Que San Pedro te dé el merecido Cervantes

Te has ido sin el Cervantes. Ese premio que no llegaba nunca, pero que te merecías de sobra. Sinceramente, hasta ayer mismo cada vez que anunciaban al ganador siempre esperaba escuchar tu nombre e, incluso, llegué a aprenderme la cadencia anual entre los escritores de Latinoamérica y España. Un año para ellos, otro para nosotros. Es más, cuando en 2008 te llevaste el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamérica me entusiasmé y dije: el próximo Cervantes para Pablo. Pero nada. Te has ido en una fría y rara tarde de domingo y sin el Cervantes. El único de los grandes galardones de la literatura que se te resistió en vida.

Pablo, no sé quién entró en la vida de quién, pero siempre estabas dispuesto y siempre tenías buenas y correctas palabras para mí. Me despedí de ti el día de Navidad sin saber que no iba a volver a verte pasear por la calleja Barqueros, ni por nuestro barrio de San Miguel, en alguna que otra misa matutina de verano en San Pablo o descubrirte paseando en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud, donde reposarán tus cenizas, el día de Todos los Santos. Así, sin más. Mientras esperábamos a que llegaran todos y los más pequeños de la familia te saludaban conscientes de quien eras -no se te olvidaba el nombre de ninguno de ellos- te pregunté por el futuro libro que ibas a escribir, tal y como anunciaste en la Facultad de Filosofía y Letras el día de tu investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Córdoba. Me volviste a decir que ya veías muy poco y que eso de escribir un libro dejando las ideas o los versos en una grabadora, como que no, que no era lo mismo. Copa de vino en la mano, nada hacía presagiar que te irías y que ya no volverás a ocupar tu silla cada 25 de diciembre en el Círculo de la Amistad con el resto de tu gran y bondadosa familia, que ya te echa de menos y que ha recibido las condolencias de tantas personas que cuesta empezar a enumerarlas. Todos ellos han aguantado el tipo; todos y cada uno de ellos.

Sabes, Pablo, no fui consciente realmente de tu relevancia para el mundo de la poesía hasta llegar a Córdoba hace ya más de tres lustros. Y, desde entonces, te seguí y me interesé por tu obra, de la que me dejaste formar parte, de alguna forma, con la transcripción de algún que otro poema inédito; qué honor fue. Por eso y por todo lo que diste, hiciste y creaste -no hay tiempo ni extensión suficiente para darle cabida en unas líneas-, supongo que San Pedro te habrá dado al final el Cervantes en el cielo. Por fin. Descansa en paz.

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