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El cambio de armario más solidario

  • El Comedor de los Trinitarios, Madre Coraje, Sonrisa de Lunares y Reto a la Esperanza recogen ropa usada y la utilizan con fines benéficos

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La reciente y tardía llegada del frío ha precipitado el cambio de armario, un momento en el que las prendas de otoño e invierno salen de los altillos y los canapés para sustituir a la de verano en los armarios. Es la ocasión perfecta para reorganizar la ropa y desechar aquella que, ya sea por motivos de talla o gustos, ya no encaja en la vestimenta.

Esas prendas ahora pueden tener una segunda vida haciendo el cambio de armario más solidario. Entidades sin ánimo de lucro como la Fundación Prolibertas a través del Comedor de los Trinitarios, Madre Coraje, Sonrisa de Lunares o la Asociación Reto a la Esperanza son algunos de los centros que se encargan de la recogida de ropa usada con fines benéficos.

Desde sus inicios, a principios de los años 90, el Comedor de los Trinitarios ha recogido ropa usada que luego repartía entre sus usuarios. En la actualidad lo sigue haciendo en horario de lunes a sábado de 09:00 a 12:30 y de 16:00 a 20:00 en ronda del Marrubial. Su director, Eduardo García, explica que necesitan todo tipo de ropa de vestir y de hogar (cortinas, edredones, mantas...), calzado y complementos y tienen varias vías de distribución. Las prendas que están en buen estado se reparten, por un lado, en el ropero social del comedor para que los usuarios puedan cambiarse después de la ducha y, por otro, entre las familias en riesgo de exclusión que acuden a ellos tanto por iniciativa propia como derivados de Cáritas, Cruz Roja y los servicios sociales. Por último, las que llegan con etiqueta o en muy buen estado, en disposición de ser vendidas, se derivan a la Libertienda que la fundación tiene en la calle María Cristina, cuyos beneficios se destinan al mantenimiento del comedor. La ropa que no está en condiciones se vende al peso y el dinero también va para el comedor.

Otra de las entidades donde se pueden entregar las prendas usadas y calzado es Madre Coraje, cuya sede de la calle Virgen de los Dolores está abierta de 09:30 a 13:30 y de 17:00 a 19:00. En este caso, la ropa que llega etiquetada se manda a Perú, la que está en buen estado se vende a precios asequibles en la tienda y el resto, al peso. Todo va destinado a los proyectos solidarios que tiene la asociación.

Madre Coraje tiene repartidos contenedores de ropa por varios puntos de la ciudad. Por una parte, en las estaciones de servicio de Repsol de Chinales, el Arcángel, San Carlos, República Argentina, avenida de Cádiz, Carrera del Caballo, junto al Decathlon y en el desvío de Medina Azahara (carretera de Palma del Río). A esto hay que sumar los contenedores situados en los Colegios Mayores, el aparcamiento de la Diputación y el de la Universidad Loyola, la central de Radio Taxi y los colegios El Carmen y La Salle.

La ropa también puede tener una segunda vida a través de la Asociación Sonrisa de Lunares, que recoge prendas de todo tipo en sus sedes de las calles Lucano y Compositor Ramón Medina. Su horario es de 09:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:30. El fin es venderla en sus tiendas -la que no está en buen estado, al peso- para conseguir fondos de cara a mejorar la calidad de vida de personas enfermas que no dispongan de los medios necesarios.

Aunque es más conocida por la recogida de enseres del hogar, la Asociación Reto a la Esperanza también tiene una línea de recepción de ropa usada. Uno de los monitores de la entidad, Juan Antonio Canales, explica que los interesados en donar sus objetos o vestimenta pueden llamar al teléfono 957 32 93 29 para que desde la asociación vayan a recogerlos de forma gratuita o acercarlos a cualquiera de las tiendas Rastro Reto que tienen en la ciudad, situadas en la calle El Almendro, 9; Gran Vía Parque, 16; Antonio Maura, 20, y Rodríguez Marín, 10. A esto hay que sumar sus centros de La Torrecilla y la carretera de Palma del Río. El horario es de lunes a viernes de 09:30 a 13:30 y de 16:00 a 20:00, sábados también por la mañana.

Las prendas se venden en sus tiendas y el dinero -tanto de esto como de los muebles y enseres del hogar- va destinado a los programas de rehabilitación de Reto a la Esperanza, que son gratuitos para sus usuarios, por lo tanto ese beneficio repercute en la sociedad.

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