"Es como una roulotte grande y con ruedas"

Algo más de ocho meses después de vivir su peor episodio, Francisca Rodríguez ha vuelto a reencontrarse con un problema derivado del derribo de su casa. No quiere oír hablar de que alguien regrese a su parcela para demoler las cuatro paredes que le dan cobijo y por eso rechaza una y otra vez que la colocación de una casa portátil en el mismo sitio en el que se levantaba su anterior inmueble represente alguna irregularidad. "Esto es como una roulotte más grande y con ruedas, pero nada más", señala después de insistir en que los últimos meses ha estado viviendo en una pequeña caravana.

Sin luz ni agua, Francisca afirma que se las tiene que ingeniar en el día a día para sobrevivir. Coge agua del vecino y luego la calienta en su domicilio con un calentador de gas. La luz, continúa, la obtiene a través de un camping gas de formato medio. "Nadie sabe lo que es vivir en estas condiciones, porque paso frío dentro y fuera de mi casa y aún así parece que van contra mí y quieren que me quede sin nada", manifiesta la parcelista del Cerro de San Cristóbal.

A pesar de todo, no tiene miedo a perder esta estructura montada sobre su propio solar, ya que insiste en que "ni tiene anclajes y va sobre ruedas". Recuerda asimismo que sus hijos fueron los que se empeñaron en proporcionarle esta vivienda, ya que la caravana en la que dormía "no es digna". "Me la trajeron de Barcelona con dos módulos en un camión y la colocaron aquí, pero creo que no estoy haciendo mal a nadie, como tampoco lo hice en su día cuando el juez decidió el derribo de mi casa", señala la parcelista.

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