catalina alcaide. presidenta de la asociación de artesanos alfareros de la rambla

"La artesanía tiene un verdadero problema de relevo generacional"

  • Con 15 años, Catalina Alcaide tuvo su primer contacto con el barro y, tras pasar por el taller de Alfonso Ariza, descubrió que era su vocación; ahora es la voz de los ceramistas rambleños

Catalina Alcaide, en la calle Cruz Conde, en Córdoba capital. Catalina Alcaide, en la calle Cruz Conde, en Córdoba capital.

Catalina Alcaide, en la calle Cruz Conde, en Córdoba capital. / reportaje gráfico: JOSÉ MARTÍNEZ

Catalina Alcaide (La Rambla, 1964) se convirtió en diciembre pasado en la primera mujer que preside la Asociación de Artesanos Alfareros, un sector que hasta el martes, 15 de agosto, está inmerso en la programación de En Barro, la tradicional exposición de cerámica, que este año alcanza su 87 edición. Alcaide tuvo su primer contacto con los talleres a los 15 años y, tras aprender de la mano de Alfonso Ariza, quedó seducida por el dibujo y el color. A los 20 años se hizo autónoma y, desde entonces, ha cosechado multitud de reconocimientos, entre ellos el primer premio en la modalidad tradicional del concurso de Talavera de la Reina (Toledo), uno de los más prestigiosos de España. "Fue todo un orgullo", reconoce Alcaide, que atesora más de una treintena de premios en múltiples certámenes, varios de ellos en su municipio.

-¿Qué futuro tiene la alfarería de La Rambla?

-La alfarería vivió su mayor boom en la década de los 90, coincidiendo con la burbuja inmobiliaria, cuando en La Rambla llegó a haber más de 130 talleres. Aquí pasó como en la construcción: hubo una profunda crisis y ahora seguimos funcionando unos 70 artesanos. Lo importante es que estamos resurgiendo y que el volumen de exportaciones es cada vez más importante, porque sólo con lo que demanda el mercado nacional no podríamos mantenernos. Hay que tener en cuenta que la alfarería no es un producto de primera necesidad como la alimentación, el vestido o el calzado, sino de segunda o tercera necesidad como mucho. No es una prioridad para la gran mayoría de personas y tenemos que salir adelante en este contexto.

-Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, muchos trabajadores de la construcción buscaron refugio en la agricultura. ¿Ha ocurrido algo parecido con la artesanía? ¿Se ha convertido en un sector refugio ante la crisis?

-Quienes abandonaron el sector para dedicarse a otros negocios no han regresado. Aquí no ha ocurrido como en la agricultura, nadie ha abierto un taller como alternativa económica. Los que trabajamos en esto son los que estábamos desde el principio, los que hemos sobrevivido a estos años tan malos. Ahora ningún joven quiere decorar su casa con cerámica, y en los años del boom inmobiliario no paraban de llegarnos pedidos de azulejos decorativos, apliques, iluminación, todo tipo de accesorios. Había dinero y la gente lo invertía en este tipo de artículos.

-¿Hay relevo generacional en la artesanía y, por tanto, en el sector de la cerámica?

-La artesanía tiene un verdadero problema de relevo general. En nuestra asociación, estudiamos desde hace años cómo estimular a la juventud para que se implique y cómo traspasar todo ese conocimiento artesanal y artístico para que no se pierda, pero es muy complicado. Lo cierto es que no es el oficio más demandado, hay que invertir muchas horas y los resultados no son siempre los deseables por mucho esfuerzo que se aplique. Y ahí está el verdadero problema. Cuando una persona se forma en un determinado sector, sea cual sea, lo hace tras preguntarse si puede llegar a ser su medio de vida. Y la respuesta en este caso arroja muchas dudas. Sí existe la posibilidad de formación puramente artística, pero lo más preocupante es enfrentarse luego a la realidad y saber llevar los talleres. Para dar ese paso, hay que estar muy formado y mentalizado.

-¿Echa en falta educación empresarial en el sector?

-La mayoría de artesanos carece de conocimiento empresarial, sí, y eso es un problema. En algunos casos, hay quienes se han preocupado por formarse, pero por lo general hemos sido autodidactas. Falta formación empresarial y, sobre todo, marketing.

-¿Podemos hablar, por tanto, de un sector en peligro de extinción?

-La cerámica no va a desaparecer. No sé si existe riesgo con otras disciplinas artesanales o en otros municipios, pero eso no va a ocurrir en La Rambla. Nos agarraremos a cualquier estrategia y nos adaptaremos para seguir funcionando, porque a pesar de los malos momentos que hemos vivido son muchas las familias que viven de esto. En la medida de lo posible, cada uno ha sabido al final encontrar su camino.

-¿Qué fórmula considera que es la más idónea para mantenerse?

-La clave es la especialización. Cada taller debe ofrecer un producto singular para diferenciarse en el mercado, porque si copiamos lo que está haciendo el vecino no vamos a ningún lado. En mi caso, mi trabajo es la cerámica artística, con un dibujo y un color plenamente identificables. Y, por otra parte, no podemos dejar de lado la calidad, ni en la cerámica ni en ninguna otra disciplina artística.

-¿Alguna vez se ha abochornado por que algún producto de La Rambla adolezca de la calidad suficiente que conlleva el sello de Zona Artesanal de Andalucía?

-Hasta ahora, eso no ha ocurrido. Unas cosas te pueden gustar más y otras menos, pero una calidad mínima nunca se pierde. Sí habría que reivindicar una mejora de las condiciones laborales, porque a veces no se está en una situación óptima.

-¿Están haciendo las administraciones lo suficiente para que la artesanía sobreviva?

-Llegan algunas ayudas de la Junta de Andalucía, que es la responsables de acreditar las Zonas de Interés Artesanal [hay cuatro en Córdoba, La Rambla, Castro el Río, Los Pedroches y el Casco Histórico de la capital] y, en nuestro caso, la Diputación y sobre todo el Ayuntamiento están volcadas en En Barro, pero todavía queda muchísimo por hacer. Necesitaríamos que la artesanía y la cerámica estén en todos sitios. ¿Y cómo se consigue esto? Pues haciendo una gran campaña de difusión, teniéndola presente en todas partes. Algo así como ha ocurrido con la cocina, que ahora todo el mundo es aficionado y existe un interés general muy amplio. Hace falta marketing, difusión, divulgación...

-¿Y hay unión entre los talleres o cada uno hace la guerra por su parte?

-Es complicado ir todos juntos, porque somos muchos y cada uno tiene una manera de ver el negocio, unos clientes, una forma de trabajar... Aunque es cierto que poco a poco se van consiguiendo dar algunos pasos. Un ejemplo es lo que ha ocurrido este año con la feria En Barro, cuya parte comercial se celebró en junio. En los últimos años habíamos perdido presencia, y este año ha habido talleres que han vuelto a montar expositor. Esto puede considerarse un éxito porque habla de un cambio de mentalidad y ofrece una visión optimista.

-¿Y hay algún tipo de contacto con el resto de Zonas de Interés Artesanal? Supongo que los problemas de la cerámica son comunes a la talla de madera o el cuero.

-Hemos iniciado conversaciones y en cuanto pase el verano estudiaremos qué podemos hacer para ir todos juntos y que se nos escuche más. Las necesidades son comunes a la cerámica, la madera, la forja o el cuero. Básicamente, falta conocimiento empresarial y falta marketing. En ese sentido, debemos ir todos juntos.

-¿Cómo se puede competir contra los precios de los artículos made in China?

-Contra esos precios tan bajos no se puede competir desde nuestra posición. De hecho, no se debe competir. Esa no es nuestra lucha, sino mantener la calidad y los rasgos que convierten la cerámica de La Rambla en algo singular y reconocible. El trabajo de los talleres debe centrarse en conseguir la máxima calidad, en elaborar piezas de categoría... Sólo de esa manera se pueden solicitar luego los precios adecuados.

-Hay talleres de La Rambla que están vendiendo artículos fabricados en Portugal o Bailén, ¿no perjudica esto la imagen del sector?

-Poco se puede hacer para evitar esta práctica, porque no incumple ninguna normativa. La explicación es que hay talleres que, aparte de fabricantes, se han convertido en comerciantes y lo que intentan es ofrecer el máximo de productos posibles para contentar toda la demanda y traen artículos de Portugal, Bailén o China. La asociación no se puede meter en esta práctica, aunque personalmente no me gusta porque puede generar confusión en el comprador. Lo que sí intentamos controlar con todo nuestro esfuerzo es el que el producto que lleve el sello de La Rambla sea, efectivamente, hecho en La Rambla y no sea de importación. Hay quien encarga artículos a una fábrica de China y esas piezas llegan ya con el rótulo de producto de La Rambla. Eso sí es un engaño y no se puede consentir, porque la calidad y la materia prima utilizadas son inferiores y, al final, esto repercutirá en los precios y en la calidad de la mano de obra.

-¿El público reconoce el valor de la artesanía o todavía existe el regateo?

-Los precios son relativamente bajos para el trabajo tan laborioso que se desarrolla y para todas las horas que requieren determinadas piezas. Desde luego, la mayoría de los precios están por debajo de su valor real, aunque como ocurre en el mundo del arte todo esto es muy relativo.

-¿Ha sentido machismo alguna vez por su condición de empresaria?

-Nunca. Ni rechazo ni un trato diferente. De hecho, cuando cogí la presidencia de la asociación en diciembre del año pasado fueron los propios compañeros quienes me animaron a dar este paso. Sí es cierto que en la junta directiva, desgraciadamente, no hay más mujeres, no he podido conseguirlo. Pero no es achacable a un trato discriminatorio, sino a las cargas familiares que la mayoría de las mujeres siguen soportando y a la dificultad para conciliar la vida laboral con la familiar. En todo caso, no es algo que ocurra sólo en este ámbito.

-Y dentro de los talleres, ¿existe trato diferenciado entre hombres y mujeres y en el trabajo que desempeñan?

-La mujer lleva muchas décadas jugando un papel importantísimo en los talleres realizando, sobre todo, labores de pintura y decoración de piezas; de hecho, el 90% de estas tareas las realizan mujeres. También limpieza, embalajes... Aunque es cierto que mujeres que tengan empresa hay pocas. En este sentido, la mujer no ha jugado un papel protagonista. Hay talleres familiares en el que trabajan mujeres y hombres y llevan el nombre del marido, eso sí es lo habitual. En este sentido, soy una excepción. Como ocurre en muchos otros sectores, la mujer trabaja de la mañana a la noche, porque no sólo hay que reconocer su labor en el taller, sino la que desempeña en casa y que nunca termina.

-¿Qué puede aportar la artesanía a la vida de una persona?

-La cerámica y en general la artesanía pueden transmitir muchas sensaciones, emociones, valores... Una pieza muy elaborada de artesanía puede considerarse una obra de arte o una joya. Así lo aprendí en el taller de Alfonso Ariza. Sus trabajos no eran sólo artesanía, sino algo más, eran arte. Esa experiencia me enriqueció mucho y me abrió al mundo del color.

-La Rambla se encuentra inmersa en la 87 exposición de artesanía y, de manera paralela, la población se ha volcado en una campaña para que el botijo se convierta en emoticono del Whatsapp, ¿se va a conseguir este reto?

-Viendo toda la ilusión que este reto ha generado entre los rambleños, estoy segura de que se va a conseguir. Aunque lo importante, independientemente de que al final podamos enviarnos el emoticono de un botijo por Whatsapp o no, es que en La Rambla compartimos un objetivo que nos ha hecho ser más conscientes que nunca de nuestra identidad y de nuestras raíces. Ya sólo funcionan dos talleres que trabajan el barro típico de La Rambla y esta campaña nos ha hecho que seamos conscientes de estas situaciones, independientemente del aspecto lúdico que supone haber celebrado la barrada, de enviar un botijo a la estratosfera para llamar la atención como se hizo en el mes de junio o de que dos rambleños vayan a completar el camino de Santiago en Vespino repartiendo botijos. La exposición de cerámica está abierta hasta el 15 de agosto y muestra la calidad que hay. Eso es lo que realmente importante, demostrar que somos un sector vivo y con futuro.

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