pablo garcía casado. escritor

"He aprendido a respetar las emociones por encima de la ideología"

  • El pregonero del mayo festivo afirma que Córdoba es una ciudad compleja en la que la cultura siempre ha tenido un papel preponderante

  • Apuesta por cambiar el modelo turístico

Pablo García Casado, en la calleja de las Flores. Pablo García Casado, en la calleja de las Flores.

Pablo García Casado, en la calleja de las Flores. / reportaje gráfico: juan ayala

El próximo 17 de abril será el pregonero del mayo festivo, un reto que le sorprendió y al que le ha dedicado gran parte de su tiempo en los últimos meses. Pablo García Casado (Córdoba, 1972) quiere exponer un mayo cordobés desde otro punto de vista y en el que se tengan en cuenta las emociones que generan estas fiestas.

-¿Es muy cordobita?

-Me estoy quitando. Cuando empiezas a introducirte en el mundo cultural empiezas a creer que debe haber un cambio en las llamadas esencias de la ciudad, de las que nos hemos reído mucho. Te intentas alejar de los tópicos de Córdoba porque crees que tu mirada tiene que ser universal y cosmopolita. Pasa el tiempo y empiezas a redescubrir la ciudad y ver que detrás de todos los tópicos hay muchas verdades y que quizás nuestro trabajo como escritores o creadores tiene que ser darle una vuelta, interpretarlos. Detrás de todas esas imágenes o tópicos hay muchas emociones y con el tiempo yo he aprendido a respetar las emociones por encima de la ideología. Si esas imágenes o tópicos aluden a algo que despierta sentimientos en alguien, el artista más que despreciarlo tiene que respetarlo y acercarse a ellos con respeto. Es lo que he intentado hacer con el pregón del mayo festivo.

-¿Le sorprendió el encargo?

-Me sorprendió mucho. He visto la nómina de las personas que me han precedido y son gente muy respetable, a las que aprecio en lo personal y en lo intelectual, que han trabajado y han estado en el contacto con ese mundo. Pero sí, me ha interesado como reto porque para mí es más fácil hacer un prólogo de un libro de poesía, por ejemplo, que un pregón. Me emocionó mucho. Desde que me lo dijeron ha ocupado casi todo mi tiempo, porque pienso que hacer un pregón sobre el mayo cordobés es algo más. Es reflexionar sobre la propia ciudad, sobre el contexto, sobre cómo nos divertimos, lo que hacemos, cómo nos relacionamos y entender que cada fiesta de mayo es distinta entre sí. El mayo cordobés habla de una cosa muy heterogénea y a mí eso me ha gustado; he intentado dilucidar qué emociones se ponen en juego en cada una de las fiestas.

-¿Cómo es su mayo festivo?

-Ha evolucionado con el tiempo. Mi mayo festivo como adolescente era muy salvaje. Yo tenía 17 años cuando empezó la Cata del vino y la recuerdo como una especie de Sodoma y Gomorra. Había un poco de descontrol, aunque la idea era muy buena porque te enseñaban cómo se bebe el vino. Las Cruces y la Feria de aquella época no tienen nada que ver con la de ahora. Es curioso, porque la feria es una fiesta nada excluyente, todo el mundo va a la Feria, con distintos grupos, de noche, de día... Se viven muchas fiestas al mismo tiempo. Los Patios es una fiesta más para adentro, a mí me gusta ir todos los años con la bicicleta y los niños. Quizá yo he vuelto a revivir todas las fiestas desde otras perspectivas y me gusta mucho.

"Me alejé de los tópicos porque piensas que tu mirada tiene que ser más universal y cosmopolita"

-¿Se quedaría con alguna fiesta?

-A mí me gusta mucho la Feria. La feria tiene un cosa que para mí es muy importante y es que hay muchas fiestas a la vez de manera simultánea. Quizá es la fiesta más postmoderna que tiene Córdoba. Hace que en un mismo espacio convivan a la vez muchas ferias de gente muy distinta entre sí. Mientras que, por ejemplo la Feria de Sevilla, sí que hay un modelo muy homogéneo, aquí conviven muchos modelos. Me gusta poner una metáfora con ciudades cuando hablo de la Feria y los Patios. Yo no he ido a Venecia pero me encanta. Me imagino que los Patios con como Venecia y la feria es como Nueva York. ¿Qué tiene en realidad Nueva York? Nada especial, pero la suma de tantas cosas y gente distinta que convive en el mismo sitio la hacen atractiva.

-Córdoba es mucho más que el mayo festivo...

-Córdoba es una ciudad muy complicada porque vive mucha más gente de la que creemos. En Córdoba la mayoría silenciosa es más grande que en otras ciudades y ocurren cosas que pasan desapercibidas porque se quedan en contextos familiares o vecinales. Es una ciudad muy complicada, milenaria, que sobre el mismo suelo lleva tres mil años dando vueltas. Han pasado muchas cosas y el carácter cordobés no es algo tan genuino. Las fiestas de mayo son también muy distintas entre sí. Córdoba es una ciudad compleja, difícil y al mismo tiempo apasionante.

-¿A qué concepto se refiere con la mayoría silenciosa?

-A que viven muchas ciudades dentro de la ciudad y a que las relaciones vecinales son muy importantes. Las cosas que ocurren en el centro, que es lo que contamos, son una pequeña minoría de realmente las cosas que están ocurriendo. Hay personajes que estamos en la vida civil, que son los que siempre aparecen, pero no pueden representar a todo el mundo. Hay parte de la ciudad que permanece oculta y tampoco le interesa mucho aparecer. También es una ciudad donde se deja vivir bien. Es lo suficientemente grande como para no ser conocido todos los días por la calle y lo suficientemente pequeña para ser abarcable; tiene el tamaño justo, pero permite cierto anonimato.

-¿No es un pueblo grande?

-Es una ciudad pequeña más que un pueblo grande. Muy extensa, muy compleja y con muchas ciudades dentro. La Viñuela es una ciudad en sí misma, al igual que Santa Rosa. Resulta difícil incorporar a la primera línea de la actualidad esos ecosistemas. Más que nada porque creo que, en general, en Córdoba se vive y se deja vivir. Es un sitio muy desideologizado. No hay un nacionalismo, una identidad colectiva más allá del hecho de vivir juntos. Y eso es bueno, nos hace más libres.

"El pregón tiene el reto de contar lo mismo de otra manera, desde otro punto de vista"

-Sí que se dice que Córdoba es una ciudad conservadora.

-No estoy del todo de acuerdo. Es una ciudad complicada, pero en Córdoba se han permitido cosas y ciertas heterodoxias que en otros lugares no hubieran sido posible. La literatura, por ejemplo, ha disfrutado de unas heterodoxias que no se han aceptado en otros sitios con un componente cultural fuerte. Quizá ahora pensando que es una ciudad que ha crecido muy rápido, creo que es más abierta, no hay un núcleo de cordobeses de tradición de apellidos, sino que pasa como en Madrid o en otros sitios. No creo que sea conservadora; lo puede ser en ciertos ámbitos, pero es que en el sur en general concurren cosas un poco dicotómicas. Me contaba siempre un amigo hablando de La Rambla o Montalbán que, después del Jueves Santo, las chicas de mantilla se iban a la discoteca vestidas así. Todo eso hace que en la ciudad pueda convivir lo pagano y lo sacro. Eso García Baena lo supo contar bien. Él tenía una idea muy clara de que existe la admiración a los Dolores, pero al mismo tiempo eso quizá no tenga que ver con la creencia en Dios, al igual que la Semana Santa. Eso lo hace una ciudad más compleja y no tan conservadora.

-¿Cómo va a ser el pregón?

-Tiene el pregón el reto de contar lo mismo de otra manera. En la literatura hay temáticas muy marcadas pero, por ejemplo, sobre los celos se puede escribir una novela rosa o se puede escribir Otelo. Es más una cuestión de punto de vista, contar las cosas desde otro punto de vista. Cuando el hallazgo expresivo se repite mucho se convierte una un rémora, se convierte en retórica, empieza a no decir nada. Creo que tengo que contar otras cosas desde otro punto de vista.

-¿Nos estamos cargando Córdoba con tantas fiestas?

-No tanto por las fiestas sino por el modelo turístico, que creo que se ha sobredimensionado y hay que combatirlo. En España se respeta relativamente mal el descanso de los demás, habría que ajustar más los horarios, especialmente las Cruces, que es la fiesta más callejera que hay y la más interesante.

"García Baena no quiso ser el padre de todos por eso creo que no hay sucesión; todos debemos aportar"

-¿Habría que dar más protagonismo a la cultura en ese nuevo modelo turístico?

-Creo que en general en Córdoba la cultura tiene un papel más preponderante que en otras ciudades. Supongo que la cultura debe salir de ese estado de confort, de ese formato de pequeñas presentaciones. Debe enfrentarse a la cultura contemporánea y al gran público. La cultura debe hacer una mirada crítica y tender a la fiesta; debe pensar más sobre la fiesta e interpretarla, especialmente por el nudo de emociones que hay.

-¿Qué fue de ese espíritu de la Capitalidad?

-Se montó una burbuja. Había un sustrato cultural interesante en la ciudad, gente que hace cosas, que trasciende las fronteras de la ciudad. Sobre ese sustrato se montó una burbuja de elementos protoempresariales, de eventos, de muchas cosas que a veces no tenían nada que ver con la cultura ni con la realidad de la ciudad. Fue un poco como la película Bienvenido Míster Marshall. En San Sebastián, que fue la ciudad que nos ganó, en 1956 unos empresarios privados decidieron que para promocionar la ciudad iban a pagar un festival de cine. El componente privado, por tanto, es muy importante, pero con cabeza. Nosotros creamos una burbuja que se montó con eventos, instalaciones y se nos vio abajo. Volvimos a estar en la cultura los mismos que estábamos en el año 2000. Todo el mundo se fue: los gestores culturales, las empresas de eventos. Recuerdo el día siguiente de la capitalidad, que quedé con Paco Gálvez y me dijo que no tenía ninguna importancia. Para la cultura no supuso nada -ni los escritores escribimos mejor ni peor ni los pintores pintan mejor ni peor- pero para la ciudad fue una decepción mayúscula.

-¿Está escribiendo algo?

-Para mí escribir debe suponer contar algo que es significativo para ti y respetar el lenguaje, las reglas, los códigos de la literatura. Eso implica mucha constancia y aguantar y esperar, no pasa de la noche a la mañana. Publiqué mi último libro en 2015 y ahora estoy a la mitad del trabajo de mi siguiente obra.

-En enero se nos fue Pablo García Baena, ¿quién cree que puede ser su sucesor en el mundo de la poesía?

-En Córdoba hay muy buenos poetas. Paco Gálvez, Juana Castro, José Luis Amaro, Manuel Gahete. Hay una cosa muy buena que hizo Pablo. Él vivió muchos años en Málaga y cuando volvió podría haber vuelto como el gran sacerdote de la cultura y convertirse en una especie de semidios al que todo el mundo peregrinamos. Pero no quiso ser el padre de todos y eso está bien. Ha habido momentos en el que el mayor se convierte en el padre de todos y cuando muere hay una pelea de cachorros para ver quién es el jefe de la manada. La poesía en Córdoba hace mucho tiempo que decidió que aquí no iba a haber jefes de manada y creo que eso es bueno. Hay una cosa que está escrita. Pablo no quiso ser el padre de todos nosotros, ni nosotros hubiésemos estado dispuestos a asumir un padre. Cuando los nuevos poetas nos incorporábamos a los libros nos preguntaban: "tú eres hijo de..." Y siempre decíamos lo mismo: respetamos a Pablo, respetamos a Cántico, pero tanto como a la poesía inglesa del XIX o la braslieña del siglo XX. Y no es que estuviéramos matando al padre, sino elevando la figura de Cántico a que no sean sólo nuestros padres provinciales, sino que sean referentes junto a los grandes de la literatura. Por eso creo que no hay sucesión; todos estamos en la obligación de mantener la escritura y la poesía en Córdoba.

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