La lluvia da al traste con el encierro en solitario de Finito en Los Califas

  • El festejo con el que el espada pretendía celebrar sus veinticinco años de matador de alternativa, en el que se anunciaba como único espada, tuvo que ser suspendido.

No pudo ser. El festejo anunciado para la tarde de ayer, en el que Finito de Córdoba estaba anunciado en solitario con el objetivo de celebrar el veinticinco aniversario de su alternativa, no pudo finalmente celebrarse. La climatología adversa de la primavera de mayo impidió su desarrollo.

Llovió con intermitencia durante la mañana, cumpliéndose las previsiones previstas. Algunos chaparrones fueron intensos y fuertes. El sol se alternaba con las nubes. Todo parecía indicar que a la hora del festejo todo podría llevarse a cabo.

El tiempo inestable hizo que mucha gente desistiera de asistir al festejo, por lo que a la hora de comienzo del mismo, la entrada no era la que se esperaba. Para colmo, el cielo volvió a tornarse gris. El agua volvió a aparecer de nuevo.

Apretó la lluvia. Muchos optaron por buscar refugio en las bocanas de los tendidos y pasillos internos del coso. A pesar de la lluvia caída, el albero parecía tener un buen aspecto y no haber acusado el temporal.

El cielo comenzó a clarear. Pasados 15 minutos de la hora prevista para el inicio del festejo, se abrió el portón de cuadrillas. No se inició el paseíllo de forma formal. Los subalternos actuantes hicieron acto de presencia sobre el albero con los capotes de paseo plegados al brazo.

El ritual en estos casos se volvió a repetir una vez más. Los profesionales fueron deslizando las zapatillas sobre el redondel y comenzó el cambió de impresiones entre ellos. Los actuantes volvieron al patio de cuadrillas.

La capilla, como no podía ser de otra manera, fue el marco escogido para la celebración de un improvisado cónclave. Dentro, los toreros, con Finito de Córdoba como jefe de filas, se reunieron con la autoridad para dilucidar qué iba a ocurrir con el festejo anunciado. La puerta se cerró. Sólo cabía esperar. En los tendidos, la lluvia había cesado y el público comenzó a impacientarse.

No tardaron en abrirse las puertas del recinto. Finito de Córdoba, vestido con un rutilante terno blanco y plata, acompañado del presidente de festejo, Rafael Ruiz Laguna, bajaron al ruedo. La conversación duró unos minutos mientras el público continuaba esperando.

De pronto, todos volvieron a abandonar el redondel. Los mozos de espadas comenzaron a recoger sedas y percales. La suspensión estaba consumada. A pesar de ello, se tardó un mundo en comunicar la decisión al público, que es el consumidor final de un espectáculo que atraviesa horas bajas.

Las cuadrillas alegaron que el ruedo estaba impracticable para el ejercicio de su profesión, negándose a actuar. Finito de Córdoba, único espada y director de lidia, dio la razón a su tropa. La autoridad decidió suspender.

Finalmente el albero, que no aparentaba mal estado, quedó como un lienzo blanco, esperando el arte efímero del toreo.

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