SALAMANCA | córdoba · la crónica

Demasiado rival, demasiado cruel

  • Resistencia y problemas Los blanquiverdes se atrincheraron en defensa, pero la lesión de Santi Carpintero y la expulsión de Ceballos hicieron daño En el último suspiro Miku consiguió batir en el tiempo añadido a un formidable Raúl Navas

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Era factible y ocurrió. El Salamanca logró su sexta victoria en siete partidos como local al derribar en el descuento el muro de un Córdoba que se fue descomponiendo en el Helmántico e hincó la rodilla ya al final, sometido al potencial de un rival en estado de gracia y diezmado por la expulsión de Ceballos. Miku anotó exactamente en el minuto 90 el único tanto de un encuentro que no se salió de la predicción de cualquier quiniela. Los charros refrendaron su solidez defensiva y no encajaron ni un sólo tanto. Los blanquiverdes, también acreditaron la suya, pero no resultó suficiente. La acumulación de problemas se hizo insostenible. Empezó por la lesión de Santi Carpintero, que podría estar más de un mes alejado de los campos, y se hizo más patente cuando el árbitro mostró la roja al lateral Ceballos. Ahí se desmoronó todo. Y Raúl Navas, imperial durante la gélida tarde salmantina, no pudo firmar el milagro del empate.

Salió el Córdoba bien plantado, con un once previsible. Ito dejó en el banquillo a Endika y Asen, a Yordi. La baja de última hora de Quique Martín suponía un alivio para los visitantes, aunque Isaac y Pedro Botelho exhibieron su verticalidad en las primeras acciones ofensivas de los locales. Los laterales cordobesistas no se amedrentaron: Arteaga puso un buen centro hacia Javi Flores -el testarazo se marchó fuera- con el apoyo de Rubén y Ceballos, tras adentrarse en el área, metió un pase de la muerte que no encontró rematador.

Asen y Catalá conectaron los primeros cabezazos en acciones a balón parado. David Amaral había prescindido de Azkorra, su ariete, para meter más velocidad por abajo con Zé Tó y Miku; a cambio, no se obsesionaba en la defensa del juego aéreo, acaso la gran baza de este Córdoba.

Pero también hay bandas. Arteaga y Guzmán roían huesos duros (el incombustible Raúl Gañán y el imberbe Pedro Botelho); no obstante, no se escondían e iban forzando faltitas, ganando metros y manteniendo alerta a los contrarios. El mundo al revés se dio en un lance significativo: amarilla a Guzmán por derribar a Botelho, un brasileño con más tendencia a atacar que a defender. No es casualidad que las tornas se invirtieran un par de minutos después. La falta, lanzada por el propio pacense junto al lateral del área, no acarreó consecuencias tras un remate forzado de Pierini.

Rebasado el ecuador del primer tiempo, el Córdoba mantenía su propósito de tutear a uno de los gallitos de la categoría, sobre todo en su feudo. Asen conectó un derechazo mordido desde la frontal, Raúl Gañán se asomó, Pedro Botelho lanzó a las nubes... No era un partido de ida y vuelta, ni mucho menos, sino la lógica sucesión de acercamientos en un choque sin dueño fijo. En esa coyuntura, la lesión de Carpintero constituía un examen sobre la marcha: José miró al banquillo y se decantó por Katxorro en detrimento de Endika. O sea, había que jugarle al vistoso Salamanca con sus mismas armas, o unas parecidas.

La primera mitad se le hizo larga al Córdoba, necesitado de un chute de estufa en el vestuario para volver a entrar en calor. En el minuto 41, Isaac puso una rosca desde la derecha -se había cambiado de banda con el errático Cohen- y Salva Sevilla, llegando desde atrás -¡qué importante es la sorpresa en el fútbol moderno!- cabeceó a la cruceta. El propio Sevilla gozó de otras dos buenas ocasiones al filo del intermedio: trató de sorprender a Raúl Navas al sacar rápidamente una falta cometida por Ito junto al pico del área y se llenó de balón desde el punto de penalti -llegando desde atrás, de nuevo- tras un pase atrás de Cohen, más incisivo por la izquierda. El descanso vino de perlas a un Córdoba desubicado, que en ese tramo final apenas se dejó ver con un zapatazo desviado de Javi Flores.

Javi fue el encargado de recuperar las hostilidades nada más sacar de centro, con un envío cargado de intención hacia Guzmán. La Unión replicó de inmediato con una falta cerrada por Salva Sevilla -iba a puerta, pero Catalá metió la cabeza en el área pequeña y el árbitro decretó fuera de juego- y una colada de Isaac, con centro y remate ajustado de Miku.

A menos que tocara la pelota con mejor criterio y más profundidad, el Córdoba iba a sufrir. Y eso que la parroquia charra, acostumbrada esta temporada a un fútbol bonito y eficaz, se mostraba tremendamente exigente con los suyos, silbando cualquier incorrección.

José sacó a Yordi por Asen en un intento por cazar algún rebote cerca del área rival. Los envíos en largo no funcionaban, entre otras cosas porque Guzmán se empeñaba en caer en posición antirreglamentaria. Amaral, que antes había metido chispa por la izquierda con Paulo Sergio, también recurrió a su tanque, Azkorra.

El Salamanca tenía el partido en sus manos. Isaac reclamó penalti, aunque más bien se había abalanzado sobre Rubén. En un margen de apenas ocho minutos, Ceballos vio dos amarillas. En plena avalancha, Raúl Navas resultó providencial con sus reflejos en dos testarazos a bocajarro de Azkorra y al salir presto tras un balón muerto que había caído a los pies de Paulo Sergio, solo en el corazón del área. El portero sabía lo que se le venía encima y paró el partido al solicitar asistencia médica.

La entrada de Gaspar como lateral diestro de urgencia no impidió que Azkorra ganara la partida en un córner y prolongara hacia Catalá, cuyo gol en el segundo palo fue anulado por falta previa en el salto del delantero. El 1-0 se antojaba lo más probable, pero Miku no alcanzó un centro desde la derecha y Navas sacó una fantástica mano en un tiro raso y colocado de Pedro Botelho. El guardameta gaditano tuvo una actuación espectacular, de corte providencial. Parecía que su inspiración iba a ser suficiente para destruir los intentos salmantinos y desmoralizar a sus delanteros, cada vez más impetuosos y ofuscados. El ansia por marcar se multiplicaba por el nerviosismo que transmitía la grada, en la que los seguidores se apiñaban para soportar la heladora temperatura -llegó a nevar en algún momento- con la sensación de que la racha triunfal de los suyos estaba a punto de tocar a su fin. No es que los de José lo bordaran, ni mucho menos, pero resistían como mejor podían. El Córdoba debía salvar un punto, porque parecía imposible arrancar los tres. Estaba a merced del adversario y carecía de temple para sorprender a la contra: Ito no se entendió con Guzmán en una transición franca. Yordi no la olía y Javi Flores, sustituto eventual de Arteaga, estaba perdido en la izquierda.

Afonso Suárez dio cinco minutos de descuento. A la Unión le bastó el primero para deshacer la igualdad en una genialidad de Miku, quien a la hora de la verdad tuvo la sangre fría suficiente para desnivelar la balanza. La resistencia se había quebrado y los compases finales fueron muy amargos: Pierini se marchó arriba a la desesperada, Katxorro recayó de su lesión y Pedro Botelho bailó a Guzmán con una serie de bicicletas junto al córner. Raúl Navas evitó el segundo ante Dañobeitia, pero eso no sirve de consuelo. Todo el trabajo en un escenario harto complicado se fue al traste.

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