"Llevan dos meses engañándome"

  • Francisca Rodríguez reconoce el esfuerzo de la alcaldesa para ayudarle, pero advierte de que elevará su situación al presidente Zapatero "si hace falta"

Lo único que cambió ayer es que Francisca Rodríguez estaba más arropada que hacía sólo 24 horas, cuando apenas si contaba con el apoyo de su padre, Ángel, y algunos de sus vecinos. Para el día del derribo llegaron su marido y sus hijos, procedentes de Barcelona, su hermano y sus sobrinos. Todos hicieron piña en un último esfuerzo por detener una sentencia judicial que ordenaba la demolición de su casa con carácter inmediato. La propietaria de esta vivienda del Cerro de San Cristóbal seguía con lágrimas en los ojos y la voz se convertía en ocasiones en un mero balbuceo. Ya era consciente de que sus cuatro paredes correrían la peor de las suertes, pero aún así luchaba con todas sus fuerzas -ya muy gastadas por el cansancio de los últimos días que había acumulado- para evitar que la retroexcavadora llegara hasta su vivienda para cumplir con la orden ratificada por un juez.

Acompañada siempre por alguna de sus hijas y con el apoyo de las dos psicólogas que le había asignado el Ayuntamiento, Francisca se dirigió una y otra vez a los agentes de Policía Local para que retrasaran el derribo. Aludió sin éxito a una presunta conversación que mantuvo con el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, en la que éste se comprometía a retrasar la demolición de su inmueble. "Por favor, no toquéis nada, que el Defensor del Pueblo Andaluz me va a ayudar", señaló la parcelista.

Pero apenas había pasado una hora desde la llegada de la Policía Local cuando empezaron los empleados de una empresa de transportes empezaron a retirar las cajas cargadas con los objetos personales de la familia de Francisca. En ese momento, Ángel, su hermano, se dirigió con vehemencia a un empleado municipal para decirle que "todo ha sido un engaño" y que "nadie ha respetado lo que nos habían prometido". Francisca, mientras tanto, dijo que llevaba "dos meses de engaños".

Sin nada más que hacer por evitar el derribo, la propietaria de este inmueble de la Sierra se marchó del lugar en dirección al vehículo que la acompañaría a un restaurante del entorno para tomar un café. Sin embargo, en el trayecto, Francisca se desmayó y tuvo que ser asistida por el servicio médico que se había desplazado al Cerro de San Cristóbal. Según las fuentes municipales consultadas, había sufrido una crisis de ansiedad motivada como consecuencia de la impotencia de no poder hacer nada ante lo inevitable.

Después de recuperarse de esta crisis de ansiedad, Francisca señaló que elevará su situación "si hace falta" al presidente del Gobierno central, José Luis Rodríguez Zapatero. "Yo he votado a Zapatero y él tiene que ayudarme a resolver el problema, porque tenían que haberme dejado, al menos, la planta baja", concluyó.

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