El Montilla-Moriles riega el arranque de las fiestas

  • Comienzan las grandes celebraciones de la ciudad con la muestra de caldos de la explanada de la Diputación donde se concentran casi 30 bodegas y una decena de restaurantes

Cuando aún restan más de diez días para que el mes de mayo comience, Córdoba adelanta el calendario ante las ganas de adentrarse de lleno en su época más festiva. Fue la actriz Susana Córdoba quien abrió el Mayo Festivo el pasado martes para dar inicio así a unas semanas en las que la ciudad se vuelve más Córdoba que nunca y se transforma para enseñar al turista y al paisano lo que aquí significa el quinto mes del año. Y si la conocida actriz dio el pistoletazo de salida, ayer le tomó el pulso la primera gran fiesta de mayo, la Cata del Vino Montilla-Moriles, que este año celebra su edición número 34.

La explanada de la Diputación vivió ayer una festiva jornada que durante estos días se intensificará con la llegada de los más jóvenes, esos que hacen largas colas para degustar los caldos de la única denominación de origen de vino de la provincia. Eso sí, la primera de las jornadas sirve, casi siempre, para la recepción de las autoridades y el arranque de motor de las bodegas y restaurantes que conforman el programa y que este año ascienden a 39 empresas (29 bodegas y diez negocios de comida).

Si el año pasado el inicio de la Cata estuvo pasado por agua, esta edición ha ocurrido todo lo contrario. El buen tiempo acompañará a la primera fiesta del Mayo Festivo como lo hiciera ayer con las primeras colas a eso de las 13:30, mientras el sol pegaba con fuerza dejando temperaturas de más de 30 grados. En esa situación se encontraban algunos grupos de amigos que a la sombra del único árbol situado frente a las carpas de la fiesta aguardaban el corte de cinta que cada año protagonizan las autoridades para que el vino comience a correr y la copa permanezca vacía el mínimo tiempo posible.

Lejos queda atrás la polémica de la pasada edición en la que se decidió sustituir el tradicional catavinos por otro algo más ancho que tiraba más a copa. Este año parece que nadie se acuerda de las críticas al continente porque lo importante en esta fiesta es el contenido, los caldos de la denominación de origen Montilla-Moriles que como apuntó durante la inauguración el presidente del consejo regulador, Javier Martín, darán "la mejor Cata de la historia". La importancia del vino vendrá precedida además de un nuevo sistema de reserva y fichado consistente en una tarjeta (tipo bonobús) que puede ser recargada tantas veces como se desee. Y para evitar las colas, que el año pasado llegaron al ambulatorio de avenida de América, también se puede reservar a través de internet.

La Cata, además, es una de las fiestas del Mayo Festivo que más bebe de la provincia, con la presencia de numerosas bodegas del marco de la DO como Pérez Barquero, Robles, Jesús Nazareno, Cooperativa La Aurora o Lagar de Hoyos. Y como el vino siempre es mejor beberlo en compañía, el recinto de la Cata vuelve a aglutinar a varios restaurantes donde no faltan los productos típicos cordobeses, además del marisco. Taberna La Montillana, La Salmoreteca, El Poema o La Bodeguilla son algunos de los restaurantes que traspasan parte de su servicio durante estos días a la explanada del Palacio de la Merced.

Fue la consejera de Agricultura de la Junta, Carmen Ortiz, quien recalcó en medio del ir y venir de catavinos que la Cata es un "inmejorable espacio de difusión de las cualidades y las posibilidades en el ámbito de la restauración y la gastronomía de los vinos que ampara la denominación del mismo nombre". En el mismo sentido habló la delegada de la Junta, Rafaela Crespín, para dejar claro que en Córdoba "tenemos un producto que no tiene competencia en otros sitios del mundo o mercados".

Hasta el domingo podrá disfrutarse de esta Cata del Vino Montilla-Moriles con el precio de ocho euros por cinco degustaciones y una copa. Habrá que disfrutar lo antes posible porque a la vuelta de la esquina están las Cruces, los Patios y la Feria con Seven-Up bajo el brazo para convertir el vino en rebujito.

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