Hasta que el tiempo sea propicio

  • La hostelería y el turismo han de adaptarse a las condiciones climáticas de estas fechas en la ciudadl verano obliga Las tormentas de verano de los últimos días han contribuido a refrescar el ambiente y a poder asomarse a la calle.

Sillas vacías, mesas sin nada encima y sombrillas que no cobijan a nadie del sol de mediodía y de las altas temperaturas del verano cordobés. Turistas y cordobeses se refugian bajo las máquinas de aire acondicionado, los ventiladores o se ponen el bañador y se van a las piscinas, mientras que las terrazas de los bares del casco antiguo se quedan vacías por culpa del clima propio de la ciudad, si no hay una nube o un chaparrón que lo redima.

En la plaza de la Corredera, no hay sombras durante la tarde en verano, el momento en que no se aprecia apenas movimiento alguno, ni abundan los clientes consumiendo en las terrazas. Mari Paz Guerrero, dueña de uno de los establecimientos del histórico enclave, asegura que en su negocio "no hay mucho movimiento a mediodía", aunque por la noche la situación es bien distinta. "La terraza -en realidad, toda la plaza- se llena de gente hasta la madrugada", cuya hora de cierre es bien pasada la medianoche.

Adherido a la muralla, en el laberinto de callejas empedradas del barrio de la Judería, se encuentra el Mesón de la Luna, en la calle del mismo nombre. Allí trabaja Manuel del Río, quien asegura que en esta época del año "se trabaja más por la noche que durante el día". Coincide con la empresaria de La Corredera en que las altas temperaturas son malas para el negocio. Nadie expone sus posaderas a los 40 grados de un velador que se encuentre a pleno sol de julio.

A la espalda de la iglesia de San Nicolás, en la calle San Felipe, Rosa Cuevas trabaja como camarera de la Taberna Juncal. Dice, por su parte, que "el calor no tiene gran repercusión en el negocio, porque la mayoría de los clientes que vienen son extranjeros en busca de la gastronomía más típica de Córdoba". En este negocio, el yantar mejora las expectativas de la temporada baja del turismo. En este sentido, las orientaciones de cada una de las empresas hosteleras y turísticas tienen su relevancia. Quien realiza la mayor parte de su actividad en plena calle, en terrazas o veladores, lleva las de perder. Quien trabaja a mesa y mantel o en salones refrigerados remonta bastante mejor estos meses de verano donde, además, comienza el éxodo hacia las playas o a la periferia, en busca del fresquito de Trassierra.

En el lado opuesto, existen hosteleros que deciden trabajar a mediodía, como es el caso de Luis que trabaja en la Taberna Corredera. Sin perder la sonrisa, ni el sentido del humor, atiende a los clientes, en su mayoría turistas, que no temen las altas temperaturas que se registran en verano. Son muchos, por su parte, los negocios de hostelería de la capital que alteran sus horarios cuando llegan estas fechas. Se amplían los horarios nocturnos en detrimento de los periodos del día en los que el clima invita más a quedarse al resguardo del aire aconodicionado que a aventurarse por esos bares, tan cálidos.

El sol se esconde, llega la noche, y las temperaturas bajan ligeramente. Si hay suerte, y si el día ha sido tormentoso -como ha ocurrido las dos últimas jornadas- puede que corra algo de aire. Es entonces cuando la ciudad vuelve a despertar del letargo causado por el calor de forma que las cajas registradores vuelven a tener ingresos para mantener una de las actividades fundamentales de la economía del sector servicios. La gente termina su jornada laboral, sale de sus casas para dar una vuelta, quedar con amigos. Cualquier excusa es válida para detenerse en la terraza de un bar o restaurante si la cartera lo permite. En este momento es en el que las terrazas comienzan a llenarse, se empieza a apreciar movimiento y el ruido vuelve a apoderarse de las calles más transitadas, en las que se escucha una y otra vez eso de "camarero, una caña muy fría y una ración de salmorejo, por favor".

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