MUJERES SINGULARES de córdoba

Un bella historia de amor

  • Uns-al-Qulub Esclava de Almanzor, era una gran dominadora de la poesía y las artes; se enamoró del poeta Abul I Ibn Hazm, lo que estuvo a punto de costarle la vida a ambos

Palacio. Almanzor edificó su propia ciudad como rivalidad con Medina Azahara. Palacio. Almanzor edificó su propia ciudad como rivalidad con Medina Azahara.

Palacio. Almanzor edificó su propia ciudad como rivalidad con Medina Azahara.

Las mujeres de Al-Andalus, tanto hebreas como árabes, aprendían a leer a edades tempranas, ya que les era imprescindible para poder leer los textos sagrados, el Corán y la Biblia. También era frecuente que tañeran instrumentos y aprendieran poesía. Muchas de ellas triunfaron en el mundo de la poesía en los siglos del Emirato y Califato. Colaboraron de forma decisiva en el esplendor de la ciudad de ensueño que era Córdoba en aquella época, sobre todo a través de la poesía, triunfando entre las legendarias y temibles espadas de acero de aquellos guerreros árabes.

Esta bellísima mujer llamada Uns-al-Qulub era esclava del todopoderoso visir Almanzor, que la tenía en mucho aprecio por su exquisita hermosura, fina inteligencia, vastísima cultura y extremada facilidad para versificar. Vivió a finales del siglo X y principios del XI. Formada en poesía y canto, era parte del séquito de la corte del dignatario andalusí y amenizaba las fiestas del mismo, como parte de los fastos y de los círculos elevados de cultura que Almanzor creó en Medina al-Zahira, "la ciudad resplandeciente", ciudad palatina en las cercanías de Córdoba en la margen derecha del Guadalquivir, que rivalizaba con la Omeya Medina Azahara y destruida en 1009. Se enamoró del poeta Abu I Mugira Ibn Hazm, lo que estuvo a punto de costarles la vida.

Al Maqqari, un historiador, hispanista y escritor argelino, en un pasaje al respecto de la descripción de la ciudad palaciega de Al Zahira, presenta una risala de Abu I Mugira Ibn Hazm, poeta y prosista primo del autor de El collar de la paloma, el más grande sabio cordobés de todos los tiempos. Involucrado en la política de su época y, al igual que su primo, sufrió persecución y cárcel por ponerse de parte de al-Mustazhir, fugaz califa, que los nombró ministros suyos.

En primera persona cuenta el relato el propio Abu I Mugira. Durante una comida a la que había sido invitado por Almanzor en Al Zahira "lugar de una belleza floreciente, pues alberga arriates y albercas", como lo describe. "Y cuando el día se ungía con el azafrán de la tarde y extendía sus alas el negro cuervo de la oscuridad, la oscuridad, la noche dejaba caer sus tinieblas. El buitre disponíase a volar y surcaba el cielo la barca de la luna, encendimos las lámparas del vino, nos envolvimos en los mantos del contento y las nubes tendieron sobre nosotros un dosel cubierto de rocío. Entonces cantó una esclava llamada Uns-al-Qulub". Este canto estaba dedicado a él, del que se había enamorado encendidamente la bellísima esclava.

La noche avanza al irse el día / Y la luna aparece como media pulsera I Diríase que el día es una mejilla / Y la oscuridad es el dibujo del aladar, / Las copas me parecen agua sólida / Y el vino fuego líquido. / Han cometido un crimen contra mí mis ojos / ¿Cómo podré excusarme a mis pupilas? / Maravillaos, amigos, de una gacela / Injusta con mi amor cuando está cerca, / Ojalá hubiera un medio de llegar hasta el / Y con su amor cumpliera mis deseos. Cuando terminó de cantar Uns al Qulub, Abu I-Mugira se dio por aludido y recitó: ¿Cómo unirme a la luna / entre las negras lanzas y las blancas espadas? / De haber sabido que tu amor era cierto, / Te habría pedido venganza por mi vida, / Cuando los nobles quieren algo, / Se arriesgan al peligro.

Almanzor, desconfiado y receloso, se apresuró a coger su espada y hablando con aspereza a la esclava le dijo: "Explícate y dime la verdad ¿A quién aludías insinuando deseo y ternura?". La esclava le respondió diciéndole que con una mentira podría salvar su vida, aunque era mejor y más conveniente decirle la verdad.

Y así fue, reconoció el haberse enamorado del invitado con estas palabras: "por Dios, no ha sido más que una mirada que ha engendrado en mi pecho un pensamiento. El amor ha hablado por mi boca y el deseo ha divulgado lo que ocultaba". Pidió perdón al visir, visiblemente emocionada. Según relata I-Mugira, "luego se echó a llorar, sus lágrimas parecían perlas de un collar cuando se rompe o el rocío que cae sobre una rosa y recitó: He cometido una falta muy grave / ¿Cómo podré excusarme? / Lo ha decretado Dios, / Que yo no he escogido. / Lo más hermoso es perdonar / Cuando se tiene el poder para hacerlo".

Entonces Almanzor se volvió enojado contra Abu I-Mugira Ibn Hazm y desenvainó su espada. Inmediatamente, I-Mugira le pidió perdón con estas palabras: "Sólo ha sido un error al que me ha arrastrado el pensamiento, una imprudencia que ha favorecido la mirada. El hombre no puede hacer más que lo que está decretado, no lo que escoge o desea". El hecho terminó bien, como describe el propio I-Mugira: "Almanzor meditó un poco, luego nos perdonó y disculpó, pasó por alto nuestra falta y levantó el castigo, y me dejó ir en paz y se calmaron el palpitar de mi corazón y mi pasión. Me dio la esclava y pasamos la más deliciosa de las noches y arrastramos por tierra las orlas del ropaje del amor. Y cuando la noche recogió su cabellera, la mañana desenvainó su espada y los pájaros en las ramas más altas se respondían unos a otros con distintas melodías, me marché con la esclava hacia mi casa y mi alegría fue perfecta".

I-Mugira se casó con ella y vivieron juntos hasta su muerte en Toledo en 1046.

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