Real Sociedad-Córdoba · la crónica

Real Sociedad-Córdoba (1-1): Julio Pineda... y Abraham Paz

  • Los blanquiverdes arrancaron un empate ante una Real que pugnaba por ascender · Un penalti fallado en el descuento por el Cádiz salvó a los cordobesistas

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Increíble, pero cierto. El Córdoba se salvó en el último minuto de un campeonato que nadie olvidará. Y ni siquiera fue en su partido, resuelto con empate por los goles de Julio Pineda y Labaka en el primer tiempo. Tras alcanzar los 50 puntos en Anoeta ante una Real Sociedad que se quedó sin ascenso, el conjunto blanquiverde quedó a expensas de que el Cádiz -el de los milagros- no ganara en Alicante. El conjunto amarillo desperdició un penalti en el último minuto por medio de Abraham Paz, héroe por accidente en una temporada digna de la mejor novela de intriga. Así que el año que viene habrá que volver a San Sebastián, con todo lo que ello implica.

La Real regaló los dos primeros balones, evidencia de que los nervios le podían jugar una mala pasada. De hecho, los acercamientos iniciales correspondieron al Córdoba: un centro de Mario, una internada de Asen por la derecha y un cabezazo flojo de Julio Pineda, blocado por Riesgo, tras un córner botado por Cristian Álvarez. Era un tuteo en toda regla, por no decir un descarado intento de allanamiento de morada.

La primera duda llegó en un despeje de Pablo Ruiz que rebotó en Mario y dejó en buena posición a Díaz de Cerio. Nada. La Real no se comía a nadie, sólo sus propias uñas. La medular donostiarra, repleta de clase, no maniobraba con comodidad. Y Guzmán, Asen y Julio Pineda aguardaban cualquier descuido para abrir la caja fuerte. No obstante, los envíos a balón parado de Gerardo mantenían en vilo a David Valle, ayer vestido de rojo pasión. Las dos primeras ocasiones locales tuvieron el mismo protagonista: Pierini se antepuso en un derechazo de Díaz de Cerio a pase de Fran Mérida, y el propio pichichi txuri-urdin conectó un cabezazo alto en una falta colgada, cómo no, por Gerardo.

El combinado de Juanma Lillo se había ido estirando, hasta llegar al cuarto de hora con una ligera victoria a los puntos: los dos pivotes contrarios, Ito y Acciari, estaban amonestados. El extremeño, fallón, dio vida al rival al perder un par de balones comprometidos. Sin embargo, la Real Sociedad no trenzaba y se amparaba en las acciones de estrategia, un argumento preciadísimo en partidos cargados de ansiedad.

El Córdoba, a lo suyo, dejaba entrever sus cartas. Un robo de Julio Pineda a Mikel González quedó en nada por la falta de velocidad del camero, quien poco después habilitó a Cristian Álvarez para que éste trazara una diagonal casi perfecta: un recorte, otro… y Gerardo al cruce en el momento del disparo. Y ahí, al borde de la media hora, se produjeron dos testarazos con distinto índice de peligrosidad: uno mordido de Aranburu y otro de Pablo Ruiz, a centro de Cristian, que se estrelló en el larguero.

El primer cabezazo certero llegó en el minuto 30. Fue de Julio Pineda, quien puso su cuello al servicio de la permanencia después de una falta ejecutada por Cristian Álvarez, con toques previos de Pierini y Asen. Sin embargo, la Real replicó en el 36' por medio del insistente Gerardo, víctima de una falta de Rubén que él mismo se encargó de convertir en una asistencia para Labaka; suspendido en el aire, el central encontró la red con un remate cruzado. Con la cabeza, claro.

Se trataba de eso, de que el cerebro y su envoltorio no fallaran. Anoeta se despertó con el empate y empujó para obrar la remontada antes del intermedio. El paso atrás del Córdoba le llevó a cometer demasiadas faltas cerca de su área, aunque el síntoma de debilidad no fue más allá. Al descanso, los vascos eran de Segunda -además, el Sporting y el Málaga iban ganando por 1-0- y los andaluces, también. El pobre disfruta con lo que el rico desprecia.

El arranque del segundo periodo se demoró unos minutos porque el sistema de riego, qué casualidad, se activó. Seguramente, la Real Sociedad prefería hacer frente a una posible multa de la Federación a cambio de poder maniobrar en función de los marcadores de El Molinón y La Rosaleda, por entonces adversos. El partido regresó de ida y vuelta, con Aranburu probando fortuna desde la frontal, Guzmán bullicioso y Julio Pineda y Asen erráticos en una combinación en las mismas narices de Riesgo.

El Córdoba adolecía de precisión para hacer más daño. La pelota era del adversario, constante pero sin alardes. Mateu Lahoz perdonó la segunda amarilla a Acciari, autor de una falta táctica en la zona ancha, y Anoeta clamó al cielo. El estadio se aferraba a cualquier detalle para mantener vivo el sueño del ascenso, cada vez más próximo a la pesadilla de la mediocridad.

En el 57', Cristian Álvarez desperdició una magnífica oportunidad para echar una tonelada de tierra en la fosa de la Real: incrustado entre la zaga, el argentino recibió un pase al hueco de Ito y retó a Riesgo con un zapatazo. El portero desvió a córner. Tras el lanzamiento, Pierini cabeceó alto.

Incluso Rubén se asomó por el área y provocó otro saque de esquina. En esa fase del encuentro, perdonar el 1-2 constituía una inquietante noticia. Porque sólo faltaba afinar en una jugada para dejar herido de muerte a un equipo que se desangraba conforme pasaban los minutos, producto de su propia incapacidad. Mientras unos estaban muy cerca de la resignación, otros jugaban con fuego, pero sin llegar a prender la mecha que reventara el partido. Los resultados en los otros campos ponían en jaque la salvación, incluso con la igualada. Un simple tanto del Cádiz destrozaba toda la temporada. Y José González llamó a Katxorro.

Acciari estaba al borde de la suspensión por su reiteración en las faltas, pero el sacrificado fue Julio Pineda. Con un cuarto de hora por delante, el Córdoba necesitaba un gol para dejar de sufrir como un condenado. Asen, Katxorro y el zurdazo alto de éste desaprovecharon un dos contra dos. Y a una vaselina de Asen le faltó una pizca de potencia.

Lillo se echó al monte con un triple cambio y José trató de proteger el punto con Antonio, ubicado como pivote por delante de la defensa, antes de agotar el cupo de sustituciones con Javi Moreno. El ascenso de la Real ya era una quimera (2-0 en Gijón y Málaga), y la permanencia caminaba sobre el alambre. Una falta de Pablo Ruiz sobre Skoubo a tres metros de la frontal puso un nudo en la garganta de David Valle, pero Martí disparó mal.

Sin fuerzas para más, el Córdoba aceptó las tablas. Terminó encerrado en su parcela, atenazado por un miedo atroz, con José González ganándose una amonestación por patear el esférico con una desesperación extrema. Pero lo peor estaba por llegar. Acabado su partido, la Liga aún no había dicho su última palabra. Se sucedieron cinco interminables minutos de descuento en el Rico Pérez, con la radio como único vínculo con el todo o la nada. La agonía era inmensa. Sin embargo, el sadismo no tiene límites: penalti a favor del Cádiz, agarrado a la serie de hazañas postreras que años atrás escribieron su leyenda. Once metros separaban al Córdoba de una categoría u otra. El destino se concentraba en la bota derecha de Abraham Paz. Falló, quién sabe por qué. Y el Córdoba se aferró entre lágrimas a su plaza en Segunda.

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