Pilares para mantener la fe

  • La reacción del conjunto blanquiverde, que ha reducido en cinco puntos la desventaja con la permanencia en dos jornadas, la ruptura de varias rachas negativas y el apoyo incondicional de la afición alientan en busca del milagro

Los jugadores del Córdoba aplauden a los seguidores desplazados a Santo Domingo tras la victoria sobre el Alcorcón. Los jugadores del Córdoba aplauden a los seguidores desplazados a Santo Domingo tras la victoria sobre el Alcorcón.

Los jugadores del Córdoba aplauden a los seguidores desplazados a Santo Domingo tras la victoria sobre el Alcorcón. / lof

El cordobesismo vuelve a creer firmemente en las opciones de permanencia de un equipo que por fin da señales de vida, aunque se mantiene en el sótano de la clasificación. Porque tras dos tercios de temporada marcados por la zozobra, el Córdoba ha dado muestras de recuperación en los dos últimos partidos, ya con algunos de los fichajes invernales dando muestras de su capacidad de desequilibrio. La doble victoria consecutiva ante el Valladolid y el Alcorcón ha servido para recortar en cinco puntos la distancia con la salvación, que ahora se ve a ocho, al margen de para romper varias tendencias negativas, la última la de puntuar de visitante tras tres meses y medio a cero. Todo, en parte, condicionado por el apoyo inquebrantable de una afición que se ha conjurado para ejercer de factor diferenciador en la parte decisiva del campeonato y que incluso el domingo ya fue alabada por el técnico alfarero, Julio Velázquez. Porque no todos pueden jugar con ese as que también puede ganar partidos.

Cuando parecía desahuciado, cuando había dejado escapar el efecto del relevo en el banquillo, cuando muchos empezaban a darlo por muerto metiéndolo en el mismo saco que el Sevilla Atlético y el Lorca, el espíritu indomable que suele acompañar al Córdoba desde siempre ha vuelto a resurgir para enterrar una serie nefasta de cuatro derrotas consecutivas con un par de triunfos alentadores. El resultado inmediato ha sido que la frontera con la permanencia ha pasado de estar a 13 puntos a quedarse en ocho, que siguen siendo un mundo, pero parecen un oasis tras tanto camino por el más profundo de los desiertos. Menos de tres partidos con 13 por jugar y con una inercia opuesta a la que llevan alguno de sus rivales directos, lo que alimenta todavía más la esperanza en busca de un milagro que ya fue capaz de firmar el Hércules en la temporada 12-13 en una situación similar.

De momento, a favor de los blanquiverdes está la confianza que el grupo ha cogido con esta inercia positiva propiciada con dos remontadas en situaciones muy adversas, sobre todo la primera ante el Valladolid, que parece que sirvió de punto de inflexión. Dos triunfos por idéntico marcador (2-1) que son los primeros que el CCF suma sin dejar la puerta a cero y tras empezar perdiendo que, además, han supuesto la ruptura de varias series negativas. Porque si ante los pucelanos se quebró la de ganar por la mañana, en Alcorcón tocó otra más grave: vencer a domicilio seis meses y medio más tarde de aquel 0-3 en Albacete cuando aún el calor apretaba en agosto, siendo los primeros puntos en un viaje tras más de tres meses, desde el 1-1 en el Viejo Nervión ante el Sevilla Atlético de noviembre.

Dos motivos más que invitan al optimismo en el seno de una afición volcada con su equipo que se presentó en Alcorcón en más de medio millar y que el domingo volverá a dar muchísimo color a El Arcángel, como ya ocurrió en las citas ante el Barcelona B, el Granada y el Valladolid, en las que se colgó el "no hay billetes". El cordobesismo, acostumbrado a grandes gestas, ha recuperado la fe en un proyecto que se muestra cercano y unitario bajo la dirección de Jesús León y Luis Oliver, y está en disposición de ejercer de factor diferencial para hacer del estadio ribereño un fortín desde el que alentar el milagro de la salvación. De salida, el Córdoba jugará siete de sus 13 partidos de local, aunque el único en la mente desde ya es el del domingo ante el Lugo, aunque sea imposible dejar a un lado el gusto por recuperar la calculadora y hacer de nuevo cuentas.

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