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Cuando se juega a empatar...

  • El Córdoba planteó el choque siempre en función del ataque rival y acabó cediendo en el tiempo de descuento · La defensa aguantó bien hasta la expulsión de Ceballos

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Dirán que si el partido llega a haber durado cinco minutos menos el Córdoba hubiera sumado un punto en el campo del segundo. Dirán que si no se hubiese lesionado Carpintero y el colegiado no hubiese expulsado a Ceballos, José podría haber planteado el encuentro de otra manera. Dirán muchas cosas.

Pero lo cierto es que ayer el Córdoba saltó al Helmántico con la única idea de no encajar (y no por los peones alineados). Despreció por completo toda labor creativa y regaló plaza y mando a un equipo que, en algunos tramos, parecía de otra división. Si en la primera parte la energía propia permitió maquillar la diferencia, en la segunda (sobre todo con uno menos) la imagen era de sumisión total.

Lo lógico hubiera sido que el partido, por desgracia, se hubiera decantado para los de casa mucho antes. Hubo suerte (entre otras cosas porque Afonso Suárez anuló un gol totalmente legal al Salamanca en la segunda mitad) y un enorme portero del lado de los de blanco y verde. Pero ni una ni otra cosa son (fue evidente ayer tarde) suficientes para puntuar fuera de casa (ni en ningún lado).

defensa

Desde el primer minuto hiperresponsabilizada. (Casi) Todo el equipo se dejó la piel en el empeño durante los noventa minutos. Eso es indiscutible. Amaral quiso abusar de la potencia de Botelho por la banda izquierda y por ese costado llegaron las acciones más peligrosas en la primera mitad. Que, ciertamente y durante ese tramo de choque, fueron muy pocas. Tras la reanudación, el Córdoba reculó aún más. Pierini y Pablo Ruiz -notables toda la tarde- recuperaron el protagonismo con la entrada de Azkorra. Tras la merecida expulsión de Ceballos (pudo haberlo sido antes en otra feísima patada), el Salamanca se volcó primero raseando y luego a base de melonazos. En ambas formas, el resultado era inquietante. Cada vez llegaba de forma más clara y el portero cordobesista tenía que multiplicarse por mil. Hasta que Miku acertó a rubicrar una merecida derrota.

ATAQUE

El bagaje ofensivo del Córdoba fue nulo. Los tres mediocentros que actuaron se centraron exclusivamente en contener a Jorge Alonso y Salva Sevilla. Estuvieron muy torpes en la distribución, como si la pelota les quemase una vez que la tenían en su poder tras robarla.

Las dos bandas, olvidadas en el rincón del ángulo oscuro, de adorno. Guzmán caía una y otra vez en fuera de juego, simplemente por lo previsibles que resultaban las transiciones del Córdoba para los salmantinos. Javi Flores sólo tuvo inspiración para media parte y los arietes -Asen y Yordi- no fueron enfocados ni una vez por las cámaras de Localia. Mala cosa. Sobre todo porque ya van dos encuentros en los que el equipo no tira a puerta ni marca por sus propios méritos.

VIRTUDES

La entrega fue notable. El Córdoba se dejó la piel y no se puede reprochar la solidaridad grupal y el orden mantenido (eso sí, únicamente para defender) hasta que se quedaron con un jugador menos.

TALÓN DE AQUILES

Por mucho que se intente, es muy difícil ganar al fútbol sin jugar al fútbol. Este axioma encierra muchos de los males del Córdoba que se está viendo en los últimos partidos. El equipo blanquiverde tiende a renunciar por sistema a las primeras partes (ayer lo hizo una vez más) y, casi siempre, comienza a elaborar cuando el rival está cansado o ya anda en desventaja en el marcador. Eso puede reportar un punto, pero es altamente difícil ganar sin tirar una vez a portería.

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