"Ya no me cuesta respirar"

  • Un niño malagueño recupera su vida normal tras ser trasplantado de los dos pulmones

  • Deja atrás tres años en silla de ruedas y la dependencia absoluta de la bombona de oxígeno

José Manuel, con sus padres y su hermana. José Manuel, con sus padres y su hermana.

José Manuel, con sus padres y su hermana.

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José Manuel tiene 12 años. Los últimos tres los pasó en una silla de ruedas y enganchado a una bomba de oxígeno para poder respirar. La fibrosis quística que padece había deteriorado gravemente su capacidad pulmonar. Pero eso ya es pasado. El 27 de junio, a este niño malagueño le trasplantaron los dos pulmones en el Hospital Reina Sofía. "Mi vida ha cambiado totalmente. Antes estaba en una silla de ruedas, enganchado a la bombona de oxígeno y casi no me podía mover. Ahora me siento bien. Ya no me cuesta respirar ni tengo tos", cuenta. Su relato emociona. Hace poco más de una semana volvió a casa tras recibir el alta. Y aunque aún debe fortalecer su musculatura que está muy débil por la falta de ejercicio de los últimos años, su capacidad pulmonar es la máxima.

Así que José Manuel dará una sorpresa a sus compañeros de instituto cuando en septiembre empiece segundo de la ESO. Ya no irá a clase en silla de ruedas y con las dos bombonas de oxígeno portátiles que necesitaba antes para aguantar toda la mañana. "Poco a poco voy haciendo una vida normal. Mis amigos no se lo creen mucho todavía y a mí también me cuesta creerlo", explica.

José Manuel fue ayer sin lugar a dudas el protagonista de la rueda de prensa que la consejera de Salud, Marina Álvarez, ofreció en Sevilla para dar el balance de los trasplantes en los primeros siete meses del año y para informar del éxito de la intervención de este niño. Su caso es la prueba de que la decisión generosa de una familia que dona los órganos de un ser querido ayuda a otra a salir de uno de los momentos más difíciles de su vida. "Yo no se lo podría pagar con nada", sostiene Francisco Manuel Camino, el padre del pequeño, cuando se le pregunta qué le diría a los familiares del donante de su hijo. Así que su forma de retribuirles es expresando una y otra vez su gratitud hacia ellos, a quien no conoce por imperativo legal, ya que la donación debe ser altruista y anónima. María José Carrasco, la madre, también confirma la evolución positiva de su hijo como para terminar de creérselo y para agradecer a la familia del donante. "Han pasado casi dos meses desde la operación y está genial. Nos sentimos muy felices porque nada más hay que verlo y eso nos llena", dijo.

La vida de esta familia no ha sido fácil. Hasta ahora. Al segundo día de nacer, José Manuel tuvo que entrar en quirófano por una obstrucción intestinal. Ya entonces los médicos sospecharon que algo iba mal. Así que le hicieron unos estudios genéticos que confirmaron la fibrosis quística de la que sus padres -sin saberlo- eran portadores.

Los facultativos informaron a los progenitores que con esa patología el niño tenía pocas probabilidades de superar la infancia. El deterioro avanzaba, pero José Manuel iba sorteando las dificultades. Hasta que ya no tuvo más opciones que el trasplante. Estuvo más de dos años en lista de espera para la intervención. Pero no era fácil. No sólo porque donante y receptor deben ser compatibles para que no se produzca el rechazo del órgano, sino porque -en el caso de los niños- también es necesario que el tamaño sea parecido para que pueda adaptarse a la talla de su cuerpo; un problema que no existe en el caso de los adultos.

El 27 de junio a las 14:30 se produjo la esperada llamada. El hospital cordobés comunicó que José Manuel tenía un donante. Apenas una hora y media más tarde, la familia entraba por la puerta del centro sanitario. A las 19:30 comenzaba la intervención. La operación duró siete horas y media. Le trasplantaron los dos pulmones. Aunque a muchos pacientes se les suele poner sólo uno de estos órganos, como el pequeño tiene toda la vida por delante se le hizo un trasplante bipulmonar. Tras mes y medio ingresado por el postoperatorio, el pequeño ya está en casa.

"La vida le ha cambiado por completo. Ya no necesita ni silla de ruedas ni bombona de oxígeno. La vida nos ha cambiado por completo a todos", dice el padre. Ahora la familia sale a caminar para que el pequeño recupere su musculatura. Y para que en unos meses, José Manuel pueda hacer lo que tanto le gusta: jugar al tenis y al fútbol con sus amigos.

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