de libros

"No hay mejor espejo que volver a las películas donde fuimos felices"

  • El cordobés Joaquín Pérez Azaústre publica 'Poemas para ser leídos en un centro comercial', una autobiografía compuesta con retazos de cine, lecturas y series de televisión

Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976), el pasado lunes durante la entrevista. Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976), el pasado lunes durante la entrevista.

Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976), el pasado lunes durante la entrevista. / juan carlos vázquez

Hace año y medio, durante las noches en vela, o de día cuando no escribía en su despacho, con su hijo de pocos meses en brazos, Joaquín Pérez Azaústre se sorprendió a sí mismo volviendo a ver fragmentos escogidos de las películas favoritas de su infancia, el Robin de los bosques de Errol Flynn, Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia y Un americano en París, las viejas películas de James Bond. "Escribí entonces unos poemas y me acerqué al libro de nuevo. Me pareció que había llegado el momento de completarlo y darlo por cerrado. De pronto ese discurso cinematográfico como filtro de mis propias emociones volvió a tener vigencia", dice el escritor cordobés sobre Poemas para ser leídos en un centro comercial (Fundación José Manuel Lara), un libro repleto de cine y estrellas de Hollywood, sobre todo, pero también de lecturas y de horas frente a la televisión viendo El coche fantástico o Los ángeles de Charlie, referentes que conforman una autobiografía implícita a la que el autor ha venido dando forma con calma, en paralelo a la escritura de otras obras, durante los últimos diez años.

-Empezó a escribir este libro hace mucho, cuando tuvo la sensación, en un centro comercial, de estar paseando por unas ruinas. Ya ahí le vino el título. ¿Qué significan para usted esos lugares y en qué medida ese título prefiguró el resto del libro?

-Ha prefigurado la estructura, que tiene forma casi de catálogo de grandes superficies: Liquidación por cierre, Edición para coleccionistas, Agencia de viajes... Para mí simbolizan, los centros comerciales, la decadencia de la cultura, la degradación de los espacios compartidos. Pasamos de las grandes salas con enormes cortinajes, sitios preciosos que existían en todas las ciudades, a los multicines, mucho más prefabricados, y de ahí al centro comercial y finalmente a nuestra casa, frente al ordenador. Trabajo con mis referentes porque me interesa el intercambio de experiencias, intentar ocupar esas butacas vacías que aparecen en la cubierta del libro.

-En el primer poema, Petrópolis, nos habla directamente Stefan Zweig momentos antes de suicidarse. ¿Por qué ese instante, y por qué abrir el libro con él?

-Yo reinvidico la cultura popular, y Stefan Zweig en su momento fue, sobre todo, un autor popular, vendía muchísimo, era un fenómeno comercial. Y también un grandísimo escritor. Para mí su muerte simboliza un punto de inflexión, el momento en que varios mundos empiezan a desmoronarse.

-Hay también poemas mucho más celebratorios, pero ese desencanto no deja de recorrer el libro...

-Éste es el libro que más tiempo me ha acompañado y en ese sentido creo que es un autorretrato muy complejo. En cierto modo, este libro contiene todos mis tonos, todos mis posibles autorretratos poéticos, incluso narrativos también. No es un tratado poético de cine, sino una manera de trascender esas realidades que son las películas en las que hemos sido felices para devolvernos una imagen de nosotros mismos, qué mejor espejo que el cine en ese sentido. De modo que claro que hay momentos de felicidad, de euforia incluso, como ese paraíso perdido de la infancia en la que yo me encuentro con todos estos mitos por primera vez, y también momentos de desolación y tristeza frente a cosas que se acaban. Toda mi obra poética está atravesada por esos dos polos, el himno y el desencanto.

-Los numerosos referentes que aparecen en los poemas, mitos del cine clásico sobre todo, remiten, como el famoso libro de Zweig, al mundo de ayer. ¿Se considera nostálgico?

-Hay nostalgia, sí, hay melancolía por un mundo abatido que de alguna manera es una metáfora de nuestra cultura, hoy tan golpeada. Pero la idea es que los poemas puedan transmitir con independencia del conocimiento de estos códigos. El poema Gilda, por ejemplo, que empieza No te quites los guantes. / Apoya bien la punta del tacón en mi pecho, surgió de lo que decía Rita Hayworth, eso de "los hombres se acuestan con Gilda y se levantan conmigo". Pero no trata sólo de Gilda/Rita Hayworth, trata sobre la belleza, sobre el deseo sexual y su fragilidad. Es un poema sobre mujeres hermosas que, pese a que todo el mundo las admira, llegan a encontrarse muy solas. Procuro que el poema esté por encima de la anécdota de la que parte; evidentemente, si has visto Gilda el poema tendrá muchas más connotaciones, pero los poemas pueden conmover por sí mismos.

-El libro constituye un canto no sólo al cine, sino también al modo en que antes se veía el cine. A usted le interesa sobre todo, dice, la "experiencia estética compartida". ¿Por qué esa forma de experiencia le importa tanto?

-Al final de Un tranvía llamado deseo, el personaje de Blanche DuBois dice aquello de "siempre he confiado en la bondad de los desconocidos". Bien, pues yo creo que es hermoso sentir el abrazo de los desconocidos. Es hermoso entrar en una sala de cine, o en un teatro, y sentir que todos vamos allí a compartir algo y a ver cómo eso nos conmueve. La experiencia individual del hecho artístico es fantástica, por ejemplo leer un poema, pero ¿no es más pleno cuando tú has leído un poema que te ha entusiasmado y lo comentas con un amigo, con tu novia, con quien sea, y entre los dos empezáis a reescribir eso, a sacar otras cosas? No es igual sentir la emoción, el terror, el llanto, rodeado de gente que estando solo. Pero vamos hacia un mundo marcado por el individualismo atroz y por la soledad... Los golpes que estamos recibiendo vienen de muchos sitios, y a veces son invisibles; golpes son los recortes sociales y la corrupción política, por supuesto, pero también lo son las pérdidas de espacios para el encuentro de personas con inquietudes afines. Esto también nos empobrece como sociedad.

-Hay varios poemas apegados a la realidad más inmediata, a la lectura de un periódico, las noticias de las muertes de Omar Sharif, Anita Ekberg o Farrah Fawcett, por ejemplo, que motivan la escritura de un poema. Es algo que define bien su poética...

-Yo pienso que la poesía está en todo, no sólo en la belleza, la alegría y la dignidad sino también en la fealdad, en la extrema tristeza y en la degradación. No creo que todo sea poesía, pero la poesía es mucho más amplia y permeable a géneros, formatos y registros de lo que pensamos. En mi caso, yo he escrito en prensa desde los 18 años, es decir, que llevo más de 20 años haciéndolo, y a veces me ha pasado que he escrito algún artículo y he notado que ha sucedido algo mientras escribía ese artículo que me ha hecho sentir que tendría que volver en algún momento a ese texto. Me interesa que los formatos se contaminen entre sí, diluir los límites y mirar qué magma ha quedado debajo de un texto escrito, en principio, con otro fin. Eso es algo que se da en mí de manera muy natural y creo que este es el libro en el que se ve de manera más plena.

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