El fiscal rebaja a 19 años la petición de cárcel por el crimen de Los Patos

  • El presunto asesino, Pedro M. P., confiesa que le sacó el cuchillo a la quiosquera para "intimidarla" y relata que se lo clavó en el pecho porque no se pudo contener

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En el mediodía del 16 de octubre del año pasado, Pedro M. P. -un joven de 28 años de Castro del Río- le asestó 33 cuchilladas a la quiosquera de los jardines de la Agricultura. El procesado, que ayer confesó el crimen y realizó un relato pormenorizado de las fechorías que cometió aquel día, argumentó que su actitud se debió a un trastorno límite de la personalidad y a un abuso del alcohol y de la cocaína. En base a estas circunstancias, la Fiscalía modificó su escrito de acusación al término de la vista oral y rebajó de 28 a 19 años la petición de cárcel para el presunto asesino.

El día del crimen, el procesado se quedó a dormir en casa de su pareja: "Estuve toda la noche muy nervioso, sin poder dormir. A las 06.00 me levanté y me tomé un café y unas copas de anís. Luego me metí dos rayas. Me sentía mareado", narró. Tras una discusión con la joven -pelea por la que ya ha sido condenado a nueve meses de prisión-, cogió un cuchillo y se fue a la calle. Eran las 09.00. El individuo se dirigió a una vivienda de la calle San Lorenzo, y aprovechando que conocía a los dueños, llamó al timbre: "Le dije a la señora que iba a entregarle una carta certificada. Entré y le saqué el cuchillo, se lo puse en el cuello y la cogí del brazo para que me diera dinero. Me llevé 180 euros", relató. Cuando volvió a la calle, tiró el cuchillo a un contenedor.

Pedro M. P. pasó aquella mañana de bar en bar y se jugó el dinero en varios bingos y en máquinas tragaperras. A mediodía, apenas le quedaban unas monedas para apaciguar su alcoholismo. Decidió robar un cuchillo en un todo a 0,60 de Ciudad Jardín y, a continuación, se dirigió a los jardines de Los Patos. La quiosquera parecía una presa fácil: "Había pasado por allí varias veces. La puerta estaba abierta y entré. Le dije que me diera el dinero y se negó. Le saqué el cuchillo para intimidarla y se tiró hacia mí para cogerme la mano. Se cortó con el cuchillo. Cuando me dijo que la había pinchado, no me pude contener. No sé qué me pasó. Estaba muy alterado, descontrolado. Cuando se cayó, le seguí dando cuchilladas. No me podía controlar". Antes de huir, cogió unas monedas y abandonó el arma del crimen.

Tras tomarse unas cervezas, volvió al quiosco para recuperar el cuchillo. Como no había luz, prendió fuego a un papel para iluminarse. Entró en otro bar y, en el servicio, limpió la hoja cortante. En Las Tendillas, ya sobre las 19.00, se acercó a una joven y le tocó los genitales. Fue detenido segundos después, cuando apenas había dado unos pasos.

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