Una escalada de vértigo en plena ciudad

¿Cómo pasar de los 20 grados bajo cero del pico más alto del mundo a los casi 50 grados del calor estival cordobés? El montañero y especialista en trabajos verticales Ricardo Guerrero sabe muy bien afrontar ambas situaciones. Él tiene claro que su mejor plan vacacional es ascender por las paredes de las montañas hasta coronarlas. Su último logro: alcanzar la cima del Everest -la montaña más alta del mundo- el pasado mes de mayo. Este verano cambia las inclemencias meteorológicas montañeras por el rigor del calor que castiga a la capital cordobesa. Cuando todo el mundo aprovecha para irse a la playa, Guerrero tiene que trabajar en una ocupación en la que demuestra sus conocimientos de la montaña.

Este alpinista es propietario de una empresa de trabajos verticales llamada Survertical, que se dedica a rehabilitar edificios, mantenimientos industriales o a realizar otro tipo de labores en lugares de difícil acceso. En este trabajo es necesaria la luz del día, por lo que "hay que aprovechar las horas de sol", que son bastantes en esta época del año. La empresa surgió en los años 90 debido a su afición a la escalada, creando así una nueva forma de trabajar en la que los empleados comenzaron a ir colgados con cuerdas por los edificios. "En Córdoba, sobre todo nos llaman para fachadas", pero este método también es requerido por grandes compañías o para obras civiles con una característica en común: llegar a un lugar complicado. "Hay que saber de todo un poco y hay que aprender según la necesidad", explica.

Su jornada laboral comienza a las 07:00, con los primeros rayos de sol, y se extiende hasta las 20:00, aunque como norma la empresa no permite estar colgado más de tres horas seguidas. Además, se cuida mucho que los trabajadores se mantengan hidratados y se intenta "evitar el sol directo". También disponen de una especie de columpio en el que se pueden sentar mientras realizan sus tareas en las alturas de la ciudad. Y aunque ahora se dedique más a labores de dirección, sigue colgándose de las paredes "en ocasiones especiales". El sol puede resultar un elemento fatigoso para desarrollar este trabajo. Sin embargo, "la lluvia es lo que más molesta, porque es lo que nos impide trabajar", dice.

Este empresario explica que, a pesar de que "el verano en Córdoba es bastante tórrido", intenta buscar algún entretenimiento para cubrir su tiempo libre. "Me gusta la noche, que es la parte más interesante de la jornada para asistir a conciertos o espectáculos" gracias a la programación cultural que ofrece la ciudad en este periodo del año en el que la gran mayoría de los ciudadanos huyen del calor hacia las playas.

A pesar de la dureza de su trabajo, Guerrero se puede sentir afortunado porque su condición de empresario le "permite elegir fechas para vacaciones", tiempo que dedica a realizar expediciones montañeras. "Las vacaciones las adecuo a las montañas", especifica. Sus viajes suelen ser un tanto diferentes a las habituales visitas playeras o alguna excursión por un país extranjero. Este año eligió la primavera para pasar "unas vacaciones muy especiales y sacrificadas". El amor a la montaña es lo único que lo mueve, con esfuerzo, constancia y muchas ganas de llegar hasta lo más alto. Ansias de ascender, de ver el mundo desde arriba, sintiendo la importancia de haber alcanzado los 8.848 metros de altura del que es denominado el techo del mundo, una montaña en la que hay una posibilidad entre 20 de no lograr descender vivo.

Por otra parte, también dedica el periodo estival a entrenarse para la escalada gracias a un rocódromo situado en el polígono industrial de Las Quemadas del que dispone su empresa. Todos los martes y los jueves a partir de las 20:00 se inicia la sesión. Son casi 200 metros de superficie escalable en la que Guerrero también da clases de seguridad en las alturas y que le sirve para mantenerse en forma hasta la próxima aventura, que será la ascensión de la Cordillera Blanca del Perú el próximo año.

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