Las maravillas del arte de la aguja y la lana

  • El centro cívico Sebastián Cuevas acoge una exposición de labores realizadas por un grupo en un taller de artesaníal variedad Los participantes han realizado mantas, cojines, edredones y hasta cuadros utilizando la lana como tejido.

En una sociedad marcada por las prisas y el consumismo, todavía quedan algunos espacios donde reunirse para realizar tareas artesanales utilizando técnicas antiguas. Esto es lo que han hecho un grupo de cordobeses que han participado en un taller de lana, en el que han aprendido a tejer este hilo mediante dos técnicas: punto tunecino y del zig-zag, con los que han hecho mantas, cojines, cuadros o hasta bolsos, "todo dependiendo de su imaginación", según explica la responsable que ha impartido el taller, Isabel Alcántara Morales. En el seminario han participado 20 personas, entre ellas un hombre, "algo inédito hasta ahora pero que nos ha sorprendido gratamente", cuenta Alcántara. Se trata de un maestro jubilado que "jamás pensaba que una aguja y un ovillo pudiera dar tantos problemas pero también tan buenos resultados".

Todos estos objetos se exhiben hasta finales de junio en el centro cívico Sebastián Cuevas, en el parque Cruz Conde. Los participantes se sienten "como artistas" porque la gente acude a ver sus obras que han realizado durante todo el año. El taller además sirve como terapia porque "a él acuden sobre todo personas mayores que durante dos horas se olvidan de sus problemas", reconoce Alcántara. De hecho, se crean hasta grupos de amigos que quedan después de la tarde de trabajo para salir a tomar café o ir al cine. Una verdadera terapia para las personas que viven solas o con problemas de salud. De hecho, "algunos tiene problemas de movilidad o algunas enfermedades pero acuden al taller y les sirve para desconectar", asegura Alcántara.

Los alumnos empezaron con cosas fáciles, pero luego, cuando dominaron la técnica, comenzaron a tejer hasta edredones "para sus hijos o nietos", según la responsable del taller. Además, "es algo que engancha" y los alumnos se iban a casa para terminar con sus tareas y avanzar los trabajos. Durante algo más de cinco meses, una veintena de personas han podido aprender técnicas antiguas que eran prácticamente desconocidas en Córdoba y que ahora podrán volver a pasar de generación en generación. Fue precisamente la abuela y la madre de Alcántara quienes la iniciaron en este arte que ahora ella se encarga de transmitir. El resultado, además de decorar diversos rincones de los hogares, es una gran satisfacción personal por ayudar a la socialización y al entretenimiento de muchas personas. Los alumnos, además, tienen el orgullo de haberlo hecho con sus propias manos.

El centro permanece abierto durante todo el día, desde las 10:00 hasta las 21:30 donde se pueden contemplar los trabajos que han realizado los participantes en el taller durante todo el curso. La entrada es totalmente gratuita.

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