La lluvia se carga los mejores días

  • El paso de la Virgen del Mayor Dolor es el último en estar en la calle · El Jueves y Viernes Santo se convierten en la calle en un incesante ir y venir de paraguas de templo en templo para ver las imágenes

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Cuando en una Semana Santa hace su aparición la lluvia ésta se convierte en la protagonista. Si lo hace en la cantidad, duración e intensidad con que lo ha hecho este año, la noticia pasa a ser el estrago causado por el agua. La celebración de este año pasará a la historia por ser la primera en la que un par de generaciones de cordobeses no recordaban quedarse sin ver en la calle las procesiones de los días centrales, el Jueves y el Viernes Santo.

Esta inestabilidad meteorológica estaba anunciada desde algunos días antes, pero nadie quería pensar que su pronóstico fuera cierto. Al final se ha cumplido tal y como se avisó, alterando el desarrollo de cuatro de los seis días de la Semana Santa con la suspensión de 16 cortejos procesionales, casi la mitad.

Frente a un Domingo de Ramos que fue digno sucesor de sus vísperas, soleado y caluroso en extremo, el Lunes Santo hicieron aparición unas nubes que anticiparon lo que vino después.

El Martes Santo decidieron no salir las dos hermandades que lo hacían más temprano -La Sangre y La Agonía-, por ser esos los momentos en los que descargó más agua sobre la capital. Las restantes, comenzaron a pedir la preceptiva media hora de prórroga y se pusieron en la calle con más retraso del previsto, lo que trastocó definitivamente la jornada en cuanto a horarios y a itinerarios, puesto que alguna de ellas cambió su recorrido.

El esquema del Miércoles Santo fue bastante similar. Hasta el mediodía, que era el momento de poner su Cruz de Guía en la calle la cofradía de Las Palmeras, el pronóstico anunciaba agua para la tarde, concretamente para las horas en que el cortejo cruzaba zonas de la ciudad -Miralbaida, Electromecánicas, Olivos Borrachos o Ciudad Jardín- donde es prácticamente imposible encontrar un refugio en que guarecer el paso al menos. Esta decisión privó a la ciudad de contar con unos escenarios urbanos distintos en los que se desarrolla de la Semana Santa, puesto que esta salida procesional era la más esperada de los últimos años, por lo que de respaldo supone a este barrio cordobés.

El resto del día se desarrolló con práctica normalidad, salvo un chubasco poco después de la media noche que hizo acelerar el paso a las hermandades que en ese momento se encontraban en la calle, y que causó que la Virgen de la Paz no pisara el Campo de la Merced.

Estos prolegómenos anunciaban que el pronóstico se iba a cumplir en su literalidad. La parte más destacada del mismo era que las jornadas centrales de la Semana Santa quedarían inéditas en Córdoba. Y así fue. La hermandad de la Sagrada Cena informaba a sus hermanos al filo de las 16:00 que el cortejo no se pondría en la calle. A partir de ese momento, el resto de las cofradías del Jueves Santo fueron comunicando la suspensión de su estación de penitencia conforme llegaba la hora de una salida que no se llegó en ningún caso a realizar. Bueno, en San Francisco, el paso del Señor de la Caridad se asomó al Compás para que los legionarios le rindieran honores y regresara al templo al cabo de unos minutos. La Madrugada siguió en la misma tónica y la plaza de San Hipólito se llenó de algunos centenares de personas que al menos se conformaba con ver a los titulares en el interior de la iglesia.

El Viernes Santo amaneció con el suelo mojado. Durante toda la mañana se alternaron las nubes y los claros con rachas de viento fuerte que presagiaban lo peor. En las horas de la sobremesa descargó sobre Córdoba el chubasco que decidió el resto de la jornada. A las 16:45, un aplauso en el interior del Hospital de San Jacinto rubricaba por parte de los nazarenos la decisión de la junta de gobierno de los Dolores de suspender la salida procesional. A los pocos minutos se formaron largas colas para ver a los titulares de esta hermandad en sus pasos. El día no mejoraba y no había perspectivas de ello. El resto de las cofradías fueron adoptando una decisión similar conforme llegaba la hora de su salida a la calle.

Al igual que la víspera, el Viernes Santo quedó en unas horas de paraguas y de un incesante ir y venir de personas de iglesia en iglesia para conformarse al menos con contemplar a las imágenes montadas en sus pasos. Esto hizo que en algunos templos se formaran largas colas con el enfado por el escaso tiempo en que, por decisión de alguna junta de gobierno, estuvieron abiertas las puertas. Por culpa de la lluvia, la Semana Santa de 2011 en Córdoba pasará a los anales por quedar mutilada de las jornadas en que sale a la calle buena parte de las cofradías con más tradición histórica y más rico patrimonio artístico. Nadie imaginaba que el paso de la Virgen del Mayor Dolor iba a ser el último en estar en la calle.

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