Una pasión sin límites por la música

Las notas de una partitura se convierten en sonidos celestiales en las manos de Pablo Hernán, un joven madrileño de El Escorial para el que la música es "el arte de sentir" y, en concreto su instrumento, el violín, es calificado por él como "mi voz". Por ello, Pablo ha decidido dedicar el mes de agosto a continuar su formación a través de su participación en la Escuela Internacional de Música Presjovem de Lucena, que se celebra del 3 al 31 de agosto en la capital cordobesa.

Pablo es un joven de 17 años que desde niño ha sabido aprender a amar la música. Comenzó a compartir su vida junto al violín a la temprana edad de cinco años, y desde entonces, no se ha separado de él. Desde pequeño había escuchado música de violín y poco a poco se fue interesando más por este arte. Pero, en realidad, esta pasión ha sido inculcada por sus padres que, aunque no se dedican profesionalmente a ello, son unos amantes de la música, al igual que su hermana. Ella, que se llama Alma, es dos años más pequeña que Pablo, aunque, como explica el músico, "en muchas cosas, es mayor que yo". Alma toca el violonchelo y el piano y los dos jóvenes, al compartir esta afición, en muchas ocasiones han tocado juntos. Aparte de las disputas y conflictos típicos entre hermanos, Pablo señala que está unión es muy positiva, ya que, de esta forma, "puedes ser ayudado y también puedes ayudar". La familia al completo se une para compartir este amor por la música y juntos acuden a multitud de conciertos.

El timón que conduce al madrileño en sus pasos por la formación musical no termina al finalizar la época estival. Pablo acaba de terminar primero de Bachillerato en una escuela en la que se compaginan estos estudios con los que se suelen realizar en un conservatorio de música, y en los que el joven acaba de terminar quinto de Grado Medio. Su formación profesional comenzó en esta escuela integral a los ocho años, una institución que le facilita mucho la conjunción entre los dos estudios. Y es que Pablo, consciente de la importancia de sus estudios de Bachillerato, no puede vivir sin la música, ya que es casi en lo único que piensa a cada minuto. Es, como él mismo dice, "el monotema que está siempre en mi cabeza".

Ésta es la razón que le hace repetir su tercer mes de agosto en la escuela de Presjovem donde, este año, en su 18 edición, 76 alumnos de diferentes lugares de origen se han trasladado a Córdoba para continuar su aprendizaje musical de la mano de 38 grandes profesionales. La escuela, para Pablo, ha sido muy importante en su trayectoria profesional, ya que "aquí me han enseñado a conocer qué es realmente la música, a descifrarla, a sentirla y a entenderla". Desde el primer año le encanta la experiencia, puesto que "aquí se avanza en un mes lo que puedes hacer en un curso entero", afirma el joven.

A la formación técnica, Pablo añade la vivencia de compartir estos días con muchos jóvenes a los que la música despierta sentimientos muy semejantes a los que el está acostumbrado a vivir cuando tiene entre sus manos a su violín, para él, "mi hermano y mi amigo". Para el madrileño, Presjovem es "un lugar donde encuentras amigos que comparten tus ideas y tienen el mismo entusiasmo que tú". Esta unión con los compañeros no sólo se produce en el mes de Presjovem. A lo largo del año los jóvenes tienen un contacto, normalmente, por trimestre. Esto es para Pablo "el combustible que te sirve para aguantar durante todo el curso".

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