España, campeona · la historia

El guiño blanquiverde de Reina

  • El portero de la selección presumió de cordobesismo en la fiesta del Ernst Happel

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La bufanda del Córdoba reflejada en el segundo torneo más prestigioso de naciones del mundo. ¿Sueño? ¿Realidad? ¿Éxtasis? Nunca jamás ha llegado tan alto ese trozo de tela que resume las preocupaciones de miles de seguidores que suelen sufrir más que gozar.

Pepe Reina, segundo portero de la selección, hizo un guiño a la ciudad y al club que siente como suyos (es madrileño, pero ya declaró hace un tiempo que tiene intención de jugar en el Córdoba antes de retirarse) y se colocó en el cuello y bien visible el estandarte blanquiverde para que medio mundo sintiera curiosidad y se preguntara qué era eso que teñía la histórica y feliz fiesta de la Roja.

El amor del cancerbero por el club de El Arcángel se lo ha inculcado su padre Miguel, también guardameta, él sí nacido en Córdoba, y que, además, militó en el mejor año de la historia del equipo, ostentando un récord todavía no superado en Primera División.

Fue en la 64-65. En esa temporada, el Córdoba entrenado por Ignacio Eizaguirre acabó quinto en Primera División. Únicamente encajó dos goles en El Arcángel en quince encuentros.

Y Miguel Reina sólo recibió uno de ellos, que para colmo fue en propia puerta. Hizo una campaña perfecta. Aún no igualada por ningún otro colega de demarcación hasta la fecha.

Estuvo 965 minutos sin encajar un sólo tanto en casa. Mantuvo una media de 0,07 goles en contra por partido en su feudo. Un curso para la eternidad. Luego, tras completar otra fenomenal liga, se marchó al Barcelona siendo el traspaso más caro de la historia del Córdoba hasta aquel entonces (ocho millones de pesetas de la época).

La historia, caprichosa, ha querido que Luis Aragonés sea el entrenador que llevara las riendas de la mejor selección de la historia. El mismo técnico con el que, en la 76-77, Reina padre se proclamase campeón de Liga con el Atlético. Ese año fue el mejor portero de España y además del trofeo se llevó el Zamora.

Y también con el Sabio de Hortaleza, pero cuando aún vestía de corto y daba sus lecciones de fútbol sobre el verde, perdió aquella final maldita de Bruselas ante el Bayern en la que al Atlético se le escapó la gloria por un gol del forzudo Schwarzenbeck justo antes del pitido final. En aquella época no había penaltis. Se repitió la final y el Bayern se la llevó (4-1). Aquel equipo bávaro era tres cuartas partes de la selección que se proclamó campeona mundial.

Reina padre nunca llegó a jugar un Mundial. No jugo en Inglaterra en el 66, pero se quedó en la preselección. Luego, la historia le negó (España no se clasificó ni para Brasil 70 ni para Alemania 74) el protagonismo que ahora le regala a su vástago.

Reina, Pepe, tiene ahora un futuro por delante impresionante. Ya ha disputado una final de Champions con el Liverpool y es campeón europeo. Y le quedan muchos torneos a sus 25 años por disputar. Sólo la indiscutida presencia de Iker Casillas le priva de ser el portero titular de España.

Unos alemanes a Reina senior y a Luis Aragonés le cambiaron su vida deportiva en su momento. Contra otros germanos, treinta y cuatro años después, el hijo vengó a su padre bajo la atenta mirada de su viejo amigo. Una bonita historia con final feliz.

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