Un día para vaciar el bolsillo

  • A pesar de la lluvia, miles de personas desafían a la crisis económica y se echan a la calle para ir de tiendas · La mayoría de los comerciantes tradicionales deciden hacer puente y optan por cerrar

El mal tiempo no fue ningún impedimento. Y tampoco la crisis económica. Armados con paraguas, chubasqueros, abrigos, guantes o bufandas, y bajo una lluvia intermitente, miles de cordobeses se echaron ayer a la calle para inaugurar la temporada de compras navideñas. La oferta, eso sí, se vio mermada debido a que la mayoría de comercios tradicionales del centro y de barrios como Ciudad Jardín o Santa Rosa optó por cerrar. "Si tienes empleados a tu cargo, sale más caro abrir", consideró una comerciante del centro, Isabel Alcaide. Su establecimiento, Aromas de Provenza, fue el único que abrió ayer las puertas en Marqués de Boil, una perpendicular a la calle Gondomar donde aún sobrevive el comercio tradicional.

"La gente lleva muchos años y está quemada. Y más cuando hace malo. Los clientes prefieren irse a los centros comerciales", apuntó. Pasear ayer por esta céntrica vía era como atravesar una calle fantasma, con persianas cerradas a cal y canto y las luces y los olores de lavanda y jazmines de Aromas de Provenza como único reclamo. La calle Morería y sus alrededores tampoco se salvaron de la imagen de domingo habitual, mientras que el bullicio fue la norma, desde primera hora de la mañana, en el eje Gondomar-Concepción o en la calle Cruz Conde, donde los viandantes se mostraron dispuesto a tirar de tarjeta de crédito y a olvidarse de la crisis. "Es la mejor forma de salir de la depresión del invierno y de los problemas de todos los días", aconsejó Ascensión López, una joven de 23 años que aprovechó la mañana para hacer una primera ronda en busca del vestido de Fin de Año.

El puente de la Constitución se ha convertido en el preludio del consumo navideño, unos días esperados tradicionalmente por el comercio para resarcirse de las pobres cifras de la temporada. Las franquicias, eso sí, fueron ayer las grandes beneficiadas: a mediodía, colas en los vestuarios de Zara o Blanco, y ante las cajas registradoras de Bershka o Springfield, mientras las boutiques tradicionales se tomaban unos días de vacaciones. María Jesús Díaz, una estudiante de 22 años "con el monedero al borde de la quiebra", utilizó la mañana para "buscar unas camisetas", mientras que su acompañante, Elena Álvarez, de 21 años, le echaba el ojo a unos pantalones, "compras habituales" entre una generación acostumbrada "a no repetir modelo dos fines de semana seguidos".

Otros aprovecharon la jornada para hacer la primera ruta por las tiendas de regalos. "Las listas larguísimas a los Reyes Magos se tendrán que recortar este año", advertía Carlos Jiménez, un vecino de Fidiana, a su hijo, de 11 años, en el esparate de Los Guillermos. Ajeno a las estrecheces impuestas por la economía, el suma y sigue del pequeño incluye una retahíla de regalos bombardeados por la televisión: "Una vídeoconsola con el último juego de Fórmula Uno, el coche de Fernando Alonso, el barco pirata de Playmobil, películas...". "Hace 40 años, nos regalaban un balón de fútbol o un tren eléctrico y éramos unos privilegiados", le aleccionó su padre.

Los mayores también emplearon el día en darse algún capricho. En la plaza del Escudo, el establecimiento de decoración Mundo Deco es especialista en muebles de estilo oriental y en objetos importados del Reino Unido. Precisamente, el regalo estrella de la temporada en este negocio se manufactura en Inglaterra: "Es un gato hecho con pelo natural de conejo. Todos los días vendemos alguno. Lo compran las personas alérgicas a los gatos, los que tienen mascotas en el campo pero no en casa...". Desde el otro lado del escaparate, costaría distinguir si el gato negro recostado sobre una cómoda es real o no o si, en algún momento, se desperazará sobre una caja traída del Tibet. Para los supersticiosos, hay de otras tonalidades, aunque el precio es el mismo: "48 euros. Estamos de promoción".

La crisis ha anticipado este año los carteles de ofertas, los descuentos y las promociones. "No podemos esperar a las rebajas para dar salida a los productos. Si no avanzamos algunos descuentos, perderemos la temporada completa", confesó la propietaria de una zapatería del centro. La ley impide que los descuentos superen la barrera del 50%. Frente a esta restricción, todo vale para estrujar la tarjeta: dos por uno en determinados productos, ropas del hogar a precios bajísimos, flexibilidad en el pago de aparatos electrónicos...

Frente a estas invitaciones, pocos pudieron resistirse a tirar de cartera. Conforme avanzó el día, el Bulevar del Gran Capitán se convirtió en un hormiguero de paraguas y bolsas llenas, de billeteras medio vacías y de prendas de ropa por estrenar. El bullicio visitó los puestos ambulantes de Puerta de Gallegos y la carpa instalada en los jardines de La Victoria, donde es posible elegir entre un sinfín de bufandas de temporada y gorros último modelo. La crisis, con cuentas bancarias en números rojos o saldos con varios ceros, salió ayer de compras.

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