"Es triste que aquí no se sepa nada de Guinea"

  • Nacida en la ciudad guineana de Sevilla, llegó en el 85 a Córdoba, una ciudad poco acostumbrada a la inmigraciónl integración "Mi hermana tenía el bar Bambú en Doctor Fleming. Éramos los primeros ciudadanos negros que llegamos".

En su ciudad no hay Giralda, torre del Oro ni Guadalquivir, pero María Ángeles Ecoro, una guineana que preside la Asociación de Mujeres Africanas (Asoma) de Córdoba, nació en Sevilla. Una Sevilla plantada en el corazón del África tropical que dista poco de otras ciudades con nombre español -Valladolid, Vigo...- que recuerdan el pasado colonial de este pequeño país: "Fuimos provincia de España, y hasta hay un puente que se llama Triana. En el colegio sólo nos enseñaban la historia y la geografía de España y cantábamos el himno español. Nos aprendíamos de memoria todos los ríos y todas las cordilleras de la península", recuerda Ecoro. Hasta que a finales de la década de los 60, España concedió la independencia.

Ecoro llegó a Córdoba en el año 85 procedente de Francia, adonde se trasladó con su ex marido. "Aquí vivía mi hermana y, realmente, nunca pensé que terminaría residiendo en esta ciudad. Mi hermana tenía el bar Bambú en la calle Doctor Fleming. Córdoba me causó muy buena impresión nada más llegar. Éramos casi los primeros ciudadanos negros que llegamos y la relación que teníamos con la gente era casi de admiración. Siempre nos trataron con mucho respeto y nunca sentimos miradas extrañas", dice. Sus vecinos de Gran Vía Parque, de hecho, le dieron al Cuerpo Nacional de Policía en el año 93 un informe positivo que le permitió conseguir la nacionalidad española.

Con el objetivo de ayudar a las mujeres que llegan de fuera, Ecoro fundó junto a otras inmigrantes la asociación Asoma, que en la actualidad componen 115 personas. "Somos informadores, porque las inmigrantes tienen que saber sus derechos y sus deberes. Hacemos labores de auxilio y de acompañamiento", define. "El problema es que, a diferencia de cuando llegué, la gente muestra resentimiento hacia los extranjeros porque nos ven como una invasión, como un choque", lamenta. "Pero la inmigración no es una invasión. La interculturalidad es algo positivo, aunque la gente le tiene miedo. Mi hijo ya forma parte de la segunda generación de guineanos en Córdoba. Tiene 26 años y se siente cordobés. Aquí ha aprendido a hablar", sostiene.

Ya en la distancia, en su Guinea natal, Ecoro se sentía española: "Íbamos al colegio con la bandera española y cantábamos el himno todos los días", recuerda. Así que le chocó, al llegar a España, que la gente ni siquiera sabía situar a Guinea en el mapa: "Es triste que aquí no se sepa nada de mi país, a pesar de todos los vínculos que nos han unido". Empezando por los nombres de las ciudades: "Mi Sevilla no se parece en nada a la Sevilla de España", dice. "Echo de menos los paisajes de allí. Somos de clima tropical, así que las selvas son inmensas y los árboles tienen diez metros de diámetro. La temperatura es constante, entre 24 y 26 grados centígrados todo el año, no como aquí", diferente. Ecoro guarda recuerdos de su infancia: "Los niños nos íbamos a bañarnos bajo la lluvia, porque el agua caía templadita", relata. También recuerda sabores diferentes: "Allí se come mucha verdura. Hay 40.000 tipos diferentes".

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