Magdalena Díaz. Expresidenta de la asociación de vecinos Cañero nuevo

"El político que crea que un barrio es de izquierdas o derechas se equivoca"

  • Es un referente del movimiento vecinal cordobés con más de 40 años de servicio a su barrio, servicio que el Ayuntamiento ha reconocido con la Medalla de Plata de la Ciudad

Mercedes Díaz posa en la plaza de Cañero con la iglesia del barrio y el busto de fray Albino al fondo. Mercedes Díaz posa en la plaza de Cañero con la iglesia del barrio y el busto de fray Albino al fondo.

Mercedes Díaz posa en la plaza de Cañero con la iglesia del barrio y el busto de fray Albino al fondo. / reportaje gráfico: barrionuevo

Magdalena Díaz (Castro del Río, 1942) lleva el asociacionismo en la sangre, un asociacionismo que le ha servido para ejercer su gran vocación, la del servicio a los demás. Durante su vida ha compaginado su trabajo como auxiliar de enfermería y el cuidado de sus tres hijos con el ejercicio de esa vocación dentro de la Asociación Vecinal de Cañero, de la que empezó a formar parte en 1976 y que ha presidido durante casi tres décadas. La vida de Magdalena es indisoluble a la vida de su barrio, Cañero.

-¿Cómo ha visto cambiar Cañero en estos últimos 40 años desde que empezó a formar parte de la asociación?

-Desde entonces Cañero ha cambiando muchísimo. Como es natural, han ido cambiando los vecinos, las personas mayores han ido falleciendo, aunque muchos de los hijos que se fueron a vivir fuera de Cañero, por suerte, han vuelto al barrio.

-O sea, que Cañero enraíza.

-Sí, exactamente. Cuando te encuentras fuera del barrio a alguien que se ha criado en Cañero y le dices que tú eres de Cañero se le nota cierta emoción. Porque Cañero es un lugar en el que siempre se ha vivido muy bien a pesar de los problemas, que ha habido muchísimos. De hecho, esta asociación nació para solucionar un gran problema: que las casas típicas del barrio antes de terminarlas se caían. Eso fue terrible. Pero volviendo a cómo ha cambiado Cañero, se puede ver en un libro muy interesante que hemos editado elaborado por unos estudiantes de Sociología, que es todo un estudio arquitectónico del proyecto de barrio que tenía fray Albino, con la idea de que aquí hubiera una convivencia casi parecida a la de los pueblos, en un momento en el que se estaba dando la emigración de los pueblos a la ciudad. En fin, el objetivo de fray Albino fue un objetivo bonito, aunque no estuvo exento de muchos problemas.

-¿Problemas como los que siempre han sido comunes en los barrios periféricos?

-Le estoy hablando de un tiempo en el que había gente hacinada en casas de vecinos en el centro de Córdoba, mientras que en las periferias había chabolas. Fray Albino tuvo la ilusión de crear este barrio y el Campo de la Verdad para darle salida a esa situación. Y estudió muy bien cómo llevarlo a cabo, porque Cañero es una copia de barrios que hay en otros países, barrios en los que todas las calles confluyen en una plaza. Pero la verdad es que las personas que se hicieron responsables no fueron muy leales, lo tengo que decir con sentimiento, porque aquí venían maderas muy buenas de Galicia y las cambiaban por maderas verdes de infinita peor calidad. Aquí se hicieron muchos cambios y estuvo muy mal porque las casas eran para personas pobres; no obstante, quiero resaltar que la pobreza de Cañero nunca fue indigencia. Yo vine hace 45 años, cuando no habían hecho nada en el barrio, nada más que arreglar las calles, y siempre he visto que la gente mantiene cierto orgullo y dignidad de ser trabajadora y honrada.

-¿Considera que para la Administración hay barrios de primera y barrios de segunda?

-Creo que sí. El Ayuntamiento y la Junta de Andalucía tendrían que volcarse con esos barrios. En el caso de Córdoba le estoy hablando de Las Moreras, Las Palmeras y el Guadalquivir, por ejemplo. En Córdoba algunos barrios están muy abandonados a pesar de que se invierte allí y de que hay muchísimas personas que echan una mano, ONGs y ayudas del Ayuntamiento, pero todo ello tendría que hacerse de una forma integral.

-¿Vio a Cañero alguna vez en esa situación límite?

-De esa manera, no. Y estoy convencida de que la asociación vecinal ha contribuido enormemente al desarrollo del barrio.

-¿Qué le llevó a una mujer como usted a entrar en el movimiento vecinal en un tiempo en el que el movimiento era patriarcal?

-Entré muy joven, porque tenía inquietudes sociales. Tengo que decir en honor a la verdad que mis inquietudes sociales, de lucha, me las despertó un sacerdote en mi pueblo que unía su fe con el compromiso. La ética tan fuerte que tenía ese hombre de austeridad y de servicio la conocí con tan sólo 13 años y me impactó. Me impactó porque yo era la mayor de siete hermanos y tenía una responsabilidad grande en casa porque mi padre estaba enfermo. El ejemplo de aquel sacerdote me impactó porque me llevó a contactar con la pobreza y la necesidad, y ese compromiso se me quedó para siempre. Mi fe me potencia la lucha. Tengo una gran amistad y un contacto muy grande con todas las ideologías. A mi boda, por ejemplo, vinieron todos los del Partido Comunista de entonces, de 1971, todo el grupito que había, Isabel Amil, su marido... Y yo eso de hermanos en la fe cristiana y compañeros lo uno totalmente. Son mis valores, con todas las deficiencias que tiene un ser humano. No he parado ni quiero parar.

-¿Considera el movimiento vecinal actual y aquel que usted conoció como la noche y el día?

-Me va a costar trabajo definirlo. En aquella época todo el mundo se volcaba en la lucha, pero claro, las necesidades eran vitales y la gente necesitaba salir a la calle. Luego nos fuimos acomodando, el barrio mejoró, la gente mejoró a nivel económico... y ya la gente se quedó más relajada. Cuando ha habido un problema, han respondido, pero ya ni punto de comparación con lo que entonces era la lucha.

-O sea, que la gente se ha acabado aburguesando en el barrio.

-Un poco. Los problemas se han ido solucionando, relativamente. Por ejemplo, seguimos con el problema en algunas zonas de deficiencia en la iluminación porque los naranjos que pueblan las calles tapan las lámparas y farolas. Son problemas fundamentales, pero no vitales, no tanto como entonces. No obstante, creo que las asociaciones tenemos que ir dando respuesta no sólo a los problemas materiales y vitales. La asociación es un buen instrumento, un instrumento de cultura, de formación, de información, que es la base de toda la democracia. Si voy a votar y no estoy informada de lo que voto pues puedo meter la pata. La información es muy importante, nosotros hemos tenido aquí conferencias, charlas y mesas redondas cuando ha habido unas elecciones y han venido todos los partidos a exponer sus tesis. Nosotros hemos facilitado en una palabra toda la información que hemos podido a nivel político, a nivel social. Queremos que la información llegue a los vecinos, otra cosa es la respuesta. La respuesta es muy poca, mínima, menos mal que nuestra asociación tiene una virtud, y es que no nos rendimos, que vienen 10, bien, que vienen 20, pues bien también.

-O lo que es lo mismo, que poco se ha avanzado.

-Ahora ocurre que si tratamos un problema que a los vecinos le interesa porque les afecta al bolsillo, como el de la ITV de edificios, la sede de la asociación se llena de gente y tenemos que irnos al Cine Ocio. No obstante, luego llega la Cruz de Mayo y se vuelcan totalmente; tiene un voluntariado de unas 300 personas. Otra cosa son las actividades de formación y de información que no tienen que ver con el bolsillo, en las que la respuesta de la gente es más lenta. Desde la asociación hacemos todo lo que podemos, pero la afluencia, la contestación es muy pobre y yo, que soy una persona que defiende los derechos de los ciudadanos, digo que los ciudadanos también tenemos deberes. No se puede pensar que todo nos lo tienen que dar hecho.

-Si tuviera que quedarse con algún logro dentro de la asociación, ¿qué destacaría?

-Lo tengo clarísimo, con lo que hemos conseguido trabajar en equipo. Aunque parezca una cosa que no tiene tanta importancia, creo que uno de los problemas que tenemos las asociaciones en general es el protagonismo, el querer ser el líder, el querer ser imprescindibles. Yo siempre he tenido claro que el grupo, el equipo, es el que trabaja. Tiene que haber siempre, sí, en esa orquesta una batuta que la dirija, pero es muy importante la mentalidad del trabajo en equipo. Cuando la gente ve que en una asociación hay una persona o un grupito que la domina o manipula acaba por no creer en esa asociación. Creo que esa es una de las razones fuertes por las que muchas asociaciones no funcionan. Y lo siento por el que le caiga mal, pero es que lo he vivido. Otro logro del que me siento orgullosa, aparte de la edición del libro -porque en él ha quedado constancia de que los vecinos se sienten orgullosos de su barrio- es el de la continuidad que ha habido. En una primera etapa me relevó Loli García, una mujer luchadora que ya la tuve de vicepresidenta y que decía que no se veía de presidenta. Me hizo caso cuando le recordé, como ella me había dicho siempre, que las mujeres tenemos que dar un paso adelante en esto que está reñido con el sofá y la comodidad. Los jóvenes son los que tienen que tomar el relevo y ahora mi sucesora, Mercedes López, es otra gran mujer que estoy convencida de que lo va a hacer muy bien.

-¿Y cuáles serían sus mayores frustraciones?

-Una de las más grandes es que ha habido muchas personas que han pasado por la asociación y se han retirado de una forma que no era normal. Parece como si cuando tienes una responsabilidad y acabas ya parece que aquello no es tuyo. Yo lo digo, yo no vivo en mi casa, yo vivo en mi barrio y la asociación es parte del barrio y, aunque no pueda ir a pelar patatas en la Cruz de Mayo, sigo en contacto con la asociación; y sí, ha habido personas que me han dejado un poco desilusionada en este aspecto.

-¿Y en cuanto a conseguir cosas para el barrio?

-Una de las cosas que me frustraron mucho -y no me meto con la empresa- es que nos pusieran el taxi en la plaza. Luchamos mucho para que no se pusiera. Ese terreno no era público, lo cedieron para hacer un parque, para tener ahí un desahogo, porque Cañero no tiene parque. Es curioso, una vez me dijo una concejala que como teníamos patios para qué queríamos parque, mire usted, vaya visión de la ciudad y de los barrios. Eso es una espina que me la clavaron a mí porque yo era la presidenta; yo confiaba en que hubiera habido alguna oposición por parte de algún grupo municipal, y no la hubo. Luego hemos denunciado que le pegan fuego a llantas en terrenos colindantes con las casitas, que están al otro lado de la carretera, en la parte que está el ecoparque, sin solución. Y tampoco hemos conseguido aquella biblioteca que pedimos que se construyera en unos terrenos que había que no eran de nadie y que ha vallado un vecino.

-Después de esto que me cuenta, ¿cree que el Ayuntamiento ha sido justo con Cañero?

-No. Es cierto que se han dado pasos, hemos luchado, se han arreglado las aceras, se empezaron a ver algunas soluciones de cara al carril bici...Hay que reconocer que Cañero no está en emergencia, pero ha habido que lucharlo y con unas corporaciones más que con otras, porque por lo que sea Cañero también tiene su estigma de que parece ser que los de izquierdas eran los que tenían que hacer algo y los otros no. Por ejemplo, en un Pleno municipal en el que intervine le denuncié a Rafael Merino [alcalde del PP] que Cañero tenía una iluminación tan pobre que las personas no se atrevían a a salir de noche porque no veían las cerraduras y un Cine Ocio, centro de iniciativa cultural, que se caía, mientras que él había puesto tiritas de mármol en el Bulevar.

-¿Considera que desde el Ayuntamiento siempre ha habido políticos que creen que hay barrios de izquierdas y barrios de derechas?

-Yo creo que sí, aunque quieran demostrar lo contrario. El político que piense así se equivoca. Que conste que yo he tenido muy buena relación con miembros de todos los partidos. Yo siempre he tenido claro que una asociación de vecinos es para todos los vecinos, aquí no hay ni izquierdas ni derechas. A Cañero han venido a pedir cuando había elecciones que paseara a candidatos o candidatas de una u otro partido y les he dicho que no. Yo como presidenta nunca estuve con nadie.

-¿Qué Cañero le gustaría ven en el futuro más inmediato?

-En el futuro me gustaría ver un Cañero con personas que vienen nuevas a ocupar las casas típicas del barrio. Por cierto, lo de mantener las casas ha sido otra de las luchas de la asociación. Aquí se empezó a permitir que echaran las casas abajo para hacer bloques cuando el objetivo de fray Albino era que viviéramos en casas unifamiliares; y además daba la coincidencia de que en aquella época se empezaban a promocionar las casas unifamiliares como calidad de vida, mientras algunos empezaron a construir aquí esas colmenas; eso se consiguió parar. Y me gustaría que las personas del barrio y las que vinieran a vivir a él no acabaran afectados por ese virus del meterse en su casa y olvidarse del resto del barrio porque creen que ya lo tienen todo resuelto, renegando de ese espíritu de convivencia que siempre ha caracterizado y ha sido la esencia de Cañero. Ese virus me da mucha pena que pueda dominar algún día a Cañero.

-¿Qué supone para usted el reconocimiento del Ayuntamiento?

-Al principio, cuando me lo comunicó la alcaldesa me dio un poquito de yuyu porque qué hago yo entre gente titulada cuando no lo soy. Pero ese reconocimiento no es a mí como persona, es a la participación, a la gente de barrio que trabaja, a la célula madre de la democracia, a esas personas que contribuyen a que todos los vecinos vivan mejor. Y creo que es momento de que los ayuntamientos empiecen a cambiar el chip y tengan en cuenta de verdad a los vecinos. Una de las cosas que tengo que reconocerle a Julio Anguita es la información, siempre estaba dispuesto a dar información de todo, de lo que se iba a hacer en el barrio, y a Andrés Ocaña, también. Los ayuntamientos tienen que potenciar este estilo, estar directamente conectados con las asociaciones de vecinos y no solo ir a hacer la pertinente visita para inaugurar algo. Si los vecinos ven que las asociaciones tenemos un acceso directo con el Ayuntamiento para solucionar problemas, se convencerán de que el asociacionismo tiene uno muy grande y afortunadamente saldrán de ese aburguesamiento que no les beneficia. El asociacionismo es la base de la democracia por supuesto, de la comunicación, del salir de tu casa, de acabar con el letargo que tiene la sociedad.

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