Oscar Freire adorna su historial con el maillot verde del Tour

  • El ciclista de Rabobank es el primer español que logra el premio a la regularidad en la vuelta francesa

Oscar Freire (Torrelavega, 32 años), tres veces campeón del mundo de fondo en carretera, sacó brillo a su amplio historial con la consecución del maillot verde del Tour de Francia, lo que le convirtió en el primer español que logra esta prenda que premia la regularidad a lo largo de toda la prueba.

El ciclista cántabro, ganador de la decimocuarta etapa en Digne les Bains, aseguró la camiseta verde al sumar 244 puntos, por delante del alemán Erik Zabel, por lo que sucede al belga Tom Boonen y pone su nombre en una lista en la que el propio Zabel cuenta con el récord de camisetas verdes, con seis.

Un premio que aporta una nueva experiencia a uno de los deportistas españoles más laureados de la historia merced a sus tres títulos mundiales, aunque en su rico palmarés figuran 60 victorias, entre ellas dos en la Milán San Remo, uno de los grandes monumentos del ciclismo.

Freire es un corredor de enorme carisma en el pelotón, respetado en su vertiente deportiva y personal. El cántabro se metió al pelotón en el bolsillo desde su primer Mundial en Verona'99, incluidos a sus rivales, pues su humildad, su carácter sencillo y su timidez se unen a su clase como ciclista. Un año antes de su explosión profesional se había presentado en sociedad con la medalla de plata en el Mundial sub'23 de San Sebastián.

Freire debutó en profesionales en 1998 con el equipo Vitalicio, dirigido por Javier Mínguez. Lo primero que deslumbró del joven Freire fue su poderoso tren inferior, su potente musculatura al servicio de "una buena cabeza" y una velocidad ideal para destacar en profesionales, sobre todo en carreras de un día, especialidad infravalorada en el ciclismo español, donde prevalecen las grandes vueltas por etapas.

Desde su debut como profesional el ciclista de Torrelavega ha combinado su condición de campeón con la de paciente, ya que sus lesiones han sido frecuentes. No obstante, con la misma facilidad que tiene contratiempos físicos, se recupera de ellos. El año 1998 fue muy sombrío para Oscar Freire. En agosto de 1999 se echó a la carretera con un futuro más oscuro que despejado. Pero es entonces cuando llegó el principio del fin del ostracismo: con solo 11 días de competición fue convocado por el seleccionador, Francisco Antequera, para el Mundial de Verona. En la ciudad italiana ganó el oro por delante del suizo Markus Zberg y del francés Jean Cyril Robin.

Con el maillot arco iris se acabaron los contratos de principiantes. Fichó por el Mapei italiano, el mejor equipo del mundo, a razón de 100 millones (de pesetas) por temporada y se empezó a valorar las virtudes de un fenómeno del pedal con olfato de clasicómano y nada obsesionado con el Tour. Las expectativas las refrendó en 2000 con un bronce en el Mundial de Plouay (Francia).

Freire había sorprendido antes a muchos expertos durante una etapa de la Vuelta a Aragón. El cántabro afrontó la carrera sin estar en forma y tuvo un accidente en el que llegó a romper con la cabeza el parabrisas de un coche. Se levantó, se metió en la escapada buena en medio de una intensa lluvia y sin la ayuda de sus compañeros se preparó el solito el esprint para adjudicárselo.

Oscar Freire no es un campeón cualquiera. Es un ejemplar único en el ciclismo mundial. Los Juegos Olímpicos de Pekín y el Mundial de Varese serán sus próximas citas. Una medalla sobrevuela sobre el equipo español.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios