kilómetros. Ése fue uno de sus episodios estelares de alianza con la fortuna, la buena o la mala, pero no el último. Alguien dijo una vez en este bendito club que planificar era inútil, que la vía más válida y menos frustrante era trabajar sin desmayo y echarse en manos de la suerte. Así, casualmente, logró el Córdoba sus ascensos y del mismo modo perpetró sus descensos. Sin explicación lógica ni guión.

Si hay alguna cuestión en el CCF sobre la que nadie alberga ningún tipo de duda es que el jugador más en forma, el más inspirado y eficiente, es el guardameta Raúl Navas. El gaditano encarna fielmente la historia del futbolista que llega a un club con el pie cambiado, bajo sospecha de enchufismo por su relación con el entrenador y su expediente profesional discreto. Él mismo admitió ser consciente de esa sensación generalizada y luchó contra ella del mejor modo: parando. Hoy por hoy es intocable en el once. Todo un ejemplo. Ha dado una gran lección. Pero hay balonazos que no se pueden parar. Esta semana se convirtió en el centro de todas las dianas y en uno de los objetivos más buscados por los medios de todo el país. Iñaki Badiola, presidente de la Real Sociedad, le señaló -junto al defensa Juanma- como pieza clave de un pestilente caso de amaño del partido Málaga-Tenerife, que acabó con el ascenso a Primera de los andaluces. Una conversación del mandatario vasco con el sevillano Jesuli fue el detonante. El actual meta blanquiverde trabajaba para los insulares y ocupó el marco aquella tarde en La Romareda. Él dice que no tiene nada que ver. ¿Conseguirá mantener la concentración ante todo este embrollo?

el riesgo

"Si no le echas cara a la vida… la vida te lo echará en cara". (Anónimo).

Ayer el Córdoba recurrió a tres chicos de su equipo B, el de Tercera División, para completar la lista. Y eso se convirtió en noticia de portada. Así están las cosas en el club blanquiverde, en el que los debuts como profesionales de promesas de la tierra son tan frecuentes como el hallazgo de perlas en las almejas de una paella. Falta de vocación, seguramente, porque no es cosa de uno ni de dos entrenadores. A los técnicos, por otra parte, no se les puede culpar por no dar bola a los novatos: viven de los resultados y no se atreven a experimentar. Que lo haga el siguiente, piensan. Igual que el siguiente, claro. Hasta que no queda más remedio que hacerlo. A regañadientes, pero con una sonrisa. Nunca se ve a los jugadores de la cantera suficientemente maduros ni fiables. Ya viene de largo. Se trata de querer arriesgar, de tener voluntad de hacerlo. Ningún sitio es malo para arrancar. Les cuento una historia. Piensen en un chaval de apenas 19 años que jamás ha disputado un partido como profesional en la máxima categoría de una liga grande. El Calcio, pongamos por caso. ¿Existe un estadio realmente intimidador? San Siro. ¿Y un equipo que provoque pavor? El Milán, claro. Pero el de principios de los 90, aquel de Tassotti, Maldini, Albertini, Costacurta, Donadoni, Papin, Savicevic y un tal Marco Van Basten, a quien catalogan como el mejor 9 de todos los tiempos en el viejo continente. Otro dato: el chaval juega de defensa central. Encima. El técnico va y le dice: "Sales de titular". Menudo bautismo.

Pues el cuento es real. Sucedió tal día como ayer, hace 16 años. El protagonista llevaba la camiseta del Udinese con el dorsal 6 y se llamaba Alessandro Pierini. Es el capitán del Córdoba y lleva el 6 en la espalda, el mismo número que el primer día. Por cierto, que el resultado de aquel partido en San Siro fue de 1-1. ¿Quién dijo presión?

el coraje

"Veo la vida como una montaña rusa. Te hace ser valiente y te endurece. Te hace mejor persona o te destroza. Las adversidades proporcionan carácter y el carácter alimenta la esperanza". (Buck Williams, ex jugador de baloncesto).

Al Cajasur Córdoba 2016 se le venía encima una fase crucial de la temporada como si fuese un alud. Despersonalizado, huérfano de referentes y con sus seguidores en plena deserción de las gradas, el equipo rescató su versión más rebelde y entregada para salir a flote. De modo más emotivo que brillante, sí, que tampoco están los tiempos para exquisiteces. La reacción se sustenta en evidencias matemáticas -si deja a los adversarios por debajo de los 70 puntos, las opciones se multiplican- y en el revulsivo que ha supuesto la llegada del puertorriqueño Ricky Sánchez. El internacional boricua lleva cinco partidos de bermellón. De ellos, el equipo de Gomariz ha ganado tres y ha cedido en dos, aunque en ambos tuvo opciones hasta el final. Ahora incluso puede pensar en los play offs. Ya tiene alguna ilusión que vender a su afición, que aspira a algo tan razonable como ver a un equipo capaz de ganarse en su casa la estabilidad en la Liga. Pero surge un nuevo problema. ¿Conseguirá el club el dinero necesario para que Ricky Sánchez pueda extender sus dos meses de contrato y permanecer en el equipo hasta el final de la temporada?

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