Tengo una carta para usted

¿Se acuerdan de aquel programa que durante unos meses -menos de los que le hubiera gustado a la cadena y demasiados para los telespectadores, a juzgar por su lamentable share- apuntaló la parrilla televisiva de Antena 3 los domingos por la noche? La inefable Isabel Gemio enviaba un emisario a cualquier hogar español, frecuentemente humilde y con sobredosis de problemas, para entregar a sus agobiados inquilinos una carta con sorpresa y, presumiblemente, una solución para cambiar las lágrimas por sonrisas. Por escrito, los argumentos ganan empaque y contundencia. El negro sobre blanco sigue ganando por goleada a e-mails, recados en el contestador o mensajes sms, recursos todos ellos muy modernos pero carentes de la solemnidad de una misiva como Dios manda.

El CCF, en la persona de su máximo accionista, José Romero, ha sido protagonista esta semana de un episodio póstumo de aquel Tengo una carta para usted. Aunque quien llamó a la puerta no era una azafata de buen ver, sino un ex presidente cordobesista con experiencia en estas lídes. Las de la dirección de un club y las de correa de transmisión, digo. De Madrid a Córdoba pasando por Oviedo. Una historia calcada en el tiempo, con reveladoras similitudes con el proceso que supuso la entrada en el Córdoba, allá por el 2000, de Manuel Palma Marín, empresario de Cañete de las Torres con negocios en la zona levantina. Los mismos intermediarios, el mismo pregonero, los mismos comisionistas… pero un final distinto. O eso parece.

El empresario madrileño Víctor de Aldama, el pretendiente a la adquisición de la SAD que más ruido ha formado pese a que tanto el propietario del Córdoba como su presidente, Campanero, han declarado que nunca fue tenido como opción real, entregó una carta en la que exponía las razones por las cuales renuncia, parece que de forma definitiva, a asumir el control del Córdoba. Y la dichosa cartita tenía su miga. Destilando frustración, el interesado en comprar el Córdoba reprochaba a Romero una falta de seriedad para cumplir los plazos marcados (¿) y asaeteaba a Campanero con malévolas insinuaciones sobre partidas presupuestarias "extrañas". Una muestra de señorío, vamos. Una respuesta ciertamente chabacana a la cortesía con que fue atendido por los responsables del Córdoba.

El documento de marras se movió por los cauces establecidos en la operación y se sucedieron entonces las reacciones, las aclaraciones y los desmentidos de rigor. Todo el mundo hablaba de la carta, pero… ¿Qué decía? El contenido, que publicó de modo íntegro el Día, resulta todo un compendio de las dificultades que va a encontrar el club para cambiar de titularidad. Si éste era el comprador más serio… En fin. Que San Rafael nos proteja. El grupo de empresas Prasa, a través de un comunicado, reiteró su intención de seguir y no vender.

Y hasta que llegue la próxima, que llegará, conviene dejar algo claro. El papel de José Romero y del grupo de empresas Prasa en el Córdoba es sencillamente admirable. De aquel triunvirato llamado a conducir a la gloria al club (Gómez, Marín y Romero) es el único superviviente y el que presenta una gestión más sensata tanto en lo económico como en lo deportivo. Con él como máximo accionista y Campanero en la presidencia, el Córdoba ha logrado salvar una coyuntura de dramatismo extremo: frenar y reducir unos gastos inasumibles y salir de la Segunda B. Se puede decir de otro modo: se ha evitado la desaparición. Su idea de no vender a cualquiera -podría haberlo hecho ya- y dar cuenta de los movimientos tanto a Ayuntamiento como a Diputación reflejan su visión del club como un patrimonio de la ciudad. La actitud de Romero en la venta de sus títulos ofrece una garantía moral impagable.

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