¿Qué salió mal?

  • Pese a doblar la posesión y rematar más, el Córdoba no tuvo nunca el control ante el Cádiz al repetir errores y apenas mostrar las virtudes expuestas en el verano

Los jugadores del Cádiz celebran el 0-2 de Álvaro García ante la desolación de Pinillos y Javi Lara. Los jugadores del Cádiz celebran el 0-2 de Álvaro García ante la desolación de Pinillos y Javi Lara.

Los jugadores del Cádiz celebran el 0-2 de Álvaro García ante la desolación de Pinillos y Javi Lara. / barrionuevo

El Córdoba acumuló ante el Cádiz más del 70% de la posesión y casi triplicó los remates del cuadro amarillo, pero perdió. Y además lo hizo de manera justa ante un equipo más consistente en las áreas que supo plasmar mejor sobre el terrreno de juego de El Arcángel su ideal de juego. De hecho, sólo los de Álvaro Cervera se parecieron a sí mismos. Porque el primer partido de la temporada mostró a un conjunto cordobesista desconocido, incapaz de enseñar las virtudes expuestas durante la fase de preparación y, para colmo de males, repitiendo los errores en los que más hincapié viene poniendo Carrión desde hace semanas. Si a eso se le une que todo el guión se rompió a los 37 segundos con el primer gol de David Barral, consecuencia de una jugada que los blanquiverdes habían estudiado en la previa a fondo, el resultado sólo pudo ser el que fue: un primer disgusto considerable, más por la forma que por el fondo que obliga a reflexionar a fondo sobre lo hecho durante el verano para tratar de reconducir el paso el próximo viernes en la visita al Carlos Belmonte de Albacete.

¿Qué salió mal ante el Cádiz? ¿En qué falló el Córdoba para estar tan lejos de la victoria? A trazos gordos, se puede decir que todo. Pero en un análisis más profundo, el estreno liguero mostró a un equipo muy alejado de su patrón, tanto en defensa como en ataque, sin ser posible diagnosticar en qué faceta estuvo más desconocido. Porque en las tareas de contención, los blanquiverdes repitieron algunos de los errores en los que Carrión ha puesto foco desde el inicio de la pretemporada, y sobre los que el cuadro amarillo percutió de manera letal desde los primeros segundos del choque, cuando ya se puso por delante.

Carrión había estudiado la salida de Salvi, pero ni Pinillos ni Josema estuvieron a la altura

En la sesión de vídeo semanal para preparar el encuentro, el técnico puso especial hincapié en la salida a la carrera de los extremos cadistas, especialmente Salvi por la diestra. Todos estaban avisados, pero al medio minuto un primer agujero por la zona cubierta por Pinillos y Josema facilitó el 0-1; a la media hora, y tras dos avisos más con la misma fórmula, el 0-2 fue un calco. En ambas ocasiones, la caída de Barral a apoyar al centro del campo fue clave, con un toque de cabeza de primeras al espacio que ya desestabilizó todo el sistema defensivo del CCF.

Falló el ir rápido al balón tras pérdida, falló la contundencia de Josema al ir a apretar al delantero gaditano, falló el posicionamiento de Pinillos para poder contrarrestar la velocidad del extremo y fallaron el balance de los mediocentros y la basculación para impedir el remate a la carrera de Barral ya en el área. Eso en el primer gol, lo que prácticamente se puede decir también del segundo tanto visitante, aunque en este caso con Joao Afonso y Fernández viéndose sorprendidos por Álvaro García para empujar el nuevo pase de la muerte de Salvi.

Y lo peor es que no quedó ahí la cosa, que no fueron acciones aisladas, sino que el Cádiz supo en todo momento superar con facilidad las líneas cordobesistas, casi sin esfuerzo, con verticalidad, y apretando sobre todo a los laterales locales, demasiado solos por la falta de ayuda de los volantes exteriores e interiores, y con unos huecos enormes a sus espaldas por la clara vocación ofensiva del equipo, que apenas repercutió en ataque.

Porque si el trabajo defensivo hizo aguas, sobre todo en esa primera media hora que decidió el partido, la versión ofensiva del Córdoba en su debut estuvo también a años luz de lo que había ofrecido hasta ahora, con independencia de la entidad de los rivales. No hubo señal de la circulación de balón desde atrás, en parte por la buena presión amarilla, no hubo lugar a combinaciones largas ni siquiera con la colocación de Edu Ramos como zaguero a partir del minuto 37 ni con la continua incrustación de los mediocentros entre los centrales. Y todo eso provocó que la distancia entre líneas fuera en muchas fases del partido muy grande, empujando al recurso de la pelota en larga, abusivo muchas veces, ante el que la retaguardia cadista se mostró encantada.

Tampoco los cambios de sistema de Carrión, hasta tres, sirvieron para hallar continuidad y sólo el paso atrás dado por el Cádiz a partir de la hora de juego, sirvió para ver al Córdoba prácticamente en el campo contrario. Ahí aumentó sin duda su ventaja en cuanto a posesión -más del 70% por sólo el 29% para los amarillos- y empezó a acumular llegadas para terminar con casi el triple de remates que su enemigo (16 por 6, según las estadísticas), lo que dejó la sensación, irreal, de que el quizás el resultado pudiera haber sido otro diferente a ese 1-2 que premió al equipo que se pareció más a sí mismo.

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