El asesino de Rosa María acepta cumplir 17 años y medio de cárcel

  • Los forenses concretan que la víctima recibió 13 cuchilladas en todo el cuerpo y "al menos" siete golpes en la cabeza con una piedra, lo que le causó la muerte

El agresor de Rosa María Millán, F. J. M. A., aceptó ayer cumplir una pena de 17 años y seis meses de prisión por un delito de asesinato con ensañamiento tres reconocer la autoría de los hechos. La Fiscalía, la acusación particular y la defensa del procesado acordaron esta condena después de que el procesado relatara minuciosamente cómo mató a su pareja en la noche del 10 de febrero de 2005. Los hechos tuvieron lugar en el descampado de la antigua Cepansa, junto a la joroba de Asland, segundos después de que la víctima le confesara que había mantenido relaciones con otro hombre, según el relato del propio acusado. Presa de los celos, F. J. M. A. cogió una piedra y le aplastó la cabeza.

Los forenses que examinaron el cadáver de la joven detallaron que Rosa María recibió "al menos siete golpes" con una piedra en el rostro y el cráneo, además de 13 cuchilladas por todo el cuerpo, una de las cuales le penetró en el pulmón izquierdo.

El asesino le causó todas las lesiones estando la joven con vida, por lo que la mujer presentaba lesiones de defensa en la mano y en el brazo izquierdo. F. J. M. A. actuó, además, con "gran agresividad", subrayaron los expertos, que no pudieron concretar cuánto tiempo duró la agresión, aunque se aventuraron a afirmar que fue prolongada en el tiempo. "Lógicamente, hubo sufrimiento, porque las lesiones fueron violentas y ella lo vivió todo", explicaron ante el tribunal. El asesino, de hecho, reconoció que la joven gemía y le dijo en varias ocasiones: "Qué haces, qué haces".

A pesar de que un juez había dictado una orden de alejamiento contra el agresor por un episodio anterior de malos tratos, fue la víctima quien el día de la tragedia envió un mensaje al acusado para quedar con él y mantener relaciones. La pareja quedó junto a la muralla de Lepanto y se dirigió hacia un solar de la antigua Cepansa, donde el procesado disponía de un colchón para dormir al abrigo de unas planchas de metal. Cuando estaban manteniendo relaciones, el asesino la acuchilló y le aplastó el cráneo con una piedra. Luego la arrastró y la ocultó tras unas planchas de uralita. El cadáver fue descubierto varios días después, una vez que el asesino ya había sido detenido.

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