La carta olímpica

EL Movimiento Olímpico, como una de las grandes tendencias asociativas de la humanidad, es considerado como el conjunto de entidades, organismos, instituciones y personas que acatan la Carta Olímpica. En ésta, y en sus Principios fundamentales, se establece que el Movimiento Olímpico agrupa bajo la autoridad suprema del Comité Olímpico Internacional a organizaciones, atletas y otras personas que aceptan guiarse por las disposiciones de la Carta. El criterio de pertenencia al movimiento es el reconocimiento del COI. La organización y la gestión del deporte deben ser controladas por los organismos deportivos independientes reconocidos como tales. En razón a ello, el Movimiento Olímpico tiene por objetivo contribuir a la construcción de un mundo mejor y más pacífico, educando a la juventud a través del deporte practicado sin discriminaciones de ninguna clase y dentro del espíritu olímpico que exige compresión mutua, espíritu de amistad, solidaridad y fair play.

En consonancia con lo expuesto, los integrantes del Movimiento Olímpico, que voluntariamente se someten a los mandatos jurídicos y morales que la Carta contiene, aceptan estar integrados de diversas formas y circunstancias o son partícipes directa o indirectamente del olimpismo.

Pero ¿qué es el olimpismo moderno? Para su fundador, Pierre de Coubertain, el olimpismo… "no es un sistema, sino un estado de espíritu, estado de espíritu imbuido de un doble culto: el del esfuerzo y el de la euritmia. La pasión por el exceso y la medida combinados". En 1908, Coubertain concreta de una forma más esquemática su concepción del olimpismo, cuando lo consideren como "una doctrina de fraternidad entre el cuerpo y el espíritu". Y, en 1920, recreándose ante el triunfo de su idea y de la solidez adquirida por el olimpismo superador de tantos avatares históricos exclama que "el olimpismo es una gran maquinaria silenciosa cuyas ruedas no rechinan y cuyo movimiento no cesa nunca a pesar de los puñados de arena que algunos lanzan contra ella con tanta perseverancia como falta de éxito para tratar de impedir su funcionamiento".

Hoy día, la Carta Olímpica considera el olimpismo como una filosofía de vida que exalta y combina en su conjunto armónico las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu. Al asociar el deporte con la cultura y la educación, el olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales. Es por ello que el objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. Para ello, el Movimiento Olímpico lleva a cabo, o en cooperación con otros organismos y dentro de sus posibilidades, acciones a favor de la paz.

Ha habido sobre el término concepciones erróneas que han considerado al olimpismo como "deporte más cultura", cuando el deporte sí participa de la esencia específica que le es propia, ya es en sí cultura e instrumento generador de cultura, como así lo concibieron entre otros Ortega y Gasset -"la cultura no es hija del trabajo, sino el deporte"- y Johan Huizinga, cuando en 1938 afirmaba categóricamente que "las culturas nacen en forma de juego. El juego está presente en el origen de toda cultura. El hombre crea fundamentalmente jugando".

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