Nadando en Lagos

Portugal es uno de los destinos más elegidos por los turistas andaluces, ya que es una buena oportunidad para conocer un país extranjero sin que por ello haya que gastarse el dinero en un vuelo, existiendo incluso la posibilidad de ir en coche. Así lo hizo Manoli Pino, estudiante de la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba, quien viajó junto a unos compañeros de clase a Lagos, uno de los pueblos con mas actividad turística de Portugal.

Lo primero que recuerda Manoli es la mala suerte que tuvieron con la fecha elegida para realizar el viaje: "Planeamos estar en Lagos entre el 16 y el 19 de junio, lo que coincidió con la huelga de transportes. Antes de salir llenamos los depósitos de los coches al máximo, temiendo que en las estaciones de servicio no hubiese gasolina para repostar. Pese a esto, no tuvimos ningún problema para desplazarnos".

Según la cordobesa, el trato recibido en el lugar donde se hospedaron fue inmejorable, tanto por parte del servicio como de los otros turistas. Además, las instalaciones de las que disponía el complejo hostelero eran, según Manoli, inmejorables. La estudiante cuenta que "el complejo tenía piscina, zonas verdes, barbacoa, e incluso un estanque con peces de colores. Durante los días que estuvimos hospedados, hicimos uso de todo, e incluso pasamos un día entero disfrutando de la barbacoa nosotros solos".

Para Manoli, el mayor atractivo turístico de Lagos es la playa, de la que se encontraban "a tan sólo cinco minuto" del complejo hostelero, y destaca lo cuidada que está la costa en este lugar: "Cuando llegamos por primera vez a la playa nos quedamos boquiabiertos. La arena era muy fina y el agua estaba cristalina. No tenía nada que envidiar a las paradisiacas playas del Caribe.

La estudiante de arte dramático reconoce que el propósito de viajar hasta este pueblo de la costa lusa era el de "pasar los días tumbados en la playa y descansar al máximo", por lo que no se preocuparon de visitar los distintos museos y monumentos de Lagos. Sin embargo, realizaron una excursión para conocer los acantilados que existían a lo largo de la costa: "Nos propusieron llevarnos en una lancha motora a conocer la ruta de los acantilados. Por un precio bastante bajo nos dieron un paseo muy largo, y nos enseñaron las formaciones rocosas más espectaculares que pueden verse en los alrededores de la playa. Nos explicaban su origen y el por qué de su formación. La verdad es que fue uno de los mejores momentos del viaje, ya que pudimos disfrutar de algunos de los mejores paisajes de Portugal".

Como en todo viaje de estudios que se precie, Manoli y sus compañeros de clase no podían marcharse de Lagos sin conocer la fiesta nocturna. Según ésta, "por la noche, la marcha se encontraba en el centro del pueblo. Nos llamó muchísimo la atención que, a diferencia de España, los portugueses no utilizan la playa por la noche para estar de fiesta, a nadie le interesa eso porque prefieren ir a las discotecas". Lo que más critica la cordobesa es el exceso de turistas extranjeros que viajan hasta este pueblo portugués solo para emborracharse e intentar ligar: "Una de las noches que salimos de fiesta, tuvimos que volvernos más temprano de lo que hubiésemos querido, porque un grupo de turistas ingleses se dedicaron a molestarnos durante un largo rato. Estaban demasiado bebidos, y aquello ya no era divertido".

Pese a estos pequeños problemas, Manoli se trae muchos bonitos recuerdos de Lagos, de los que destaca el día en que encontraron una cala prácticamente sin explotar: "Un día decidimos aventurarnos a conocer otras playas cercanas y, casi sin darnos cuenta, dimos con una pequeña cala a la que parecía que no había ido nadie en mucho tiempo. Pasamos el día allí y no llegó nadie, por lo que estuvimos muy tranquilos. En España, hoy en día, es casi imposible encontrar este tipo de playas".

Manoli recuerda, aún con asombro, la fuerza con la que el caso Madeleine había impactado en la sociedad portuguesa. Según cuenta la estudiante, "por todos los rincones de Lagos podían encontrarse carteles y fotos de la niña, y las librerías y kioscos estaban repletos de libros y revistas relacionadas con la desaparición". Pese a esto, Manoli se llevó muy buena impresión de los portugueses: "fuimos a bares de allí para ver los partidos de la Eurocopa, y los portugueses no paraban de bromear mientras jugaba la selección española".

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