El mejor momento triste para el joven Javi Pérez

  • El centrocampista del 'B' se estrenó en Elche con el primer equipo en una situación muy dura

Tiene cara de niño porque es un niño. Cuenta con una pierna izquierda que es un prodigio. Dicen que golpea al balón con una sutileza que asusta. Cristian Álvarez en el espejo. Advierten de que su madurez es impropia de un chaval de su edad. Y el sábado debutó con el primer equipo del Córdoba.

Fue su gran tarde en una tarde de perros. Javi Pérez entró en la estadística del fútbol profesional viviendo en la frontera de la adolescencia. Y madurando a pasos de gigante en un complicado viaje de vuelta que ayer pedía a los periodistas presentes en el entrenamiento que imaginasen. "Todo el mundo cabizbajo", espetaba en voz queda el de Miralbaida.

Otro Pérez, Luis, su padre, le ha inculcado el gusto por el césped, la venda y el linimento. Ahora mismo es entrenador del alevín del Córdoba. Antes también vistió de blanquiverde. Por eso ayer rejuveneció feliz con su hijo.

Javi tenía ayer miel e hiel en la sangre: "Por el debut estoy muy contento, pero la verdad es que si te estrenas con una victoria del equipo, pues muchísimo mejor. Pero bueno, me quedo con el hecho y la verdad que estoy muy contento y con ganas de seguir ahí".

No le pesa al futbolista su realidad. El próximo fin de semana lo más probable es que en lugar de actuar en El Arcángel ante el Rayo lo haga en la Ciudad Deportiva frente al Dos Hermanas. Y no le afecta porque "llevaba esperando muchísimo tiempo esta oportunidad, pero no sabes cuándo va a ser y ha sido ahora".

Javi no lo ha tenido fácil. Si ya por sí el Córdoba no es un equipo que tire demasiado de cantera -excepción hecha de Javi Flores, hace mucho que un jugador del filial no se hace con un hueco en la primera plantilla-, encima una grave lesión cortó su progresión.

Fue el 2 de marzo pasado. Esa tarde, con el B, dejó su sello con un golazo de falta al Sanluqueño antes de que su rodilla se rompiera. Y su ánimo, quebrado por el dolor y la desesperanza, también. En esos instantes nunca podría imaginar que, unos meses después, acompañaría a los grandes de viaje. O sí. Quizás esa moral, aparte de su incuestionable calidad, sea su mejor arma porque Javi es ambicioso y no descarta repetir en un futuro inmediato. Se basa en los augurios y en los indicios: "Mi debut es una señal de que se están haciendo las cosas bien; ahora toca seguir trabajando para que vuelva a pasar".

El dorsal 28 del Córdoba ya no es un proyecto. Desde que en ese minuto 78 del choque ante el Elche Yordi le cedió un lugar en el once ya forma parte de pleno derecho de la actualidad blanquiverde. Así, desde su recién estrenada atalaya, es capaz de observar con perspectiva nueva todos los males del equipo: "Hay que mirar hacia delante porque quedan muchísimos partidos todavía". Eso decía ayer. Lo mismo que sus mentores. Que sus ya nuevos compañeros. Fue la mejor noticia en unos tiempos tristes. Javi ayer no monopolizó las miradas. Se ejercitó con total normalidad entre los que se vistieron de corto en Elche. Y cuando terminó la sesión suspiró, aliviado, como abogado que se desprende de su toga tras su primera vista. Sin perder su mirada aún de adolescente.

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