La nueva enseña de los bomberos

  • Los profesionales del parque central deciden subir la figura del 'Hombre-Río' al tejado de su sede para que los ciudadanos puedan contemplar la obra

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El cuerpo de bomberos cuenta desde hace un par de semanas con un nuevo compañero. Se trata del Hombre-Río. Tras recuperar parte de la escultura el pasado 26 de noviembre, el busto descansa ahora en el parque central del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) y se ha convertido en un reclamo para los viandantes al presidir uno de los tejados del recinto, ubicado en la avenida de los Custodios. Los bomberos han decidido subir la figura al techo para que, al menos, pueda ser contemplada por los peatones de la zona.

Los 150 kilos de poliuretano -material del que están hechos los barcos- del busto permanecerán allí, al menos, hasta la próxima semana cuando se espera que lo recojan sus creadores, los escultores Rafael Cornejo y Francisco Marcos, según explicó ayer a este diario el concejal de Seguridad y Movilidad, José Joaquín Cuadra. Lo que no pudo aclarar el edil fue el nuevo lugar donde se posará de nuevo esta gran estructura. Se trata de una cuestión que los artistas tampoco han dado a conocer.

Sin duda, el Hombre-Río es una de las esculturas más emblemáticas de la ciudad y hasta finales de noviembre presidía el río Guadalquivir. Sin embargo, las intensas lluvias que se registraron en la capital partieron la estructura en dos y provocó que acabara recostada sobre las aguas del río a la altura del Puente de Miraflores. Los propios bomberos fueron los encargados de su rescate, aunque sólo fueron capaces de recuperar el busto, las piernas no estaban a la altura del Molino de Casillas, cerca del polígono de la Torrecilla. Según reconocieron miembros del SEIS el pasado 26 de noviembre "las piernas estarán a cuatro o cinco kilómetros de aquí". Desde entonces, no se ha sabido más acerca del lugar en el que se pueden encontrar las piernas del Hombre-Río.

La escultura flotante forma parte del paisaje del tramo urbano del Guadalquivir, de manera formal, desde el pasado mes de enero. Tras meses de polémica acerca de la ubicación de la figura, su colocación definitiva se fijó mediante una cadena de anclaje de 12 metros de largo. La historia de esta estatua flotante, que representa a un hombre que toma el sol tendido en el río y que gira sobre sí mismo, comenzó de forma clandestina y sin licencia. Sus creadores instalaron una estatua similar, pero en corcho blanco, una noche a mediados de abril de 2006, aunque a los diez días se soltó por los precarios mecanismos que la sujetaban.

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