Una mañana entre cuentos y juegos

  • La biblioteca del Centro Cívico de La Corredera acoge una actividad para entretener a los niños

Aunque los niños esperan como agua de mayo las vacaciones de Navidad en el colegio, para muchos padres estos días son un auténtico quebradero de cabeza, pues no saben dónde dejar a sus hijos durante el tiempo que ellos permanecen en el trabajo. Los abuelos se convierten así en los mejores aliados para entretener a los pequeños dando paseos por el parque o jugando con ellos. La biblioteca del centro cívico de la Corredera se convirtió también en un aliado para estos padres trabajadores y durante la mañana de ayer ofreció un cuentacuentos para los pequeños. Kiko fue el encargado de sumergir a los niños en mundo imaginarios de brujas y hadas, aunque la mayoría de sus historias eran relacionadas con el miedo. Pero nada de sustos. Los chavales reían ante los gestos y las interpretaciones de Kiko, que ponía en situación a los pequeños.

Juntos formaron un grupo de amigos y entre ellos comentaban las peripecias de los personajes que les estaban escuchando, mientras algunas de las madres que habían acompañado a sus hijos disfrutaban viendo cómo lo pasaban tan bien. Otras aprovechaban para comprar abajo, en el mercado Sánchez Peña, los últimos preparativos para la fiesta familiar de esta noche. En realidad, esta actividad sirvió para entretener a pequeños y, en parte, aliviar a los mayores. Precisamente éste fue uno de los objetivos que llevó a los responsables de la biblioteca a organizar este programa durante las vacaciones de Navidad. "Lo hemos hecho en otras ocasiones, pero esta vez hemos aprovechado este periodo de descanso, porque sabemos que viene bien a los padres", dijo Eli, una de las responsables del centro. Durante todo el año acuden grupos de escolares para participar en iniciativas de este tipo, además de que cuentan con un gran material para que los pequeños se entretengan con cuentos infantiles, cómics y demás.

Carlos, Javier y Alejandro fueron tres de los niños que ayer se acercaron a escuchar las historias de Kiko, que definieron como "muy divertidas". Al final, todo fueron aplausos y besos entre el cuentacuentos y los oyentes, que durante unos 45 minutos comprobaron lo fácil que puede resultar hacer felices a los más pequeños de la casa. Y al menos durante un tiempo dejaron descansar también a los padres.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios