Un santo que hizo el noviciado en la Arruzafa

  • La calle está junto a la parroquia de la Inmaculada y San Alberto Magno, en la zona primitiva de Ciudad Jardín

La calle San Diego de Alcalá forma parte del núcleo originario que en un principio sí iba a ser una auténtica Ciudad Jardín. Está situada en las huertas que el indiano Diego Serrano proyectó junto con el arquitecto Francisco Azorín como un barrio moderno en la Córdoba que daba sus primeros pasos en el siglo XX. Con el paso del tiempo, en esta zona se proyecta la construcción de un templo para dar servicio al barrio que había crecido de forma considerable en la primera mitad de la pasada centuria. Una iglesia de nueva planta, con la denominación de la Inmaculada y San Alberto Magno, dio el relevo a una instalación provisional. En un lateral de la parroquia se abre la calle que da salida a Medina Azahara y que se rotuló con el nombre de San Diego de Alcalá, un santo franciscano que destacó en otros lugares de España pero que tuvo una intensa relación con Córdoba. Este fraile llegó a la ciudad para ingresar como novicio en el convento de San Francisco de la Arruzafa, un edificio que se perdió con las desamortizaciones decimonónicas, en cuyo solar se alza actualmente el parador de turismo La Arruzafa.

San Diego de Alcalá llegó atraído por la fama de espiritualidad que tenían los ermitaños que vivían en cuevas diseminados en las faldas de la Sierra. Él ocupó una de ellas, próxima al convento, que decoró con infinidad de cráneos y de huesos de cadáveres.

La iglesia del convento de la Arruzafa albergó durante siglos como reliquia un brazo de San Diego de Alcalá en una bella obra de orfebrería manierista. Cuando fue desamortizado el templo, el relicario pasó al convento de Santa Isabel de los Ángeles donde continúa.

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