Punto de inflexión

  • Sólo el Ourense ha empatado más veces que el Córdoba · Los jugadores suman esfuerzos para lograr, de nuevo, un triunfo

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Otra vez. Cuando se les pasó la resaca de fútbol el domingo, seguro que más de un aficionado del Córdoba miró el teletexto para su disgusto y pensó en voz alta: "no paramos de empatar".

Pues sí, frente al Elche fue la octava vez en la que el equipo de Paco Jémez puso en su casillero el signo de la equis. Un guarismo caro generalmente y que, desgraciadamente, sirve para muy poco en una competición en la que el triunfo se paga al triple.

De hecho, va de récord. Sólo el Ourense, equipo del grupo Primero de Segunda B, ha empatado más veces. Hasta en nueve ocasiones los gallegos acabaron en tablas. Y todas ellas a uno o a cero. No andan muy bien, por cierto. Ocupan el decimoséptimo puesto de la tabla. Un lugar postrero, como el de la mayoría de los conjuntos que abusan de ese tanteo.

Porque, en las tres principales categorías del fútbol español hay más de un caso como el del Córdoba, pero la mayoría ocupan regiones australes de la clasificación. La excepción la encontramos en el Sevilla Atlético. Es cuarto y ha llegado a empatar hasta en siete ocasiones aunque, todo tiene un por qué, únicamente ha perdido dos veces. También en Segunda el Celta (7º) y el Xerez (20º) han empatado una vez menos que el Córdoba.

En Primera parece que se apuesta más por la victoria. El único que se acerca a los números de los blanquiverdes es el Murcia, que ha igualado seis duelos. Y marcha decimosexto.

Los números, pues, son claros: De empates no se puede vivir. Algo que tienen muy presentes los jugadores y el cuerpo técnico. Por eso, el pasado miércoles, cuando se le preguntaba a Javi Moreno por el hecho de que se enfrenten el domingo dos equipos con tendencia a la equis, no titubeó al afirmar que tendrán que ir a por la victoria. Que el empate no les sirve si no es irremediable. Que se ríen de las estadísticas.

Porque, también es matizable, nada tiene que ver la actitud de este Córdoba empatador con el de, por ejemplo, aquel Badajoz de la campaña 1999-00 que fue capaz de acumular en su zurrón hasta 24 igualadas. La mayor parte a ceros y unos. Un horror que únicamente fue castigado con una salvación pírrica. Eso sí, al Vivero apenas iban dos mil almas.

Parece, con números y esquemas en la mano, que el Córdoba no empata por malo. Se deja empatar por bueno. Y Paco se empieza a mosquear, porque sabe que se puede ir a más y que sólo de ese escalón de concentración puntual (léase jugadas a balón parado) depende que la tabla se convierta en rampa. Hacia arriba o hacia abajo. De ellos depende.

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