El cine de verano desde el interior

En una ciudad como Córdoba, de calor asfixiante y sin playa a la vista, una de las alternativas más habituales y con mayor éxito para pasar las noches de julio y agosto es acudir al cine de verano. Esta forma de visionado de películas constituye todo un clásico del verano cordobés, en el que este tipo de propuestas siguen contando con la aceptación del público, que se resiste a romper con la tradición a pesar de la mayor calidad de las salas convencionales.

Juan Manuel Romero es un joven del barrio de Santa Marina que lleva ya cuatro años encargándose de la proyección de las películas en uno de los cines de verano de mayor tradición: el Olimpia. Juan Manuel estudia a lo largo del año, pero en estas fechas se dedica totalmente al cine, ya que por las mañanas también se ocupa de las tareas de mantenimiento del mismo.

Esta noche se proyecta Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, la última película de la saga protagonizada por Harrison Ford. Juan Manuel llega al cine a partir de las 21:00, una hora antes de que empiece la película y minutos más tarde empieza con el proceso para poner todo a punto. El primer paso antes de proyectar la película es proceder a su rebobinado. "Hay que saber en qué formato va la película, si en plano o scope, lo que hace que la calidad del visionado sea distinta", indica Juan Manuel. En este caso, el formato es scope, por lo que el objetivo primario achata la imagen.

Una vez rebobinada la cinta, el joven procede a la fase de montaje, conocida como enebrado por su parecido con la función de henebrar una aguja. Después llega el momento de poner a punto los bucles de entrada y de salida. "Hay que tener cuidado con ellos porque si el bucle de salida se hace muy corto, el sonido podría sonar mecánico y si es más extenso o reducido de la cuenta, la imagen podría vibrar", apunta Juan Manuel. Después comprueba el sonido de la mesa de mezclas, que depende de factores como la gente que acuda al cine o si la proyección se realiza en fin de semana o en un día laborable.

El público ya ocupa sus asientos en el cine y entonces es el momento de lanzar la película. Se apagan las luces y la máquina se pone en marcha. Aunque la proyección haya comenzado, Juan Manuel no puede despistarse, ya que el automatismo del cine convencional no existe aquí donde, "al ser todo manual se hace más complejo". "Aunque no es lo habitual, siempre estás a expensas de que suceda algún contratiempo", dice el joven, que baja desde la cabina de proyección a ras de suelo para comprobar como llega el sonido allí.

A partir de ese momento, Juan Manuel sólo debe esperar a que se produzca el descanso de la película, momento en el que deberá repetir el proceso de montaje con la segunda cinta.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios