"El marco del celibato es empobrecer la capacidad de crecimiento de la Iglesia"

  • Hace un balance positivo de su paso por la política activa como subdelegado del Gobierno en Granada de 2000 a 2004 · Afirma que la presión administrativa ahoga muchas veces las iniciativas empresariales

LA vida de Alfonso Marín es consecuencia de unas convicciones. Desde su vocación sacerdotal hasta su secularización, desde su militancia en el PP hasta su paso por la Subdelegación del Gobierno en Granada. A él le tocó lidiar con la llegada de pateras a Motril, un asunto que abordó desde la experiencia de quien tras decidir colgar los hábitos se sintió inmigrante en Colombia, donde se sintió marginado y llegó a dormir en los parques públicos y a comer una vez a la semana.

-¿Será el único caso en que un subdelegado del Gobierno trata el asunto de la inmigración habiendo sido parte de ese colectivo?

-Por supuesto.

-¿Cómo ve este problema?

-Cercano, como una experiencia propia. En Colombia pasé hambre y esa situación es como si me estuvieran dando en las carnes de mi vida anterior. Mi sensibilidad con los inmigrantes es total y absoluta; otra cosa es que uno tenga que secundar la legislación y las decisiones políticas sobre inmigrantes estando en un cargo público, pero con mi solidaridad total hacia ellos. Yo he vivido el drama del paro, del hambre, de la marginación, del aislamiento social de quienes pensabas que eran tus grandes amigos. Nunca tuve animadversión contra las instituciones ni contra las decisiones eclesiásticas que interpretaban que dejar que pasara hambre era la mejor manera de volver al redil. Mi orgullo se sintió herido porque no me vendo por un plato de lentejas. Soy una persona muy serena ante las adversidades que se presentan y no tengo animosidad contra nadie.

-¿Estaba usted de acuerdo con la política que tenía que aplicar en materia de inmigración?

-La sensibilidad humana nunca puede estar de acuerdo con que la gente pase necesidad y hambre. Ahora, racionalmente hablando, entiendo que se disponga de una legislación que regule el flujo de inmigrantes para que se instalen correctamente en el país al que quieran llegar. Al mismo tiempo, lo que la Unión Europea debe regular es su capacidad de acogida para los miles y miles de pueblos que pasan hambre en el mundo. ¿Tenemos que acogerlos a todos? Si no tenemos capacidad para acogerlos vamos a crear problemas mayores, pero si tenemos capacidad hay que facilitar las leyes para su acogida.

-¿Qué balance hace de su paso por la política activa?

-Muy satisfactorio. Le puedo decir que en mis cuatro años de subdelegado en Granada, a pesar de que empecé en las vísperas del atentado a Luis Portero y salí días después del 11-M, el balance es positivo porque los grandes problemas que hay que resolver los traté desde el diálogo con todos los grupos políticos, con las puertas abiertas. Nunca discriminé a nadie, y me daba igual que el alcalde que iba a verme fuera del PP que del PSOE o de IU. Nadie tenía preferencia en la lista de espera. En la despedida tuve la satisfacción de que no era el PP quien me acompañaba, sino que había muchos destacados socialistas, entre ellos Pepe Moratalla, Jesús Quero, Mariano Gutiérrez, así como miembros de UGT y de CCOO. Si hubiese sido sectario no habría tenido esa respuesta.

-En su día a día como funcionario del INEM también trata con un grave problema como es el paro. ¿Cuál es su visión sobre los datos de Córdoba?

-Mi impresión es que el poquito espíritu emprendedor que hay en los cordobeses se ahoga muchas veces con los frenazos que dan las distintas administraciones. Si aquí, en el momento en que se presenta un proyecto, se le dieran todas facilidades para salir adelante, como ocurre en otros sitios, y no exigirle un montón de papeles y de pagos previos, la ciudad estaría en una situación bien distinta. La presión administrativa y la falta de impulso sincero y real obstaculizan y desalientan muchas veces a los emprendedores.

-¿Ha perdido peso en la capital la economía sumergida?

-Ha perdido peso pero sigue funcionando. Posiblemente éste sea un problema de difícil solución, porque quien tiene un pequeño negocio si lo aflora, las cargas fiscales, laborales y sociales pueden ahogar sus beneficios.

-¿Son creíbles las estadísticas del paro?

-En la medida en que es creíble una persona que dice que está parada. ¿Es creíble? Pues averigüe usted. Hay mucha gente que se apunta al paro para la obtención de ayudas, de subvenciones, de becas, algo que no responde a una realidad. Pero no hay más fórmulas para registrar el paro que el que se inscribe en las oficinas del INEM y la EPA, y las dos se basan en la palabra de los consultados.

-¿Cuando decidió secularizarse, era usted consciente de la etapa tan dura que abría en su vida?

-Totalmente consciente. Tuve una etapa de consulta, de vacilación, de duda prolongada en la que me venían dobles sentimientos, porque me gustaba la vida misionera, de sacerdocio, pero por otro lado no podía soportar la vida en soledad. Aguanté cuatro años escasos porque soy un hombre de compartir la vida. En una entrevista que me hicieron en Bogotá para un periódico de tirada nacional me preguntaron si volvería a ser sacerdote si la Iglesia me lo pidiera, y respondí que sí, pero con la condición de tener a mi mujer y mis hijos conmigo en el altar. Eso lo dije y lo mantengo. Por qué tengo que esconder a mi mujer y a mis hijos que son un gran tesoro que la vida me ha dado, como lo ha sido el sacerdocio, otro tesoro que tengo y lo defiendo. Me sigo sintiendo cura, aunque en un sacerdocio en el silencio. Hago todo lo que puedo por el bien de la Iglesia y de la humanidad.

-Pero esta manera de pensar no cae bien en la jerarquía actual.

-La respeto, la admiro y la quiero, pero el dirigismo religioso pertenece a otra época. Estamos en tiempos de apertura, de diálogo, de comunicación y nadie puede tapar las conciencias ajenas ni por una voz divina que lo intente.

-Hace unos años llega usted a la presidencia de la asociación de antiguos alumnos del Seminario de San Pelagio, que es como remover en su interior todo ese pasado. ¿Afronta esa responsabilidad sabiendo que va a reencontrarse con lugares, personas y momentos que forman parte de su pasado?

-Por supuesto, y lo hago con mucha ilusión. Fui promotor hace 27 años de la asociación y luego me desligué. Llevaba unos cuantos años en vía muerta y me vino un grupo de amigos que me querían proponer como candidato a la presidencia. Me dijeron que el respaldo era por unanimidad; lo acepté, llevo dos años y el pasado día 28 me reeligieron de nuevo. Sigo trabajando con ilusión, no sólo en el INEM sino en la actividad social al máximo que mi tiempo lo permite y siempre buscando la armonía, la concordia y nunca el enfrentamiento. Con la Iglesia de Córdoba me llevo muy bien y Juan José Asenjo me ha recibido varias veces y tengo que reconocer que es un hombre muy cordial y muy afectuoso.

-Su generación pertenece a la que ha tenido mayor número de secularizaciones. ¿Qué análisis hace de este fenómeno?

-Que la Iglesia debería reflexionar a fondo y abrir más las exigencias para el ejercicio sacerdotal. No se pueden reducir como candidatos sólo a los hombre célibes. Pueden ser célibes, casados o, incluso, de otras categorías. No se puede encorsetar lo que el Evangelio no ha encorsetado y, en consecuencia, una norma que no es del tiempo de Jesús sino posterior. No vale la pena imponerla como criterio permanente para un ejercicio que debe centrarse en el servicio a los fieles y a la humanidad y a relacionar a ésta con el Dios que a todos nos une. El marco del celibato es empobrecer la capacidad de crecimiento de la Iglesia. No es de recibo que hoy tenga que echar mano de seglares que ordenan como diáconos o de monjas que dan comuniones cuando hay un ejército de sacerdotes casados que podríamos prestar ese mismo servicio con igual o más ilusión con que lo hacen quienes no son sacerdotes. Es un capital humano que se está dilapidando de manera incomprensible. Yo soy sacerdote, lo quiera la Iglesia o no, y ejerzo mi sacerdocio en mi ámbito familiar, profesional, laboral. Si la Iglesia me permitiera ejercerlo en un templo, posiblemente lo haría pero sin encorsetamientos. La conciencia no se puede encorsetar.

-No es frecuente escuchar estas afirmaciones de boca de un militante de un partido de derechas.

-Hombre, depende de lo que se entienda por derecha. Para mí, ni existe derecha ni izquierda. Son conceptos trasnochados. Si por derecha se entiende apropiación del capital, enriquecimiento, vanidad y poder, tanto o más lo hay en la izquierda. ¿En el PP no hay obreros, gente sencilla, amas de casa, personas moderadas? No soy ni de derechas ni de izquierdas, soy un hombre conciliador que me gusta entenderme con todo el mundo, porque los partidos separan y soy un hombre de unión, de reflexión, de puesta en común.

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