Puso nombre a la célebre trituradora y le van los colistas

  • Castro Santos, artífice de la salvación blanquiverde en 2003, entrena al Poli

El Córdoba es la trituradora de entrenadores por su propia idiosincrasia y por el acento gallego de Fernando Castro Santos, que fue quien acuñó el término al ser destituido como técnico blanquiverde en octubre de 2003. Meses antes había sido el responsable de la permanencia. Nacido en Poio (Pontevedra) el 20 de febrero de 1952, hoy dirige los designios del Polideportivo Ejido, último clasificado en Segunda. El sábado se medirá a uno de los numerosos equipos que figuran en su añejo currículo.

Castro Santos es un clásico de los banquillos. Uno de tantos. Un apagafuegos vocacional, que se maneja en la basura pero sufre puliendo oro. Durante la primera vuelta de la presente Liga estuvo en paro, y entonces acudió al rescate de un Poli que se había cansado de los métodos de Luis César Sampedro. Es su segunda etapa en El Ejido, donde completó una remontada heroica en el curso 01-02 y ahora, de nuevo, trata de inculcar los conocimientos adquiridos en su hoja de ruta: Pontevedra, Arenteiro, Compostela, Celta, Sporting de Braga (volvió al club portugués años después), Sevilla, Tenerife, Córdoba, Almería y Vecindario, su penúltima obra imperfecta. Lo dejó como lo cogió: colista. Al pozo.

Su periplo como preparador cordobesista resultó ajetreado. Cómo no. A falta de tres jornadas para la conclusión del campeonato 02-03, Miguel Ángel Portugal tiró de su experiencia para arreglar el desaguisado perpetrado entre Iosu Ortuondo y Fernando Zambrano. El efecto revulsivo fue plausible: sendas victorias ante el Compostela y el Oviedo y el empate definitivo en el Coliseum Alfonso Pérez. Sí, en Getafe, hoy cuna de sueños.

Evidentemente, permaneció al frente de la nave. Sin embargo, el arranque de la campaña 03-04 le cortó las alas: seis igualadas y tres derrotas, con la excepción del 1-2 a Las Palmas en treintaidosavos de final de la Copa del Rey. Portugal pasó del despacho a la banda y bajo su batuta llegaron cuatro triunfos consecutivos, pero el proyecto se estancó. Pedrito tuvo que disfrazarse de héroe para evitar lo que se consumó un año después.

Del Vecindario al Poli Ejido, Castro Santos se ha especializado en ser el jefe del equipo que cierra la tabla en Segunda. No sé si su decadencia es un reflejo de su estética facial, pero quizá habría que recordarle que el bigote ya no se lleva.

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