La Lotería deja en Córdoba cerca de tres millones que se compraron fuera

  • La suerte llegó en forma de quintos premios que se adquirieron en Barcelona y Salamanca y que se celebraron en la barriada de Cañero, Montemayor, La Rambla, Palma del Río, Fernán Núñez y Cañete

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La Lotería de Navidad ha repartido suerte en Córdoba, pero de rebote. La capital y los pueblos se repartieron ayer cerca de tres millones de euros. El sorteo navideño dejó en la capital y en los municipios un décimo premiado con el Gordo y unos 450 más de tres quintos premios que se compraron fuera. En concreto, los boletos del Gordo los adquirió una vecina de la capital en una aldea de Jaén, mientras que los tres quintos premios se compraron en Salamanca y Barcelona y se volvieron a vender en la provincia.

Los pellizcos en forma de décimos premiados con 5.000 euros cada uno llegaron a la barriada cordobesa de Cañero, a un supermercado de la avenida Manolete de la capital y a las localidades de Montemayor, La Rambla, Palma del Río, Espejo y Cañete de las Torres. La culpa la han tenido Carmen Sánchez, de Montemayor, (que compró 300 décimos del 58.616 en Hospitalet de Llobregat), el propietario de la Carnicería Bernardino, de Palma del Río (que se trajo 150 décimos del 29.127 de un viaje a Salamanca) y Juan Salado, de Fernán Núñez, que ha repartido en su bar otros diez décimos con un quinto premio.

Córdoba. Antonio Villar, un comercial de Embutidos Cordón, fue el que salvó los trastos de la suerte en Córdoba, ya que repartió unos 60 décimos premiados con 5.000 euros cada uno en Ultramarinos Andrés, un comercio de toda la vida situado en la calle Hermano San Juan de Dios en el barrio de Cañero y otros diez en un supermercado de la avenida de Manolete. El propietario de los ultramarinos de Cañero, Andrés Olleros, no dejó ayer de trabajar ni un minuto mientras contaba una y otra vez su historia. Fue su hijo, también Andrés, quien bajó corriendo a la tienda para decirle que les habían tocado 5.000 euros, que lo acababa de escuchar en la radio. "Está muy repartido por toda la gente del barrio", estallaron, entre el lógico alboroto de ayer. El boleto ya "se lo he dado a mi mujer, que seguro que ya lo tiene colocado". "Está ya está gastado", confirmó la señora, Adela Lara. "Lo que nosotros tenemos no son agujeros, son socavones", bromeó la esposa, haciendo alusión a que "poco" se puede hacer con la cantidad que les ha tocado. Son 5.000 euros, pero algo es algo.

Antonio Villar, un comercial de congelados de Embutidos Cordón de Cañete, trajo los décimos a través de una lotera de Montemayor, quien le suministra los boletos "porque somos amigos". No era de extrañar que, cuando Villar entró por la puerta de Ultramarinos Andrés "las mujeres me comieran". Villar, al que desde ayer llaman "el viajante de la suerte" o "el hombre del flamenquín de oro", se enteró del premio por un amigo y cuando llegó a repartir al comercio de Cañero. Las botellas de champán comenzaron a salir y aunque "esto no nos va a quitar de trabajar", todos tenían la ilusión del momento, sobre todo porque son los únicos de la capital a los que la suerte, al menos, les ha rozado.

Loli Gómez es una fiel clienta de Ultramarinos Andrés, pero fue su marido quien le dio la buena noticia. "Me ha llamado desde el trabajo -es un empleado de una carpintería metálica- y me ha dicho que nos había tocado porque llevaba el número apuntado en el móvil". Tal fue la emoción que el hombre dejó su puesto sin ni siquiera avisar a su jefe y corrió a celebrarlo con la familia. Este matrimonio vive en la calle Alonso Gómez Figueroa y el dinero les ha venido bastante bien "para tapar agujerillos", como uno de los gasto más recientes a los que han tenido que hacer frente, la ortodoncia de uno de sus hijos. Poco a poco, los vecinos de Cañero se fueron enterando de la noticia, pues el rumor se extendió como la pólvora y a algunos le sorprendió preparando la comida. "Vino mi hermana a decírmelo, porque estaba en la calle y se lo dijo una vecina, pero yo no me lo creía y fui a la tienda a confirmarlo", contó otra de las agraciadas.

Montemayor. La lotera Carmen Sánchez es la responsable del 66% de la suerte en forma de quintos premios que ayer bañó a la provincia. Esta montemayorense es la que desde hace décadas compra "un número fijo" en Hospitalet de Llobregat: el 58.616. Hasta hace dos años, siempre se lo vendía a la peña flamenca de Montemayor, pero en 2006 "me lo rechazaron y desde entonces lo vendo yo". Este año compró 300 billetes, o sea, 1,5 millones de euros. La mitad se los pasó al comercial Antonio Villar, el del "flamenquín de oro", y la otra mitad lo ha vendido en su bar de Montemayor (el Rincón de Carmen), en el mercadillo de La Rambla y también en el del Arenal de Córdoba.

En Montemayor, además de unos 20 décimos en el Rincón de Carmen -donde la fiesta y el champán corrieron como la pólvora hasta bien entrada la tarde- esta lotera veterana repartió otra docena de billetes que ahora valen 5.000 euros en la sucursal de la Caja Rural. Allí, ayer sus clientes no sólo fueron a pasar, sino que muchos cobraron.

Palma del Río. A la capital de la Vega del Guadalquivir la suerte llegó por dos vías distintas. Por un lado, el viajante de la suerte -el famoso Antonio Villar- vendió seis billetes de su 58.616. Sin embargo, lo gordo lo trajo el propietario de la Carnicería Bernardino en un viaje que realizó en verano a Salamanca, donde compró para él, para su clientela y para todo el autobús de turistas palmeños que lo acompañaba 150 décimos del 29.127. Estos billetitos se han transformado ahora en un cheque de 5.000 euros cada uno, que sumados hacen unos 750.000 euros.

Juan Miguel Acosta, el hijo de Bernardino, apenas si tenía tiempo entre brindis de champán de contar la cantidad de dinero y lo repartido que ha estado el premio que casi sin querer se trajo su padre de la administración número 14 de Salamanca. "Fue en un viaje de placer que hacen todos los amigos. El 31 de agosto se juntaron y se fueron a Salamanca" y de paso le trajeron 5.000 euros por décimo a decenas de vecinos de Palma del Río. "Ha estado muy repartido entre la clientela y además a nuestra familia le ha tocado a todos", expresaba Juan Miguel, entre un jaleo ensordecedor.

La Rambla. "El Sardina tiene la culpa", explica una mujer mientras exhibe su décimo: el 58.616 y 5.000 euros. El Sardina es Antonio Pedro Gamero, propietario de la pescadería Servimar de la calle Rabadanes de La Rambla y una de las víctimas del viajante de la suerte, Antonio Villar, que es su suministrador de congelados. "Aquí las mujeres se han vuelto locas", intentaba explicar Antonio Pedro, entre el tumulto y agarrado al teléfono. El viajante de la suerte le vendió unos 60 décimos y él hizo lo mismo con su clientela más habitual, que perdió la cabeza, compró champán y hasta llegó a cortar la calle en un alarde de euforia de premiados. Sin embargo, no fueron los únicos afortundados del pueblo, ya que la lotera de Montemayor también acudió a vender al mercadillo rambleño. Su único problema ayer fue que no tenían un punto concreto en el que reunirse y celebrarlo, aunque muchos optaron por acudir a la pescadería Servimar aunque no hubieran comprado allí su suerte.

Cañete de las Torres. En la fábrica de Embutidos Cordón fue donde Antonio Villar recibió el calificativo de "el viajante de la suerte". Sus compañeros de trabajo lo quieren desde ayer un poco más, después de soltarles 125.000 euros aproximadamente en forma de unos 25 billetes premiados, según aseguraba Giusepe, un trabajador de administración de Embutidos Cordón que a última hora de la mañana todavía buscaba a afortunados entre sus compañeros de trabajo.

Mientras tanto, el viajante de la suerte, el hombre del flamenquín de oro, continuaba con su infatigable jornada laboral. A última hora de ayer y después de "miles de llamadas al móvil", todavía era posible localizarlo por Montoro, repartiendo congelados y calculando la cantidad de millones (de las antiguas pesetas) que había repartido. "Hay que seguir haciendo la ruta", explicaba en uno de sus días más felices, "porque apenas si me han tocado 10.000 euros", algo que evidentemente no lo va a sacar de la carretera.

Espejo. En la ruta del viajante de la suerte también estaba Espejo. En el supermercado Covirán de la calle San Sebastián, el hombre del flamenquín de oro vendió otros 20 décimos, que a 5.000 euros cada uno hace un total de 100.000 euros. El premio se quedó principalmente entre los trabajadores de este supermercado y algunos de sus clientes que desde ayer son un poco más afortunados.

Fernán Núñez. Muy cerca de dónde hace cuatro años tocaron seis millones de euros en un sorteo de La Primitiva tiene el bar Juan Salado, de Fernán Núñez, que se está acostumbrando a tratar con agraciados en los sorteos. Ayer repartió 50.000 euros entre su clientela, algunos funcionarios del Ayuntamiento y otros profesionales de la zona de la Puerta de la Villa del municipio fernannuñense, gracias a un quinto premio. Salado, alegre y rodeado por algunos de los diez afortunados, se lamentaba porque "yo no me he quedado con ninguno", pero se mostraba feliz por haber ayudado de esta forma a al menos diez vecinos.

Sin embargo, y pese a tanta suerte, los cordobeses han perdido mucho más de lo invertido en el sorteo de la Lotería de Navidad. Los pírricos cerca de tres millones de euros que sopló el calvo de la Navidad sobre Córdoba y parte de su provincia se quedan muy lejos de los 38 millones de euros que se han gastado los cordobeses. Por desgracia, siempre habrá más perdedores que ganadores en estos días.

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