Respons(H)abilidades

No es una cuestión de género, es una cuestión de educación y creencias

  • El triste caso de 'la Manada' está generando un cambio, pero se necesita además una apuesta valiente para poner en duda las creencias compartidas en la sociedad española

No es una cuestión de género, es una cuestión de educación y creencias No es una cuestión de género, es una cuestión de educación y creencias

No es una cuestión de género, es una cuestión de educación y creencias

últimamente, como mujer, da pavor ver los informativos. Se multiplican los casos de violencia de género en sus múltiples versiones. Desde las más dramáticas en las que una mujer pierde su vida, hasta las no menos dramáticas en las que pierde su libertad, su dignidad o su credibilidad. Y digo como mujer porque a la impotencia, que seguro sienten también todas las personas de buena voluntad independientemente de su sexo, se suma el miedo a que pueda tocarte a ti. El dato es escalofriante: cuatro mujeres al día denuncian haber sido violadas en nuestro país, pero a saber cuántas más sufren agresión sin atreverse a decirlo. Creo que la cuenta pendiente de la sociedad está ahí, en cambiar las creencias compartidas que llevan a una víctima a callarse, y en eso la Responsabilidad Social Corporativa de empresas e instituciones tiene mucho que aportar.

El poder de las creencias

No llegamos a ser del todo conscientes de hasta qué punto las creencias que compartimos como sociedad definen la forma de relacionarnos. Como individuos, nuestras propias creencias condicionan nuestras actitudes y nuestras conductas porque son el filtro con el que entendemos el mundo e interpretamos las situaciones que vivimos en el día a día. Las creencias son todas esas ideas aprendidas que consideramos ciertas sin ponerlas ya en duda porque nos las inculcaron muy bien en nuestra educación, o porque las experimentamos muchas veces, o porque, aunque las hayamos experimentado en pocas ocasiones, ha sido de forma muy intensa a nivel emocional. Algunas nos potencian, y otras nos limitan.

Pueden llegar a ser creencias ideas como "yo no sé hablar en público", "se me dan fatal los números", "hablar bien de uno mismo es orgullo", y otras como "el que lleva el dinero a casa es el hombre", "una mujer no puede anteponer su carrera a su familia", "la responsabilidad de cuidar a los padres es de las hijas", "las parejas sin hijos están incompletas"…

Tenemos muchísimas creencias, unas potenciadores y otras limitadoras. Algunas son muy diferentes de las de otras personas, y otras muchas son compartidas. De hecho, se vuelven muy poderosas cuando los demás nos las confirman, y sobre todo cuando las normas sociales, culturales o educacionales les dan sentido. Cuantas más personas comparten una creencia, más fuertes e influyentes son.

Una mujer no es un objeto

Y no son las creencias, sino los sentimientos que nos generan esas creencias los que funcionan de cemento social, y los que estructuran una sociedad o la desestructuran. Son los sentimientos compartidos, en base a distintas emociones filtradas por las mismas creencias, los que nos unen o nos separan.

Lo que ha provocado el caso de la Manada es eso: la unión y movilización real en base a un sentimiento compartido por todas las personas que con una creencia parecida a "una mujer no es un objeto" han filtrado sus emociones de miedo, rechazo o tristeza.

Es un gran paso para el cambio, pero creo que no generaremos un cambio social perdurable si no se ataca la raíz de los comportamientos de la Manada y del resto de manadas que lamentablemente campean por ahí; si no se aplican soluciones desde la educación de los niños y niñas a la falta de valores que parece imperar; si no se toman medidas coherentes en todos los ámbitos de la sociedad: el jurídico, el económico, el educativo, el empresarial, el familiar…

RSC contra la desigualdad de género para acabar con las manadas

Parece lógico aprovechar el impulso de la contestación social que se ha generado para promover el cambio de todas las realidades que, de una forma u otra, confirman que sigue imperando la creencia de que la mujer es inferior al hombre. Esa es la creencia que hay que abatir, en hombre y en mujeres.

Las mujeres pensionistas cobran menos que los hombres, es una realidad. Esa brecha salarial se repite en las mujeres en activo, e incluso crece, es otra realidad. Las mujeres españolas dedican más horas a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos y familiares dependientes, más realidades. La mujer sigue muy por debajo en la representatividad directiva de nuestras empresas, y por encima en las tasas de desempleo. Le cuesta más acceder al mercado laboral. Sufre más casos de acoso en el trabajo. Y en todo esto, la Responsabilidad Social Corporativa de instituciones y empresas tiene bastante que decir.

La Responsabilidad Social Corporativa es aquella en la que las instituciones y las empresas de cualquier actividad o tamaño asumen compromisos de creación de valor económico y social, y de respeto a las personas dentro y fuera de sus estructuras, y eso incluye a la mujer.

No son sólo las instituciones y los gobiernos. Las empresas también son agentes sociales muy poderosos para lograr la sostenibilidad de nuestra sociedad, y la Responsabilidad Social Corporativa es una de las mejores herramientas que tienen para formar parte de la solución a las desigualdades que confirman la creencia que lleva a una manada a violar, a un juez a poner en duda la violación porque no le queda clara la resistencia de la mujer, y a una mujer víctima de agresión a tener que justificarse o, lo peor, a callarse. No es no.

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