Córdoba: Levántate y canta

¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro? En el cordobesismo se hacen la misma pregunta que Marisa Paredes le lanzaba desesperada a Imanol Arias en una recordada escena de La flor de mi secreto, una de las mejores películas paridas por Almodóvar. Hoy casi todos creen que sí, que se puede, que ya era hora de que algo bueno sucediera bajo el sol de Córdoba para un club que sigue alimentando su leyenda de coleccionista de desgracias cada vez que comparece en una división profesional. ¿Existe alguna posibilidad? Sí. Y está entre los muros del Carlos Belmonte, en Albacete, a donde hoy llega una romería de cordobesistas para escoltar a un equipo golpeado, malherido y agobiado. El partido del siglo es hoy. Y todos se dejarán la piel para poder decir lo mismo el próximo domingo.

"Afrontamos un play off de seis partidos para ascender a Segunda", dijo cuando vio a los suyos metidos hasta las trancas en el fango José González, que nunca en su vida había experimentado nada parecido a lo que sucede en El Arcángel. Y eso que viene del "Cádiz de los milagros", un club que pasa de nuevo rico a viejo pobre de forma cíclica y que no puede desprenderse, como el blanquiverde, de un sello de provisionalidad y dependencia del azar que echa para atrás. Siempre parece que está en construcción, lanzando proyectos que nunca se terminan, enredado en vender planes de futuro mientras el presente le muerde. Si el equipo se quitó un peso de encima doblegando al Xerez, González se despojó de un lastre mucho más pesado. Sueña, como todos, con que el electrizante duelo ante los jerecistas marque un cambio de dinámica. A mejor, claro. En resultados. Jugar bien es ganar. Cualquier otra cosa no sirve ni consuela. Ya ha ganado el primero de esa miniliga de desesperados que afrontan, al menos, ocho equipos. Todos de los nervios, con las tripas al aire, conscientes de que un mal paso les puede llevar a la caída definitiva. El Xerez está -estaba hasta que llegó a Córdoba- en la mejor racha de la temporada y, aún así, con nueve jornadas sin caer, ha sido incapaz de salir de los cuatro últimos puestos. Así están las cosas en la Liga BBVA, donde a muy pocos les cuadran las cuentas. Aquí no queda más remedio que meter la dignidad a plazo fijo, hipotecar el futuro y rezar para que la recesión se trague al de lado antes que a uno. Ya no se trata de merecerlo o no, de justicia o de injusticia, sino de puro instinto de supervivencia. La Liga es una jungla sin piedad, repleta de fieras, donde nadie enseña el cuello porque se lo muerden. El sitio en el que el Córdoba mejor se maneja.

No hay mejor medicina que la victoria. El velatorio devino en jolgorio y hoy hay caravana hacia Albacete, un sitio como cualquier otro para retocar el argumento del increíble guión de la temporada 2007-08 para llevarlo a ese final que, entre bromas, comentaba el personal el verano pasado tras conocer el calendario. "¿Os imagináis que nos la jugamos en Anoeta?". Pues eso.

Noventa minutos, seis días y un resultado han servido para reactivar al cordobesismo, que se ha puesto ya el traje de las grandes gestas. Las salvaciones -los títulos de los modestos- son la especialidad de un Córdoba que vive aún bajo los efectos alucinógenos de un partido ante el Xerez que acabó con la gente saltando enloquecida, algunos futbolistas llorando -de alegría, de alivio…- sobre el césped y el presidente en el hospital, con una indisposición que afortunadamente no desembocó en nada grave. Nada más salir del centro sanitario, Campanero, que pensaba que le estaban engañando cuando, camino de la ambulancia, le decían que el Córdoba había ganado, expresó su ilusión por la salvación. No hay palabra que defina mejor, y en su más pleno sentido, lo que está en juego.

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